Discurso del Presidente Javier Milei en Argentina Week de París 2026

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Buenos días a todos. Gracias a la OCDE y a Mathias Cormann por recibirnos en esta casa. Gracias a John Denton de la Cámara de Comercio Internacional, a Fatih Birol de la Agencia Internacional de Energía, a los gobernadores que nos acompañan que muestra que hacer a la Argentina grande nuevamente está por encima de cualquier bandería política y también a nuestro querido Canciller y el Embajador argentino en Francia, Ian Zielecki, por el trabajo que implicó hacer todo esto posible.

Y gracias a todos los empresarios aquí presentes y a todos los que nos están escuchando a la distancia. Es un honor para mí venir a contarles acerca de lo que estamos haciendo en nuestro país. Muchas veces tenemos que sufrir críticas por parte de una oposición malintencionada que vilipendia nuestra agenda internacional diciendo que no sirve para nada. Pero la realidad es que en cada viaje de esta índole siempre retornamos con anuncios de inversión de enorme magnitud, lo que da cuenta que nuestra agenda internacional es la más exitosa de la historia de nuestro país. Tan solo en el anterior Argentina Week celebrado en Nueva York en marzo, recibimos anuncios por más de 16000 millones de dólares; esperamos que esta gira sea igual de fructífera o más, y poder seguir llevando este tipo de eventos a todos los rincones del mundo, para poder seguir potenciando todos los rincones de Argentina.

Quisiera comenzar con una verdad simple, pero poderosa: cualquier inversor que siga de cerca a la Argentina sabe que si nuestro Gobierno es reelecto en 2027, 2028 va a ser el mejor año económico de nuestra historia. Y eso va a verse tanto en los mercados financieros como en la economía real. Las inversiones que ya avanzan a gran velocidad —energía, minería y agroindustria— se van a acelerar, y los sectores que todavía no desembarcaron en el país, van a llegar con fuerza. Eso se va a seguir reflejando en los salarios y va a consolidar por mucho tiempo el apoyo de los argentinos al cambio de modelo.

Todo eso va a ser la consecuencia natural del rumbo que emprendimos y sostenemos y de las reformas que hicimos y las que nos quedan por hacer. Hoy la Argentina quiere ser el país más promercado de occidente, y ya es uno de los que más crece. El camino que tenemos por delante es claro: no vamos a descansar hasta hacer a la Argentina el país con mayor libertad económica del mundo.

Durante estos primeros casi tres años de nuestra gestión ya logramos lo que muchos decían que era imposible. Heredamos un Estado quebrado que estaba camino a una de las peores crisis de su historia y entendimos que la raíz del problema era sencillamente que teníamos un estado gigantesco que no podía financiar su gasto. Teníamos un déficit de cinco puntos del PBI en el Tesoro y otros 10 en el Banco Central lo cual era una situación trágica y que nos dejaba al borde de una hiperinflación.

Solo para tener un orden de magnitudes, teníamos cuatro bases monetarias venciendo a un día en el Banco Central en pasivos remunerados y teníamos el equivalente de 10 bases monetarias venciendo un día en la deuda financiera en pesos del Tesoro nacional. Es decir que era una operación de alta complejidad para resolver porque podía implicar multiplicar por 15 la cantidad de dinero en tan solo un día.

Y gracias a la enorme y mayúscula gestión del mejor Ministro de Economía de la historia argentina, Luis ‘Toto’ Caputo, el Presidente del Banco Central, Santiago Bausili, y nuestro hoy Canciller, otrora Secretario de Finanzas, Pablo Quirno, no solo lograron evitar una hiperinflación, sino que, además, lo hicieron respetando la santidad de los contratos. Es decir, por primera vez en Argentina se hizo un programa de estabilización y no se violó los derechos de propiedad, y eso ha constituido un punto de partida que hace que sin lugar a dudas este programa económico sea el más exitoso de la historia argentina.

Y eso fue porque encaramos uno de los ajustes de gasto público más grande de la historia global y logramos eliminar un déficit fiscal consolidado de 15 puntos del PBI en tan solo 6 meses, con los primeros cinco puntos del déficit primario en el primer mes de gestión. Nosotros recordamos que cuando llegamos nadie hablaba del déficit cuasifiscal, que era dos tercios del problema, y decían que era imposible hacer un ajuste de cinco puntos del PBI en básicamente 4 años.

De hecho, sostenían que mi propuesta de hacerlo en un año era una locura, que era literalmente imposible, pero como decía Picasso: para lo posible están los demás, a mí denme lo imposible que lo voy a hacer posible y lo hicimos en tan solo un mes.

Así, la inflación bajó del 211% a alrededor del 30%, el Riesgo País de 3000 bajó a alrededor de los 600 puntos y nuestra deuda neta bajó del 100% al 40% del producto. En el proceso, eliminamos el cepo cambiario, nuestra economía se expandió cerca de un 13% y se crearon 520000 puestos de trabajos y 12 millones de argentinos salieron de la pobreza. Además, seguimos rompiendo récord tras récord de exportaciones, lo que sigue haciendo crecer nuestro superávit comercial y nuestro superávit de cuenta corriente. Esto es particularmente importante porque la excusa que siempre puso el peronismo respecto de por qué Argentina no despegaba era una supuesta restricción externa que nos impedía conseguir dólares.

Pero nosotros demostramos que la restricción no era externa sino interna. Era su modelo y hoy estamos generando más dólares que nunca con una cantidad de pesos controlada. En todas las variables importantes estamos haciendo un mejor gobierno que los tres gobiernos anteriores. Somos los únicos con resultados financieros positivos, somos los únicos que desendeudamos el país mientras todos los demás aumentaron la deuda total. Somos los que más aumentamos las jubilaciones, los que más reservas acumulamos, los únicos que le devolvimos el crédito privado a los argentinos, los que más aumentaron las exportaciones, los únicos que revalorizamos el peso, somos los que logramos mayor crecimiento económico, los que más redujimos la pobreza y los únicos que redujimos la inflación. La comparación señores es demoledora.

Así, el próximo año vamos a concluir los cuatro años de este mandato con un crecimiento acumulado superior a los 16 puntos, frente a una OCDE que va a haber crecido debajo del 6%. De hecho, habremos crecido entre tres o cuatro veces por encima del promedio histórico argentino, y tal como dije: esto lo logramos porque decidimos cambiar radicalmente el modelo económico. El orden macroeconómico y la libertad económica es lo que nos permite dar vuelta la historia para poder aprovechar realmente todas nuestras capacidades.

La misma Argentina que en el pasado temía quedarse sin gas en invierno hoy firma contratos para abastecer a Europa. YPF, que viene de presentar su mejor balance de la historia, está desarrollando contratos de abastecimientos para Europa y además está en el proceso de desarrollar el proyecto Argentina LNG junto a la italiana ENI y a XRG de los Emiratos Árabes Unidos. Este proyecto prevé producir 12 millones de toneladas anuales de gas natural licuado desde Vaca Muerta. Durante estos últimos años Europa aprendió lo costoso que es depender de proveedores poco confiables. Por eso, hoy vengo aquí a transmitirles que Argentina puede y podrá ofrecerles energía abundante desde una región pacífica, alineada con los valores de occidente y lejos de cualquier tipo de conflicto.

Además, tenemos cobre, litio y uranio en cantidades que nos ubican entre las mayores reservas del planeta y con la adecuación de la Ley de Glaciares le dimos seguridad jurídica al boom minero que ya está creciendo a un ritmo de dos dígitos por año. Y no solo eso. También tenemos un campo que fue competitivo incluso con brecha cambiaria y retenciones ridículas que ya bajamos y vamos camino a eliminar. Desde Argentina creemos que los sectores agrícolas argentinos y europeos pueden complementarse y que bajo ningún punto de vista son enemigos entre sí. La competencia motoriza la innovación, distribuye eficientemente el capital y permite que nuestros suelos den cada día mejores frutos.

Queremos profundizar los lazos entre el capital y los recursos humanos, tanto de Europa como de Argentina. Porque creemos que la cooperación es indispensable para traer el crecimiento que todos nosotros tanto demandamos. Cada una de estas piezas es un ladrillo en el gran edificio de lo que será la Argentina más próspera de la historia. Energía barata sumada a enormes reservas de minerales y metales de alta demanda, sumado al campo más competitivo del mundo, sumado a una economía abierta que permite la especialización, da por resultado una industria competitiva, y ya estamos comenzando a ver los primeros destellos de este nuevo futuro.

En el último mes vimos cómo dos empresas anunciaron la fabricación de la planta de urea más grande de Latinoamérica y de la expansión de una ya existente para acercarse a los volúmenes similares. Este tipo de fábricas son un ejemplo perfecto de la profundidad del entramado argentino. Estas son plantas que necesitan de ingentes cantidades de gas para producir fertilizantes de primera línea para un mercado muy sensible a la volatilidad internacional, dado que actualmente cerca del 35% de los fertilizantes globales pasan por el Estrecho de Ormuz.

Y además de nuestras ventajas naturales, ya de por sí abundantes, también implementamos el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones para acelerar este tipo de procesos, es decir, es falaz que nuestro modelo destruye la industria. Por el contrario, nuestro modelo genera las condiciones de una industria genuina de alta productividad con capacidad exportadora para competir en el mercado global.

Esto es muy diferente a la industria sostenida a pulmotor con subsidios, restricciones cambiarias y barreras de entrada a la competencia que el kirchnerismo nos quiso vender como desarrollo durante décadas. Para que se den una idea de la magnitud del RIGI, en sus primeros dos años ya suman más de 45000 millones de dólares aprobados y 200000 millones presentados. Además de todo esto, también somos conscientes de que estamos en el umbral de la tecnología más revolucionaria que haya conocido el humano hasta ahora. La inteligencia artificial va a cambiar el paradigma de lo conocido y quien sea veloz para posicionarse como líder de esta industria puede adelantarse varios escalones en la carrera.

Sabemos que Argentina tiene todo lo necesario para ser uno de los países líderes. Tenemos energía, metales y minerales que necesitan los centros de datos. Tenemos grandes cantidades de tierras inhóspitas a bajas temperaturas, tenemos capital humano de máximo nivel desarrollando la industria y además vamos a avanzar con un marco legal vanguardista para ofrecer a este tipo de empresas soluciones que hoy no existen.

Aún así, nuestra oposición sigue enfrascada en un mundo que ya no existe. En su mentalidad la industria sigue siendo sinónimo de fabricar tornillos para vender al interior del país. Por eso, durante décadas la receta argentina fue devaluar para que este tipo de empresas ganaran competitividad. Esta falacia económica en los hechos significaba empobrecer sistemáticamente a los argentinos por decreto para mejorar transitoriamente los términos intercambios. La productividad real quedó estancada y los empresarios prebendarios de siempre se llenaron los bolsillos a costa de destruir el salario de los trabajadores.

Así, llegamos a tener salarios de U$S 200 hacia el final del gobierno anterior porque además entra el juego otro concepto bastante simple: si devaluar nuestra moneda mejorase realmente la competitividad de un país, Argentina debería ser el país más competitivo del mundo, habiendo pasado de un peso que valía U$S 1, a comienzos del siglo, a un peso que vale menos de una milésima parte del dólar en el presente. Por eso no hay que hacer caso a los devaluadores de siempre que ya fracasaron una y otra vez y por eso nosotros estamos desarrollando la competitividad de manera seria, bajando impuestos, desregulando, bajando costos logísticos. Es decir, nosotros estamos expandiendo la competitividad real.

El resultado es un tipo de cambio con una estabilidad inédita durante estos tres años, lo que refleja la confianza en el país y lo que logró que los salarios en dólares se triplicaran. Los salarios en dólares se triplicaron.

A su vez, hoy 47 millones de argentinos tienen acceso a bienes transables que hasta hace poco tiempo les eran negados, lo que se ve reflejado en el retorno de grandes marcas que habían decidido retirarse hace décadas de nuestro país. Del mismo modo, el mercado argentino también puede exportar los bienes transables que produce para 8000 millones de personas. Sé en lo que muchos de ustedes están pensando: hace 10 años la Argentina también salió al mundo a pedir confianza y la historia terminó con un préstamo del FMI, cepo y default. La pregunta es razonable y merece una respuesta seria. Primero hay que entender por qué fracasó aquel intento. La razón principal es muy sencilla: porque en ese momento no se atacó la raíz del problema, que es el déficit fiscal. En cambio, se optó por un camino de gradualismo promovido por el ala centrista del gobierno, conduciendo una acumulación de problemas que tuvieron que intentar remediar de golpe, justo antes de jugarse la reelección.

Es decir, en lugar de pasar el trago amargo desde el principio, lo pospusieron hasta último momento, cuando ya no tuvieron margen de maniobra. Por eso también quiero ser muy claro cuando digo que ninguno de estos problemas puede suceder el año que viene. Lo digo con confianza total en lo que hemos hecho porque nosotros hicimos el trabajo duro antes de pedir la confianza.

Recortamos cinco puntos del PBI del gasto en el primer mes cuando todos los economistas del mundo decían que era imposible hacerlo en un año. Resolvimos los 10 puntos de déficit cuasifiscal en el primer semestre sin default, sin confiscaciones, sin romper un solo contrato. Y nos mantenemos a rajatabla en un orden de acción muy claro: sin recorte en el gasto público no hay superávit, sin superávit no hay baja de impuestos sostenible, y sin baja de impuestos y desregulación, la competitividad se queda estancada y no hay quien invierta. Desde esa convicción innegociable atravesamos una elección de medio término sin tocar el rumbo, y la ganamos por 17 puntos.

Esto no es trivial porque si nosotros el año que viene repetimos el mismo resultado, primero que estaríamos ganando en primera vuelta. Segundo, además pasaríamos a tener el control de la Cámara de Diputados y estaríamos a muy pocos senadores de tener el control de la Cámara Alta. Por lo tanto, si en 30 meses hemos sido el gobierno más reformista de los últimos 100 años todos juntos, imagínense con un Congreso totalmente favorable. Prepárense porque van a experimentar un milagro en sus propias caras.

Por eso, a nosotros nos sorprende cuando hay muchos que, de cara a las elecciones del año que viene, piden que hagamos una especie de ‘Plan Platita’ para ganar votos. A ellos les contesto que el activo más importante de nuestro Gobierno es su palabra, y de ninguna manera traicionaremos nuestros principios para ganar algunos votos más. Al populismo no se lo combate con más populismo, sino con más libertad y más ortodoxia.

Los argentinos saben lo que ofrecemos así como saben que del otro lado no hay otra cosa que el regreso a la decadencia. Una oportunidad vale lo que vale la certeza de que las reglas de hoy van a ser las mismas de mañana. Por eso, cada reforma que aprobamos le saca al estado una herramienta para cambiar el trato a mitad de camino. Así desde las últimas elecciones ya aprobamos el primer presupuesto con equilibrio fiscal en un siglo y este año vamos por el segundo. Además vamos a mostrar equilibrio fiscal en 4 años. Algo que nunca se hizo en la Argentina de manera seguida sin estar en default. Vaya que ese sí es un logro grande también.

También conseguimos la Ley de Modernización Laboral para terminar con un régimen laboral obsoleto, litigioso e inflexible que empujó a la mitad de los trabajadores a la informalidad. Esto también lo quiero decir porque nosotros cumplimos nuestras promesas de campaña a mitad del Gobierno, o sea, lo que habíamos prometido durante la campaña del ‘23 lo habíamos cumplido todo ya a los dos años, y a la luz de eso dijimos «Bueno, ahora vamos por las reformas imposibles». Obviamente que el equilibrio fiscal…, de esta manera el déficit cero como criterio, digo, no era parte de la historia argentina.

Y en cuanto a la ley de Modernización Laboral, ni siquiera los gobiernos militares se animaron a hacerla y nosotros lo hicimos. No solo eso. La adecuación de la Ley de Glaciares que le puso fin a prohibiciones ideológicas al desarrollo de la industria minera, aumentando la capacidad de las provincias de decidir sobre sus propios recursos, a esto se le suman leyes como la adhesión argentina al Tratado de Cooperación en Materia de Patentes, un proyecto que había sido aprobado por el Senado en 1998 y que finalmente este año recibió la media sanción restante de la Cámara de Diputados. A su vez, la ley de Inocencia Fiscal para que aquellos que simplemente buscaron defenderse del atropello estatal, haciéndose de dólares por fuera del sistema, hoy puedan introducirlos al sistema bancario sabiendo que el estado no los va a mirar como criminales.

Los acuerdos con la Unión Europea, EFTA y Singapur, que abre mercados nuevos a la producción argentina. Y una de las leyes más importantes de todas es la reforma del Banco Central. Si hay una institución que explica 91 años de fracaso argentino es el Banco Central, usado una y otra vez como caja del gobierno de turno. Desde su creación, el país eliminó cinco signos monetarios y le quitó 13 ceros a la moneda. Además, desde su creación, la inflación anual promedio en nuestro país fue del 63%. Y si tomamos la acumulada es de 13 trillones.

O sea…, es un número de 20 cifras, que es la contracara de la estafa de la política argentina contra los argentinos de bien, y esa herramienta la matamos. Se terminó la estafa monetaria desde el Banco Central.

De hecho, el impuesto inflacionario es por lejos el más regresivo de todos, dado que se cobra a quien no tiene cómo protegerse y castiga con mayor crudeza a los más pobres. Cuando asumimos, recibimos un Banco Central quebrado, con reservas netas negativas por 11500 millones de dólares y la maquinita prendida a toda marcha para financiar el déficit. Es decir, con activos tendiendo a cero y pasivos tendiendo al infinito. Era una bomba de tiempo cuya (INAUDIBLE) significaba hiperinflación y pobreza por las nubes. Esa bomba la desactivamos en seis meses.

Aquello ocurrió porque la política avanzó siempre sobre el Banco Central para financiar aventuras delirantes a costa del valor del dinero de los argentinos. Eso se está por terminar. La semana pasada el Senado aprobó la prohibición de financiar al tesoro mediante el Banco Central. En criollo, vamos a sacarle la llave de la maquinita a la política tanto a este gobierno como a los que vengan. Para quien invierta, eso significa una moneda que no se licúa, contratos en pesos que valen lo que dicen, estabilidad tendencia a la baja en la tasa de interés y un horizonte de crédito a largo plazo que la Argentina nunca tuvo.

Estas reformas dan más estabilidad y seguridad. Al mercado no le alcanza con que prometamos racionalidad. El kirchnerismo destruyó durante décadas la credibilidad del Estado. Hay que sentar en piedra reglas claras e instituciones que sean fuertes para asegurar los consensos básicos que una economía de mercado necesita para funcionar. También quiero ser riguroso con la verdad y honesto intelectualmente: esta ley, y las anteriores que les comenté, no las estamos aprobando solos, las acompañaron senadores y diputados de otras fuerzas, muchos de ellos de partidos provinciales que responden a gobernadores que hoy están en esta sala acompañándonos en esta gira. Muchísimas gracias, señores gobernadores por acompañarnos en hacer grande la Argentina nuevamente.

Entiendan que tengo…, si direcciono acá, no puedo direccionar allá, y si direcciono allá no puedo direccionar acá, y si lo hiciera, tendría un problema grave en los ojos. Así que entiendan que tengo restricciones humanas. Así es que gracias, y gracias gobernadores.

Eso dice algo muy importante de la Argentina de hoy. Equilibrio fiscal, una moneda sana, apertura y reglas claras dejaron de ser la bandera de un solo partido y esto sí que me parece algo verdaderamente novedoso. Somos varios de distintos partidos que estamos apostando a que Argentina sea grande nuevamente. La gran mayoría de los gobernadores provinciales ya entendieron que ese es el camino. De hecho, los gobernadores saben que lo que se viene es una revolución del interior del país. Las provincias argentinas serán irreconocibles en áreas en unas décadas, habiendo alcanzado una prosperidad sin precedentes hecha posible por un proceso real de federalización y de regulación. El único sector que sigue creyendo que la riqueza se puede imprimir, que los precios se pueden fijar por decreto y que la inflación la causan los empresarios es el kirchnerismo.

Siguen aferrados a un chamanismo económico digno de la Unión Soviética y que el resto del país ya dejó atrás porque abandonarlo implicaría nada más y nada menos que impugnar la totalidad de lo que hicieron cuando tuvieron el poder. No pueden abandonar el chamanismo. No van a abandonarlo y por eso no van a volver a ganar una elección nacional porque la gente ya entendió que mienten, porque el 70% de los argentinos no quiere volver atrás.

En este sentido, quiero traer a colación una cita de alguien que a mí no me resulta simpático, pero que era un tipo inteligente, que era Maquiavelo…, bueno, está bien, pero si la se acertó, digamos, esto, no importa si me es simpático o no, o sea, si la pegó, la pegó. O sea, acá mandan los resultados. Así es que como bilardista que soy, si la frase sirve, la uso. Dice: debe considerarse que no hay nada más difícil de emprender ni más dudoso de hacer triunfar ni más peligroso de manejar que el introducir un nuevo orden de cosas porque el innovador tiene por enemigos a todos los que se benefician del orden antiguo y por defensores tibios a todos los que se beneficiarán con el nuevo. Es decir, sabemos que tendremos en contra a todos los que quieren volver al pasado, pero contamos con el arma más poderosa de todas, que ya todos saben, la verdad. Porque a nosotros nos acompañan los números. En el 2023 éramos un montón de promesas. Hoy somos un montón de realidades.

Voy a hacer una nota de color al respecto. Desde esta administración estamos haciendo toda una serie de contribuciones, digamos a lo que es el análisis de la política. Todo lo que tiene que ver con nuestra visión y lo que hacemos en torno a la economía, está bastante vinculado a mi anterior vida, de cuando era un economista serio. Es más me acaban de ofrecer digamos publicar “El fin de la Inflación” en China. Así que parece que el experimento está funcionando. Pero básicamente todo esto que tiene que ver con la estimulación del crecimiento y apalancado sobre los rendimientos crecientes, digo eso está volcado en un libro que se llama “Capitalismo, socialismo y la trampa neoclásica”. Todo lo que estamos diseñando y la forma en la cual encaramos la política está volcada en lo que es mi próximo libro que básicamente se llama “La moral como política de Estado”.

Es interesante porque tiene tres tomos y en el primer tomo explico cómo se gesta la idea, cómo esa idea llega a materializarse en Davos 2026, o sea, enero de este año. Después cómo se va perfeccionando esa idea. En el tomo dos es cómo es esa forma de hacer política la implementamos y los resultados que conseguimos y cada uno de esos tomos tiene 250 hojas, pero de esas 250 hojas hay 50 hojas de apéndices, ya sea que son artículos o digamos fundamentos por los cuales…, que son los fundamentos teóricos que respaldan porqué hacemos lo que hacemos.

Con lo cual vendrían a ser como dos tomos de 200 hojas cada uno. Bueno, lo interesante es el tomo 3, que es la bitácora y la bitácora tiene 400 hojas. Es una bitácora donde está el punteo de cada medida. Por ende, cuando yo digo que somos el mejor Gobierno de la historia y que hemos hecho en 30 meses más que 100 años de toda la historia argentina, lo tenemos documentado en los hechos y para la segunda mitad de noviembre van a tener el libro a disposición.

Pero es más. Era tan desafiante la situación y tan condensada que además esos tres libros van a estar siendo acompañados por un libro de cada uno de los ministerios. Así es que imagino que hacia fin de año digamos vamos a estar presentando lo que hicimos en 30 meses de gobierno, en 11 libros. Es decir nunca pasó en la historia que además los de un gobierno escribieran y dejaran por escrito lo que hicimos en 30 meses. Así es que imagínense que si los resultados en las urnas nos acompañan y teniendo mayorías, les aviso se viene un proceso de cambio como nunca antes en la historia argentina.

Además, esto lo menciono porque el año que viene tenemos elecciones presidenciales y sabemos que en la Argentina los periodos electorales son temporadas de maniobras desestabilizadoras. Por eso, dedicamos todo este año a adelantarnos y a prepararnos una bazuca de dólares compuesta por 20 millones de dólares que hemos comprado desde la elección del año pasado. Veinte millones…, perdón, 20 mil millones de dólares de compra de reservas. 20 mil millones de dólares del swap con Estados Unidos, 20 mil millones de dólares del swap con China, 15 mil millones de dólares disponibles en la posición de futuros. Es decir, para que tengan un orden de magnitudes, la base monetaria argentina es de 30 mil millones de dólares y con solo la posición de futuros podemos sacar la mitad de pesos de la calle.

A eso le tenemos que sumar lo que va a ser la balanza comercial y el flujo de capitales asociado digamos a las inversiones. Por lo tanto creo que estamos bien armados para enfrentar a todos los intentos desestabilizadores y golpistas que no tuvieron éxito el año pasado y que con este Congreso que tenemos ahora, muchísimos menos. Así es que somos muy optimistas por lo que viene respecto del año que viene. A su vez, sabemos que estamos en la silla eléctrica. Conocemos las restricciones pero jugamos mejor que ellos íbamos a ganar. Y por este tipo de cosas, el JP Morgan proyecta que si somos reelectos la Argentina alcanzará el investment grade en nuestro segundo mandato.

Esto no es un tema menor. Es decir, desafortunadamente no solo en Argentina, sino en gran parte del mundo como consecuencia del virus maligno y letal que ha sido el keynesianismo en términos de pensamiento económico, existe la mala concepción de que la tasa interés es el precio del dinero. En realidad, la tasa de interés existe porque existe el tiempo, independientemente de que exista o no el dinero. Aquellos que hayan estudiado economía y que hayan visto alguna vez un modelo de crecimiento…, verán que la tasa de interés existe más allá de que exista o no el dinero, y tiene que ver con la voluntad de los individuos de trasladar consumo del presente al futuro y de empresarios que tienen…, digamos, eso se llama ahorro, y de los empresarios que decidan trasladar producción del presente al futuro; eso se llama inversión.

Digo, ahorra e inversión son coordinados por la tasa de interés. Es decir la tasa de interés es un mecanismo de coordinación intertemporal y si Argentina sigue avanzando en esta dirección, si los argentinos deciden seguir abrazando el camino de las prosperidad y no retornar al sendero de la dekadencia, con “k”, la consecuencia de esto es que el riesgo país se va a desplomar. De hecho, el riesgo de nuestra propia gestión está en menos de 100 puntos básicos. Consecuentemente, sin lugar a dudas, de nosotros lograr la reelección vamos a lograr que Argentina sea investment grade. Esa situación lo que va a hacer va a bajar la tasa de interés. Al bajar la tasa de interés, dado que Argentina es un país que está subcapitalizado fruto de 100 años de populismo, eso hace que la productividad del capital esté muy por encima de la tasa de interés, eso va a generar un proceso de crecimiento muy fuerte como consecuencia de la acumulación de capital, esa acumulación de capital se va a traducir no solo en una fuerte aumento del producto y que vamos a ver tasas de crecimiento en torno al 7 o el 8% per cápita durante muchos años, sino que la contracara de eso va a ser una fuerte suba de los salarios reales y una caída todavía mucho más profunda de la pobreza.

Es decir, cada día va a ser más tangible el sueño de una Argentina grande. Y también es cierto que estos procesos demandan tiempo. La convergencia para convertirnos en un país en términos per cápita a la par de Estados Unidos, nos podría demandar cerca de 35 o 40 años, y quiero avisar que los atajos lo único que generan es pobreza. Pero ¿qué es lo más interesante? Lo más interesante es que la apuesta que nosotros estamos haciendo nos va a permitir acelerar ese proceso. Una de las maravillas de la inteligencia artificial es que vendría a ser como una suerte de la fábrica de alfileres del siglo XXI. ¿Y esto por qué es importante? Porque nos puede permitir una aceleración del crecimiento que va a derivar en gran prosperidad. Entonces, con lo que hacemos desde el Ministerio de Desregulación para fomentar los rendimientos crecientes, con lo que hacemos básicamente desde Capital Humano en una visión integrada, festejada por James Heckman recientemente, donde integramos niñez y familia, salud, educación, salida al mercado laboral, reinserción de los caídos y que al final del camino está el sistema previsional.

Y eso en un contexto donde el límite de los rendimientos crecientes está dado por el tamaño del mercado, en una hipótesis donde nosotros buscamos triplicar el nivel de apertura de nuestra economía y dejar de pensar en un mercado de 47 y 48 millones para pensar en un mercado de 8000 millones. Todo eso va a implicar una fuerte aceleración de la tasa de crecimiento, y Argentina va a dejar de ser una gran promesa, va a dejar de ser solo un programa de estabilización exitoso, sino que, además, se va a convertir en la experiencia más maravillosa de crecimiento económico de los últimos 250 años.

Entiendo que cuando lo planteo así, parece un poco abstracto. Entonces qué es lo que significa: bueno, por ejemplo, para un argentino común significa, por ejemplo, una hipoteca a 20 o 30 años con cuotas pagables o créditos para su empresa. Una mejora de la calidad de vida sideral y para las provincias implica que puedan financiarse a tasa razonables, como San Juan que la semana pasada hizo una colocación de deuda histórica para su provincia. Esto le permite emprender el camino de la baja de impuestos y de crecimiento. Esto también significa un costo de capital más bajo para cada proyecto que cada uno de ustedes se devalúa. Por el contrario, ya sabemos lo que significa la receta fracasada del kirchnerismo porque la vivimos durante décadas: default, cepo, devaluación, ahorro licuados y salarios en dólares pulverizados.

Esa es la decisión que los argentinos van a tomar el año que viene, solo que ahora la van a tomar con el insumo más importante de todos: estabilidad. Porque es la certeza de que el camino es el correcto. Nosotros proponemos ser investment grade; el kirchnerismo propone default. De un lado, el país más promercado y con más crecimiento de occidente, del otro, la receta que nos trajo hasta acá e hizo que Argentina pase de ser uno de los países más prósperos del mundo a ser uno de los países más cerrados y empobrecidos del mundo. Y cuando digo que Argentina era uno de los países más prósperos del mundo, no estoy exagerando. Hace 120 años, cuando se aplicaron estas mismas ideas, Argentina llegó a ser uno de los países con el PBI per cápita más alto del mundo, compitiendo de igual a igual con Estados Unidos y Australia. Era tan próspera la Argentina que no solo fue refugio de millones de personas escapando del hambre en sus países natales, sino que aquí mismo, en Francia, se acuñó la frase ‘Rico como un argentino’.

Y que no nos engañen. Esa riqueza no era solo de las clases altas, también llegaba a toda la economía, con salarios para los trabajadores de aquel entonces muy por encima de lo que había en Europa. Por algo, en ese entonces vivimos nuestros mayores olas migratorias desde el Viejo Continente. Es decir, nadie sube a toda su familia a un barco en un viaje transoceánico de tres meses si la situación económica en donde se encuentra es ideal.

Y menos va a ir a un lugar donde va a estar peor… Argentina supo ser sinónimo de prosperidad, y esa frase se fue apagando a medida que la Argentina fue abrazando al populismo hasta quedar como una curiosidad de otra época. Supimos estar entre los países más pujantes del mundo a principios del siglo XX, y apenas unas décadas vimos a todos nuestros vecinos sobrepasarnos para finalmente terminar rozando el fondo de la tabla. Nuestro objetivo es que ‘Rico como un argentino’ vuelva a sonar en boca de todos, y tenemos todo para lograrlo: los recursos, el talento y, por primera vez en 100 años, volvimos a tener las reglas y la convicción para ponerlas en práctica.

Hoy les hablo con el conocimiento del país que hizo las cosas mal y reconoce su error. Nuestro gobierno emprendió el camino que describí porque la Argentina conoció de primera mano el colapso al que conduce el modelo socialista. Hoy observamos que buena parte de Europa está emprendiendo el camino que Argentina ya recorrió y nos destruyó completamente. Un Estado cada vez más grande, cada vez más presión regulatorias que estrangulan el sector privado y cada vez más restricciones a la innovación tecnológica. Y todo esto con el agregado de una inmigración descontrolada fomentada por los mismos estados y organizaciones supranacionales que han generado una anomia generalizada en todo el continente.

Argentina está yendo en la dirección contraria y quiero invitar a todas las personas de ley de Europa a acompañarnos en este camino. Cualquier inversor sabe que la mayor ganancia se la lleva el que llega antes de que el mercado reconozca el cambio. Los que apostaron por la Argentina con el Riesgo País en 3000 puntos ya lo saben. El que llega después del investment grade…, digo, pagará caro y tendrá retornos menores. Si 2028 va a ser el mejor año de nuestra historia, el momento de apostar por la Argentina es ahora. Por eso, los invito a formar parte de la grandeza que nos espera a todos. Que Dios los bendiga. Que las fuerzas del cielo los acompañen y viva la libertad, carajo. Muchas gracias.

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