Discurso del Presidente Javier Milei tras recibir el “Reconocimiento al Liderazgo y al Impacto Global”, en la Gala Oficial del Mes de la Herencia Hispana, en Washington D.C.

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Discurso del Presidente Javier Milei tras recibir el “Reconocimiento al Liderazgo y al Impacto Global”, en la Gala Oficial del Mes de la Herencia Hispana, en Washington D.C.

Bueno, buenas noches, buenas noches a todos. Quiero saludar a las autoridades de Latino Wall Street y agradecerles por haber producido este evento. Saludo también a tantos queridos amigos que veo entre el público, compañeros de armas en esta eterna lucha por las ideas de la libertad. Qué bueno verlos acá, porque como bien saben el precio de la libertad es la eterna vigilancia y quiero hacer un agradecimiento especial por este reconocimiento al liderazgo y el impacto global en el marco de la herencia hispana, es un verdadero honor recibirlo.

Es un placer estar nuevamente en los Estados Unidos, hoy más que nunca la tierra de la libertad y compartir esta noche con cada uno de ustedes. Hoy me gustaría hablarles del cambio que está atravesando nuestra región, así como el mundo entero y el rol de la República Argentina en este contexto. Un aporte que espero contribuya a la consolidación de esta Latinoamérica libre que estamos construyendo.

Cuando asumimos el poder en 2023, heredamos un país al borde de una nueva hiperinflación, producto de una clase política irresponsable y populista. No perdimos un segundo aplicamos un verdadero shock de libertad para evitar la peor crisis de nuestra historia y volvimos al respeto por la vida, la libertad y la propiedad como cimientos de la reconstrucción nacional.

Pero no nos quedamos solo en lo económico, también dimos un giro de timón geopolítico y decidimos retornar a Occidente, de donde nos habían apartado gobiernos que hicieron causa común con las peores dictaduras de la región y del mundo. Nos alineamos con Israel y con los Estados Unidos para defender los valores judeo- cristianos que dieron vida a la civilización occidental. En una alianza histórica con el Presidente Trump, decidimos ser un faro de libertad para una región que vivió más de dos décadas bajo el yugo socialista.

En esta nueva era conviene recordar qué es lo que está en juego. El otro día escuché al Secretario Rubio decir, en una brillante alocución, que nuestra civilización occidental tiene un conjunto de valores, la creatividad, la propensión a la aventura y a la invención, la competencia y la búsqueda de la excelencia y todo eso descansa sobre un cimiento que los liberales conocemos bien: “la defensa de la vida, la libertad y la propiedad”. En ese espíritu fáustico que nos empuja constantemente a poner a prueba los límites de lo posible.

Sin embargo, todos estos valores fueron socavados por la enfermedad izquierdista que azotó a nuestro continente durante décadas. Una enfermedad del alma que impulsó a gran parte de nuestros pueblos hacia la envidia, hacia nivelar para abajo, hacia el resentimiento hacia la normalización y justificación del delito. En resumen, nos condujeron a la lógica marxista de opresor/oprimido que terminó en un trato desigual ante la ley y corrompió la esencia misma de Occidente. En el caso de Argentina políticos oportunistas utilizaron estas ideas para destruir nuestra economía y nuestra sociedad, para beneficios de ellos y sus cómplices, hundiéndonos en un atraso del que recién hemos comenzado a recuperarnos. El camino es arduo y conlleva un importante esfuerzo, pero la mayoría silenciosa entendió la necesidad del cambio y lo convalidó dos veces en las urnas.

Esto fue crucial porque estábamos cerca de que la cortina de hierro terminara de cerrarse por completo sobre nuestras cabezas. El populismo deteriora la economía, sí, pero también corrompe y se apropia de todas las funciones institucionales. Hasta quienes se oponen a su tiranía quedan completamente indefensos. Esto ya ocurrió en Cuba y en Venezuela, que quedaron por tantos años bajo el control de cruentas dictaduras comunistas. Por fortuna y por la acción preclara del gobierno del Presidente Trump, Venezuela está volviendo a recorrer el sendero hacia Occidente y la democracia, mientras que la dictadura cubana se remueve intranquila ante un Estados Unidos que entiende bien en qué consiste el régimen que tiene frente a sus costas.

Y esto es solo una muestra de los vientos de cambio que soplan cada vez más fuertes en Latinoamérica. País tras país, los pueblos empobrecidos por el populismo se van deshaciendo de la tiranía socialista en las urnas. Desde nuestro Gobierno hemos apoyado sin miramiento a todos aquellos que se han alineado con las ideas de la libertad en toda Latinoamérica y los resultados han sido contundentes. En el 2023 echamos al socialismo de Argentina y luego reeligió Daniel Novoa en Ecuador, ganó Rodrigo Paz en Bolivia, Nasry Asfura en Honduras, José Antonio Kast en Chile, Keiko Fujimori en Perú y Abelardo de la Espriella en Colombia y ahora mi querido amigo Flavio Bolsonaro que, con las fuerzas del cielo de su lado, estoy seguro de que dentro de pocos días se impondrá nuevamente ante el dictador comunista Lula Da Silva, padre del foro de San Pablo junto al siniestro Fidel Castro.

Todos estos son grandes líderes, con los cuales estamos fortaleciendo nuestros lazos de amistad y trabajando a la par. Quiero aprovechar esta ocasión para saludar a Eduardo, hermano de Flavio, aquí presente con nosotros y enviar un mensaje de afecto y apoyo tanto a Flavio como a su padre, mi amigo el Presidente Jair Bolsonaro, quien continúa injusta y vengativamente encarcelado. Saludos, Jair querido.

Y así el mapa se tiñe de azul de la libertad, mientras el nefasto foro de San Pablo, que le costó décadas de crecimiento a la región con su negativa al ALCA, sigue perdiendo asientos, al punto que actualmente en un diálogo en camino a convertirse en un monólogo. Digo esto porque está a punto de asestarse el golpe mortal contra el socialismo latinoamericano. El socialismo, que se encuentra en franca retirada tras el contundente accionar de los Estados Unidos en el derrocamiento del tirano Nicolás Maduro, heredero de Hugo Chávez. Ambos son responsables del exilio de millones de venezolanos, una de las peores tragedias humanitarias de la historia de nuestro continente.

Por eso es el deber de todos los presidentes latinoamericanos conformar, junto al Presidente Trump, un verdadero escudo contra el socialismo, para proteger el derecho a la vida, la libertad y la propiedad en todo el continente americano. Y por eso también es tan importante, no solo para los Estados Unidos, sino para Occidente entero, que el rumbo del Presidente Trump salga fortalecido en las elecciones de noviembre. No podemos ceder un milímetro en nuestra reconquista del hemisferio.

Yo creo que las ideas de la libertad tienen un efecto contagio, fundamentalmente porque son ideas justas, y porque son verdad: la verdad tarde o temprano triunfa. Por eso he llevado esta prédica por todos los países de la región y quiero decirles a todos los hombres del mundo libre que siempre contarán conmigo para decir la verdad, para hablar en contra de las mentiras del comunismo, y para defender las ideas de la libertad. Pero ganar es tan solo el primer paso, ahora tenemos el mandato de hacer el continente americano grande otra vez, de volver a poner en lo más alto nuestra herencia cultural y la forma para hacerlo es aplicando las ideas de la libertad y trabajando juntos para expandirlas por todos los rincones de nuestro continente. Separados somos débiles pero juntos somos fuertes. Como ya he dicho en otras ocasiones al mal organizado se lo vence con el bien organizado.

Como dato curioso, una coincidencia histórica: en este mismo edificio en 1949, las naciones libres de Occidente se unieron para frenar el avance del comunismo. El Presidente Truman dijo ese día que los unía una herencia común de democracia, libertad individual y estado de derecho. 77 años después las amenazas y los enemigos han cambiado, pero la necesidad imperiosa de proteger el legado de Occidente continúa.

Pero, así como Latinoamérica está virando en la dirección correcta, Europa debe hacer lo mismo si no quiere profundizar su declive. Tras décadas de sobrerregulación y el truismo suicida, el viejo continente está cerca del punto de no retorno y deberá decidir en el corto plazo si quiere seguir existiendo o desaparecer bajo la inmigración masiva, el estancamiento y el caos que promueven sus políticos. Vivimos en un mundo de inestabilidad creciente, de marcada incertidumbre, un mundo que no admite ambigüedades, que exige el posicionamiento claro de cada una de las naciones. Argentina sabe que puede ser grande, influyente, respetable y próspera. Y por eso estamos reconstruyendo el país sobre los valores liberales de nuestra Constitución.

En materia económica entendemos algo básico: cuando la propiedad está protegida y los contratos se cumplen, la iniciativa privada reúne y ordena el capital, el conocimiento y la tecnología necesarios para aprovechar al máximo los recursos críticos de nuestros países. Desde esta perspectiva ordenamos nuestras prioridades y nos abrimos al mundo con reglas claras y voluntad de intercambio. En ese sentido, nuestro primer instrumento concreto fue el RIGI, el régimen de incentivos a las grandes inversiones. Un esquema de beneficios impositivos y seguridad jurídica que ya ha rendido enormes frutos: más de 76.000 millones de dólares en proyectos aprobados y el equivalente a otros 132.000 millones en proyectos pendientes de aprobación. Tan solo por el volumen de inversiones aprobados en estos dos años ya se trata, indiscutiblemente, de la política de desarrollo más importante de nuestra historia y va a transformar la matriz productiva del país.

El futuro del continente ya se está construyendo en la Argentina que, año a año, aportará recursos, trabajo, innovación, para el nuevo siglo americano. Por eso quisiera detenerme un momento en este punto, porque es donde mejor se ve el cambio de época. Argentina siempre tuvo todo lo que el mundo necesita: energía, minerales, alimentos, y talento, pero durante décadas el populismo se encargó de tenerlo encerrado bajo llave con cepos, retenciones, controles de precios y reglas que cambiaban cada año. Hace apenas unos años, por ejemplo, Argentina tenía déficit energético crónico. Hoy gracias a haber cambiado el modelo económico tenemos superávit energético. Y a partir del 2027 vamos a exportar gas licuado a Europa.

En la Cordillera de los Andes, los proyectos de cobre que durante años quedaron bajo tierra por falta de reglas, están cobrando vida a un ritmo vertiginoso. Casi un 40% de los proyectos presentados al RIGI son de minería. Además, firmamos nuestra adhesión a Pax Silica para que las cadenas de suministro de occidente encuentren en la Argentina un proveedor confiable. A esto se le suma un agro que ya era el más competitivo del mundo y que lo es cada vez más, a medida que eliminamos las distorsiones e impuestos que los afectan. Y esta combinación de energía barata, cambio y economía abierta, hace florecer a la industria realmente competitiva. Hace poco aprobamos dentro del RIGI dos plantas de urea que transformaron el gas de Vaca Muerta en fertilizante y el fertilizante en más alimentos para el mundo. Incluso la próxima ola tecnológica tiene un lugar en nuestro país. Los centros de datos necesitan energía abundante, frío y espacio. Y la Patagonia tiene las tres cosas de sobra. Sin embargo, en mi país todavía hay economistas que dicen que, si uno toma las mediciones y le saca la energía, la minería y el agro, la economía argentina no crece. Es como decir que si a la selección le sacas a Messi, a Di María y al Dibu Martínez, no hubiéramos salido campeones del mundo.

Sí, así de estúpidos son, lamentablemente. Ese tipo de estúpidos tenemos como economistas en Argentina. Bueno, son con los colegas que lidié en mi vida anterior. Pero bueno, ahora los miro desde otro lado.

Pero resulta que los teníamos y salimos campeones. Y resulta que Argentina produce energía, minería y alimentos y la economía crece. Entonces nace la pregunta: ¿por qué crecen primero estos sectores? La respuesta ya la dio Joseph Schumpeter. Schumpeter explicó que el motor de crecimiento es la destrucción creativa, la innovación desplaza a los viejos modelos de negocio, a las viejas tecnologías y a los viejos mercados; en su lugar nacen otros mejores, actores más competitivos, más pujantes, que pagan mejores salarios se sostienen por sí mismos en el futuro. El protagonista de ese proceso es el emprendedor, aquel que se anima a hacer lo que nadie hizo antes. El emprendedor arriesga su capital, a veces falla y lo pierde todo; y a veces triunfa y cambia el mundo. Por eso los viejos actores que tienen más contactos, más dinero y más poder político, suelen oponerse a la competencia para cuidar sus negocios ya consolidados. Los nuevos solo tienen de su lado las reglas y el derecho de propiedad. Cuando esos principios se caen, una sociedad protegida se vuelve muy rápido una sociedad estancada.

En esta línea en 2025 el Premio Nobel de economía reconoció a Aghion y Howitt por demostrar que la destrucción creativa y el progreso tecnológico son condición indispensable para el crecimiento sostenido. Fíjense que es exactamente lo que describía el Secretario Rubio cuando hablaba de la creatividad, de la propensión a la aventura en economía. Ese espíritu tiene un nombre específico: se llama función empresarial. Este país es la prueba. Casi todas las empresas más valiosas del mundo nacieron en los últimos 50 años, la mayoría nació acá, en los Estados Unidos, precisamente porque es el país que más cuida el derecho y estos principios. Y ustedes también son parte de esa prueba, muchos de los aquí presentes son hijos o nietos de inmigrantes, que llegaron al país con poco más que sus ideas y sus ganas de trabajar. Eso es función empresarial en estado puro.

Y acá aparece una segunda cuestión. ¿Quién dice que merecen hacer y que no? Los liberales entendemos que lo decide el mercado. Como enseñó Hayek, el conocimiento para descubrir una oportunidad está dispersa en millones de personas y ninguna oficina pública puede reunirlo. Porque habría que ser Dios para hacerlo. Lo único que lo coordina es el sistema de precios. Cada vez que el Estado lo distorsiona con inflación, regulaciones e impuestos, apaga las señales que guían la innovación. El estatismo pretende quitarle esa decisión al mercado para dársela al político y como enseñó Bastiat, toda ley tiene un efecto inmediato que todos ven y otros que aparecen después y que nadie ve. El político se saca una foto en una fábrica protegida por un arancel, pero lo que nunca aparece en la foto son las empresas que no llegaron a nacer, los productos que nadie inventó y los salarios que nunca subieron. Y muchos de ustedes, o sus padres, o sus abuelos, también son parte de lo que no se ve, el talento que tuvo que escaparse para poder crecer.

Argentina es una de las grandes víctimas de este flagelo. Si Schumpeter habló de la destrucción creativa, la Argentina inventó la protección destructiva. Protegimos los viejos con aranceles, subsidios y privilegios, y destruimos lo nuevo con inflación, regulaciones, impuestos, antes que pudiera nacer. El resultado fue una industria incapaz de competir en el mundo.

Cuando una economía sale de este camino tortuoso y se abre, los precios se reacomodan y empiezan a enviar señales sin distorsiones. Así el capital y el trabajo empiezan a moverse hacia donde son más productivos y es lógico que algunas economías, actividades que crecieron a la sombra de la regulación, se achiquen. Mientras que las que antes pagaban los costos de dicha regulación, hoy se expanden. Y aun así, hay opositores que quieren tapar el sol con la mano. Primero negaban que la economía creciera; ahora reconocen que crece, pero dicen que crece a dos velocidades, una expresión muy curiosa dado que durante décadas nuestra economía se estancó a una sola velocidad y a ninguno le preocupaba.

Por eso nosotros tenemos claro nuestro camino y no nos dejamos amedrentar por opiniones de dudosa honestidad. Y vamos a seguir quitándoles trabas al sector privado para que pueda seguir expandiéndose. No por nada creamos el primer Ministerio de Desregulación de la historia para acelerar en este objetivo. Salir del populismo exige dos cosas: apagar el incendio y reconstruir las condiciones para crecer. Argentina estuvo llena de gobiernos que lograron lo primero por un tiempo y nunca lo segundo, mientras que nosotros hicimos las dos cosas. Eliminamos el déficit, avanzamos con cerca de 18.000 regulaciones, bajamos impuestos, sacamos al 25% de la población de la pobreza, bajamos la inflación del 211 al 30%. Y vamos a cerrar el mandato con un crecimiento acumulado de 16%, casi el triple de lo de los países de la OCDE.

Por eso, hoy podemos decir que la Argentina reúne todos los requerimientos para ser protagonista estratégico de occidente. Al ampliar su capacidad de abastecimiento, la Argentina ofrece a sus aliados más alternativas ante una crisis internacional, desde una posición de estabilidad y privacidad jurídica, es un aporte a la seguridad hemisférica y por eso enviamos al Congreso una Ley de Defensa de la Soberanía Nacional para proteger nuestros recursos e infraestructuras críticas. Buscamos que la Argentina sea, junto a Estados Unidos, un gran polo de futuro del continente.

Por eso quisiera finalizar dirigiéndome a todos los latinos aquí presentes, que han prosperado en el exterior, llegando incluso a alcanzar considerable éxito gracias a sus habilidades y esfuerzo. Se fueron de sus países para buscar mejores oportunidades afuera, y es perfectamente comprensible. Los argentinos lo hemos experimentado en carne propia con nuestros hijos y nietos emigrando a todas partes del mundo, en busca de lo que su Nación no podía darle. Es tan solo una parte del triste legado populista en Latinoamérica, pero sin duda la más dolorosa para quien haya padecido. Pero esto está cambiando, ahora se vienen las décadas americanas, se viene el Cono Sur, se viene la Argentina, se viene la región. Miremos al sur y hagamos a toda América grande nuevamente.

De hecho, cuando nosotros llegamos al poder el 70% de los chicos, de los jóvenes, querían dejar el país. Hoy, con mucho esfuerzo, hemos logrado bajar ese número al 25%, es decir que también estamos reconstruyendo el futuro con el regreso de nuestros jóvenes.

Por lo tanto, que Dios bendiga a la República Argentina, que Dios bendiga a los Estados Unidos, que Dios bendiga a occidente, que las fuerzas del cielo nos acompañen y viva la libertad carajo. Muchísimas gracias a todos.

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Discurso del Presidente Javier Milei tras recibir el “Reconocimiento al Liderazgo y al Impacto Global”, en la Gala Oficial del Mes de la Herencia Hispana, en Washington D.C.