Discurso del Presidente Javier Milei en el evento “Ampliando las fronteras de la memoria: diálogo hemisférico sobre el Holocausto y la lucha contra el antisemitismo” en la Embajada Argentina en Estados Unidos

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Discurso del Presidente Javier Milei en el evento “Ampliando las fronteras de la memoria: diálogo hemisférico sobre el Holocausto y la lucha contra el antisemitismo”, organizado en el marco de la Presidencia argentina de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA), en la Embajada Argentina en Estados Unidos

Señor Enviado Especial de los Estados Unidos para monitorear y combatir el antisemitismo, Rabino Yehuda Kaploun; señor Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Pablo Quirno; señor Presidente de la IHRA, Marcelo Mindlin; miembros del cuerpo diplomático acreditado en Washington; autoridades de los gobiernos presentes, muy buenas tardes a todos.

Es un verdadero honor estar aquí, en Washington, para hablar de una causa que une profundamente a la Argentina y a los Estados Unidos. Pocas agendas expresan con tanta claridad los valores que compartimos, la defensa de la vida, de la libertad y de la verdad.

En junio, al inaugurar en Buenos Aires, el primer plenario de nuestra Presidencia, dije algo que quiero repetir hoy, porque es el corazón de lo que nos convoca: La IHRA es tan fuerte como la voluntad política de sus miembros; ningún organismo puede suplir lo que los Estados no están dispuestos a hacer por sí mismos. Estos eventos sirven precisamente para este fin, para recordar por qué nos reunimos en estos foros, para solidificar nuestra voluntad, para juntar nuestros recursos y para poder desde esa plataforma conjunta actuar.

Hace apenas una semana se cumplieron tres años del 7 de octubre del 2023. Ese día, la organización terrorista Hamas, aliada del régimen iraní, perpetró la mayor matanza de judíos desde el Holocausto. Más de 1.200 personas fueron asesinadas, entre ellos varios compatriotas nuestros, y 251 fueron tomados como rehenes, de los cuales 21 eran ciudadanos argentinos. Pero lo más grave no fue sólo el crimen, fue la reacción de buena parte del mundo. En lugar de una condena tajante, asistimos a muchos actos de incomodidad, de prematuros llamados al diálogo con el mal, de justificaciones a la barbarie y de condenas preventivas al legítimo derecho de defensa de la víctima, es decir, el Estado de Israel. Todos lo vimos y es imposible de negar.

Y no sólo eso, sino que vivimos una ola renovada de antisemitismo, un antisemitismo que no fue orgánico ni espontáneo, sino que fue azuzado como parte de la propia estrategia de los enemigos de Israel. En todas las democracias occidentales se activaron mecanismos latentes de propaganda, listos para apropiarse de uno de los odios más antiguos de la historia. Y todo para defender los planes de los enemigos de Occidente.

El mensaje que esparcieron fue claro: Israel debe bajar sus armas, debe olvidar a sus caídos, olvidar a sus secuestrados y resignar su propia defensa para cuidar la imagen de los judíos en el mundo. Muchos se plegaron a esta campaña por ignorancia, otros por cobardía moral. Pero demasiados se plegaron a sabiendas de qué era lo que estaba pasando y qué era lo que estaban haciendo. Sabían que estaban jugando para uno de los lados y quisieron ocultar esa decisión detrás de un humanitarismo hipócrita.

Por eso, el antisemitismo en este nuevo mundo, en esta nueva era de la guerra contra el terrorismo y el conflicto global, ya no es el viejo odio que era. Hoy el antisemitismo es un arma más en el arsenal de los enemigos del Estado judío y también de todo Occidente, un arma diseñada para sembrar desconfianza en la población, desconfianza en sus vecinos, en sus conciudadanos, en sus jefes y en sus Estados. Por eso no es nada más ni nada menos que un arma apuntada hacia nosotros como Estados soberanos. Y es también un arma diseñada para alienar, empequeñecer y marginar nuevamente a un judaísmo que desde Israel se opone con vehemencia a los ataques a nuestro modo de vida. Ese es el verdadero crimen del judío hoy, no podemos confundirnos. La verdadera razón por la que lo odian es porque abrazó a Occidente, porque formó un Estado, porque protege sus derechos y porque se niega a resignar estos ideales civilizatorios. Quieren hacer de él un ejemplo de qué pasa cuando alguien se opone a sus ideas barbáricas, pero no vamos a permitirlo.

Y como ya sostuve en otras ocasiones, hoy ese odio avanza de la mano de una alianza entre la izquierda radical y el terrorismo islamita. Y el hilo oculto que los une no es otro que el odio a la civilización occidental.

Por eso, el antisemitismo es el canario en la mina de la decadencia, es la primera señal de que algo más profundo está fallando. Si lo dejamos florecer es porque estamos resignando nuestros valores más profundos. Y cuando los valores caen, todo el resto le sigue con una velocidad insospechada.

Todo esto el Talmud lo explica con un juego de palabras. En hebreo, odio se dice siná y enseña que fue en el monte Sinaí, allí donde se recibieron los diez mandamientos, donde nació la siná, el odio como resistencia a los valores morales. Por lo tanto, combatir el antisemitismo no es solo defender a un pueblo, es defender la moral que es la base misma de nuestra civilización.

Y los argentinos conocemos de cerca los peligros de este mal. Sufrimos los atentados terroristas contra la Embajada de Israel en 1992 y contra la AMIA en 1994. Se cobraron 114 vidas y todavía hoy reclamamos justicia. Y por eso, hoy, en este foro, reafirmamos nuestro compromiso con nunca darle la espalda a nuestros ciudadanos, sean de origen que sean. No vamos a darle la espalda a aquellos que habiten nuestros suelos y quieran trabajar, emprender, y desarrollar sus vidas dentro de nuestra ley común.

No vamos a hacer oídos sordos ante quienes los amenacen, nos odien por ser quienes son o quieran imponernos acciones desde el terror. Por eso, mientras sea Presidente de la Nación en la Argentina, habrá tolerancia cero con el antisemitismo. Porque si bien este se escuda detrás de la libertad de expresión, detrás de él no hay otra cosa que una espada que cuelga sobre la cabeza de todas nuestras sociedades y no dejaremos jamás que caiga sobre nosotros.

Ahora bien, las palabras deben llevarse a la práctica y la Argentina predica con el ejemplo. Declaramos organizaciones terroristas a Hamás, a la Guardia Revolucionaria Iraní y a las Fuerzas Quds. Expulsamos de nuestro país al encargado de negocios del régimen iraní. Firmamos con Israel un memorándum para la defensa de la libertad y la democracia y el combate contra el terrorismo y el antisemitismo. Impulsamos los acuerdos de Isaac para llevar a América Latina al espíritu de los acuerdos de Abraham. Y nos convertimos en el primer país latinoamericano en presidir la IHRA. Tomamos estas decisiones porque eran las correctas y vamos a sostenerlas.

Pero esta lucha no sucede solo fronteras adentro. Hoy el arma del antisemitismo apunta contra toda nuestra región y busca apoyarse sobre quienes odian Occidente para esparcirse. Y quiero ser claro sobre por qué: Israel es el bastión de Occidente, es el muro de contención frente a quienes odian todo lo que somos. Si Israel cayera, luego vienen por todo Occidente.

Por eso, defender a Israel cobra dos dimensiones. La primera es que es una causa justa. Pero, además, para quien no lo entienda así, es también una cuestión de auto preservación. Porque el odio contra los valores occidentales no se detendrá en Israel. Lo que está en juego no es una disputa territorial ni una diferencia de opiniones. Lo que está en juego son los valores sobre los que se construyó nuestra civilización: los valores judeocristianos. La vida, la libertad y la propiedad, eso es lo que el odio antisemita viene a destruir. Y por eso cuando se libra una batalla entre el bien y el mal, entre la libertad y la opresión, entre la civilización y la barbarie, tomar partido no es una opción entre otras, es una obligación moral.

Por eso, este foro es una herramienta crucial. Debemos construir un escudo contra esta arma en nuestra contra. Sabemos lo que está en juego, no podemos fallar y no fallaremos.

Y, en esta lucha, no estamos solos. Gracias al liderazgo del Presidente Donald Trump, los Estados Unidos han vuelto a pararse con firmeza del lado de Israel y del pueblo judío. Y la Argentina se enorgullece de ser pionera junto a los Estados Unidos en llevar esta causa a todo nuestro continente.

Conseguimos la presidencia argentina de la IHRA más allá de un mandato de 12 meses. Creemos firmemente que es una oportunidad histórica para que América Latina tome partido de forma clara en esta disputa civilizatoria.

Quiero agradecer al Rabino Kaploun por su compromiso y por hacer posible este encuentro. Y agradezco al Canciller Pablo Quirno, a Marcelo Mindlin y a todo el equipo de la presidencia argentina de la IHRA por el enorme trabajo que vienen realizando.

Por lo tanto, la memoria no es solo un ejercicio sobre el pasado. Es una responsabilidad con el presente y una promesa con el futuro. Que Dios bendiga a la República Argentina. Que las fuerzas del cielo nos acompañen. Am Israel Jai. Muchas gracias a todos.

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