Discurso del Presidente Javier Milei en The Economic Club de Nueva York

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Discurso del Presidente Javier Milei en The Economic Club de Nueva York

Buenos días a todos. Gracias al Economic Club of New York, a la Doctora Tanvi Samoyo, y a todo el resto del Board, y a todos quienes hicieron posible este evento. Es un placer para mí venir a contarles sobre mi país y nuestro gobierno.

Me gustaría comenzar esta exposición con una verdad simple pero poderosa: todos los inversores y actores económicos del mundo libre saben que si nuestro gobierno es reelecto en 2027, el 2028 será el mejor año económico de la historia argentina. Y no solo en términos financieros, sino también en la economía real.

Las inversiones en sectores ya van a gran velocidad, como Vaca Muerta, la minería y la agroindustria, se van a acelerar dramáticamente; y las de los sectores del futuro, que aún no han desembarcado en el país, llegarán con fuerza. Esto se va a reflejar de forma clara en los salarios y va a solidificar por largo plazo el apoyo al cambio radical del modelo económico que le propusimos a la población.

Esto no es un evento azaroso, es la continuidad natural del rumbo al que nos hemos aferrado, y de todos los cambios que nuestra gestión hizo durante nuestro primer mandato. Cambios que, desde luego, ya podemos ver reflejados en resultados de toda índole.

Argentina está creciendo a un ritmo vertiginoso. Llevamos 27 meses de crecimiento sostenido. Y hoy el país crece a un ritmo que cuadruplica el promedio histórico de nuestro país. Es un crecimiento que se reparte en casi toda la economía. Hoy, 13 de los 15 sectores productivos que mide el Estimador Mensual de la Actividad, están creciendo. El mejor registro de, al menos, los últimos 15 años. Y el PBI por habitante ya superó el nivel más alto que había alcanzado el país antes de la década perdida entre 2011 y 2023.

Además, es la primera vez en décadas que el PBI argentino crece durante 3 años consecutivos, cuando el patrón histórico siempre fue que el PBI crecía en años electorales y se retrajera en años no electorales. Y no precisamente porque ocurrieran milagros productivos cuando había elecciones.

Además, esto lo estamos logrando en un contexto global más difícil. El kirchnerismo no le alcanzó con causar un daño directo altísimo, sino que también presentó un costo de oportunidad enorme para la Argentina. Es decir, el kirchnerismo hizo caer la economía cuando el mundo estaba fuertemente en expansión.

Durante el segundo gobierno de la presidiaria Cristina Fernández de Kirchner, la economía creció 1,5% en 4 años, mientras que la OCDE creció un 8%. Nosotros vamos a cerrar estos 4 años con un crecimiento acumulado que oscilará entre el 18% y el 20%, con una OCDE que crece al 6%. Es decir, triplicaremos el crecimiento del mundo desarrollado.

El mercado reconoció nuestro trabajo. El riesgo país pasó de 3.000 puntos básicos a alrededor de 500. Y la inflación bajó del 211% anual a alrededor del 30. Y la deuda pública consolidada neta pasó de niveles del 100% del PBI a menos del 40%.

En Argentina tenemos un refrán que reza que la credibilidad sube en escalera y baja en ascensor. Nosotros estamos encarnando la ardua tarea de restituir la confianza en nuestro país, porque la confianza es la base de todo el sistema económico. Y este aumento de credibilidad lo vemos reflejado en la caída de la tasa de interés, primero en lo nacional, es decir, en el riesgo país, para luego decantar a la doméstica, es decir, la tasa de interés de nuestro sistema bancario. Así, la tasa anual de referencia bajó de más del 130% al orden del 20%. Esto casi en tres años de gestión.

Y la inversión ya está llegando. El RIGI, nuestro Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones está generando un caudal de inversiones que nunca se vio en nuestro país, con más de 45.000 millones de dólares ya aprobados y con 200.000 millones de dólares en inversión presentados. Estos valores ya lo convierten en la política industrial y de desarrollo económico más importante de la historia argentina.

Además, hoy tenemos récord de exportaciones, récord de consumo y superávit de cuenta corriente. Y estamos consolidando los cambios en la ley. Desde diciembre de 2025, el Congreso aprobó el primer presupuesto con equilibrio fiscal en un siglo, la Ley de Modernización Laboral, la adecuación de la Ley de Glaciares, que le da seguridad jurídica al bond de inversiones mineras, entre otras reformas.

Esto generó un impacto directo en la vida de la gente. Así, bajamos la pobreza en 28 puntos. Redujimos la indigencia en un tercio y bajamos la pobreza infantil de 70 a 40%. Es decir que, en total, a lo largo de nuestra gestión, 14 millones de personas salieron de la pobreza.

Y todo esto pudimos lograrlo gracias a nuestra determinación por hacer lo correcto en lugar de lo fácil. El ejemplo más evidente de esto es el superávit fiscal. No era fácil recortar 5 puntos del PBI del gasto del Tesoro. De hecho, era tan difícil que todos los economistas, tanto locales como internacionales, nos decían que era un objetivo imposible de cumplir en un año. No estoy exagerando, no lo decían algunos o una mayoría, lo decían todos los economistas del mundo. Incluso los que estaban de acuerdo en que era necesario. Y nosotros lo logramos en el primer mes de gestión.

Lo mismo nos decían de los 10 puntos del déficit cuasi fiscal que estaban barridos debajo de la alfombra del Banco Central. Y nosotros los pudimos solucionar en nuestro primer semestre de gestión. Es decir que en 6 meses hicimos un ajuste de 15 puntos del PBI. Lindo número, ¿no? Esto nos permitió sentar las bases del gran edificio en el que se está convirtiendo la Argentina. Gracias a nuestra perseverancia en el sendero del superávit y de la apertura comercial, ya bajamos impuestos por más de 3 puntos del PBI. Y ya llevamos adelante más de 17 mil desregulaciones sobre nuestra microeconomía que permitieron desatar nuestra función empresarial.

Por eso, es tan importante la secuencialidad en nuestro plan económico. Sin superávit no hay baja de impuestos sostenibles y sin baja de impuestos y desregulación no hay quien invierta. Cada peso que el Estado deja de gastar es un peso que deja de sacarle a quien produce, sea vía impuesto o vía señoreaje y  cada norma que se elimina es una barrera menos entre una idea y su realización.

La función empresarial es la capacidad de descubrir oportunidades que nadie vio y organizar recursos para aprovecharlas. Es el motor de crecimiento y el Estado no puede reemplazarla porque no tiene la información y los incentivos para hacerla. Lo único que puede hacer es estorbarla, con emisión monetaria que destruye el sistema de precios, con impuestos que le quitan el beneficio al que arriesga y/o con regulaciones que le ponen trabas al que emprende. Y, a pesar de todo esto, van a escuchar a periodistas partidizados y a gente de Argentina decirles que la economía no crece, que hay desempleo y que hay mora entre los deudores privados.

La realidad es que la economía crece como ya expliqué extendidamente. La realidad es que se han creado 500.000 puestos de trabajos netos y la desocupación se mantuvo estable. Y si consideramos que estamos en una transición de modelo, donde cierran empresas improductivas que antes estaban protegidas y se abren otras, eso es un éxito rotundo.

Y, la realidad es que la mora financiera con la que todo el sistema político argentino se volvió loco en el último mes creció solamente porque antes el crédito no existía y ya se está normalizando por mecanismo de mercado, es decir, los privados ya empezaron a refinanciarla sin regulaciones estatales. Y, en ese sentido, desde nuestro gobierno, lejos de intervenir y arruinar todo como acostumbraba a hacer el Estado, hicimos lo que teníamos que hacer, mejorar las condiciones macroeconómicas haciendo que las tasas de interés bajen y hagan posible la refinanciación. 

Se los comento para que no se dejen llevar por la oposición argentina y sus empleados, periodistas y economistas, entre comillas, cuyo único propósito es generar una constante sensación de crisis para perjudicar al gobierno. Si observan con detenimiento, verán que llevan 34 meses mintiendo para justificar que el país está mal. Y cada vez que se quedan sin argumentos más rápido y tienen que correr desesperados a encontrar el siguiente. La explicación de por qué faltan tanto a la verdad es sencilla. A todos ellos les conviene un retorno al modelo anterior. Todo su modelo de negocio dependía del desorden, de la inestabilidad y de la inflación para sobrevivir. Ellos eran los vendedores de salvavidas mientras el país se inundaba. Naturalmente, cuando todos flotan, ellos se hunden.

Hoy, Argentina ya se está reinsertando como un actor de relevancia internacional en las cadenas globales de valor, como proveedor de energía, alimentos y minerales críticos. El crecimiento de nuestra economía y nuestras exportaciones que ya vivimos va a quedar minúsculo al lado del verdadero potencial de la Argentina. Los argentinos estamos listos para ser protagonistas de este nuevo mundo. Para estar en una cadena de valor, hay que comerciar. Y heredamos una de las economías más cerradas del mundo, con una red de acuerdos que cubría apenas el 10% del producto mundial. En menos de tres años, firmamos con la Unión Europea y con EFTA, y estamos en camino a firmar un acuerdo con Singapur. Eliminamos aranceles para 1.675 productos argentinos en los Estados Unidos. Hoy nuestra economía ya tiene acceso a casi el 30% del producto mundial. Nuestra meta es alcanzar el 80%, y vamos a trabajar sin descanso hasta lograrlo.

Sobre esa apertura descansa un potencial enorme. Como ya mencioné, gracias al RIGI tenemos más de 200.000 millones de dólares sobre la mesa en energía, minería, infraestructura, tecnología y siderurgia. Y eso es sólo una pizca de nuestro verdadero potencial. Tenemos Vaca Muerta, uno de los yacimientos de shale más grande del mundo. Tenemos un campo de primer nivel que supo mantenerse altamente competitivo, incluso con brecha a cambiaria y retenciones ridículas, las cuales ya hemos bajado y vamos camino a eliminarlas para siempre. Y tenemos litio, cobre y uranio en cantidades que nos ubican entre los países con mayores reservas del planeta. En un mundo donde las cadenas de suministro de minerales críticos se volvieron un frente más de la disputa entre las naciones libres.

Por eso, ya firmamos un memorándum de minerales críticos con Estados Unidos y participamos del Pacto de Seguridad de Minerales Críticos. Y todo está en marcha y va a seguir acelerando su paso. La Argentina que durante años temió no tener gas para su propio invierno, hoy firma contrato para abastecer a Europa. YPF va a exportar gas natural licuado a la empresa alemana SEFE durante ocho años con entregas a partir de fines de 2027.

Y, junto a la italiana ENI y a XRG de los Emiratos Árabes Unidos, avanzamos en el proyecto Argentina LNG, que nos va a permitir exportar una capacidad proyectada de 12 millones de toneladas anuales de gas licuado desde Vaca Muerta. Es más, ayer mismo se anunció un acuerdo por 7 mil millones de dólares con Estados Unidos para el desarrollo de infraestructura crítica para el sector energético en Vaca Muerta y otros sectores estratégicos.

Argentina está lista para abastecer el mundo libre en un contexto crítico. Tenemos una tierra inmensa, lista para ofrecer al mundo todo lo que necesita. Campos, montañas, petróleo, metales, minerales y un talento y una excelencia humana sin comparación.

Por otro lado, no tenemos los problemas que el mundo libre tiene. No tenemos conflictos étnicos ni religiosos. No tenemos que lidiar con invasiones masivas procedentes de Estados fallidos. Ni estamos cerca de zonas de conflicto. Ni estamos empecinados en llevar a cabo regulaciones asfixiantes que hagan imposible la innovación. España es un caso emblemático. Un país con tanto para ofrecer sometido a un régimen socialista que lo está destruyendo. La situación que ahora mismo se está viviendo en Ceuta da testimonio de ello. Un gobierno que ha traicionado a su propio pueblo abriendo las puertas a invasores que la están convirtiendo en una zona de caos y violencia.

El gobierno socialista español es una mezcla curiosa entre anarquía y tiranía. Los invasores hacen lo que quieren. Roban, matan, violan, mientras los españoles de bien son cada vez más vigilados y controlados. De hecho, son obligados a pagar cada vez más impuestos para sostener esta situación profundamente injusta. Todo para que Pedro Sánchez consiga los votos que necesita para seguir atornillado al poder.

En Argentina, sin embargo, estamos recorriendo un camino muy distinto. Mientras algunas naciones de Europa caminan hacia el precipicio, los argentinos nos estamos despojando del problema histórico de nuestro país. Un Estado gigante que le hace imposible la vida a la gente. Estamos evitando, antes de que ocurran, los problemas que hoy aquejan a Europa, como la inmigración descontrolada. Endurecimos nuestra política migratoria y en lo que va del año deportamos ya a 20.000 ilegales.

Por eso, queremos recibir con los brazos abiertos a todas las personas de bien que compartan nuestros valores, respeten nuestras leyes y quieran salir adelante para que hagan de Argentina su nuevo hogar, como muchos de nuestros ancestros hicieron hace un siglo. Fomentar la inmigración legal y productiva es un mandato de nuestra Constitución Nacional y nos llena de orgullo volver a transformar la Argentina en el país de nuevas oportunidades que supo ser.

La revolución energética dará lugar a un sinfín de nuevas industrias basadas en las ventajas comparativas y la libertad de comercio. Por ejemplo, recientemente se anunció la construcción de una de las fábricas de urea más grande del mundo en nuestro país, lo cual no hubiera podido suceder sin la expansión de Vaca Muerta, dado que la urea se fabrica a partir del gas natural. Un insumo abundante y competitivo, un campo que demanda fertilizantes y una economía abierta que permite venderla al mundo. No existe otra receta para hacer que la industria sea competitiva y nosotros preferimos que las empresas argentinas alcancen un potencial mercado de 8.000 millones de personas antes que armar un coto de caza de 50 millones de argentinos para un grupo de empresarios prebendarios. David Ricardo lo explicó hace dos siglos: Un país prospera haciendo aquello en lo que es relativamente mejor y comerciando el resto. Esa lógica se repite en la siderurgia, en el procesamiento de los minerales que tenemos en el subsuelo, en la agroindustria y en toda industria que necesita energía abundante y competitiva. Por eso también estamos trabajando para reducir los costos internos, como por ejemplo el costo logístico.

Hace pocas semanas hicimos la concesión de 9.000 kilómetros de ruta al sector privado que se encargará de su manutención. Estamos avanzando con las privatizaciones del Belgrano Cargas y ya hay muchas empresas interesadas en su adquisición. Además, estamos viendo acuerdos empresariales inéditos en nuestro país para la construcción de oleoductos y gasoductos con capital privado. Y para colmo, tenemos que soportar que nos acusen de industricidas todos los que impusieron regulaciones anti-industria durante años para así encerrar a la población argentina en un mercado cautivo con pocas empresas amigas del Estado.

Porque, además, con esta apertura económica, el mundo estará ganando un nuevo socio comercial. Pero Argentina está adquiriendo cientos de socios comerciales y miles de mercados nuevos. Eso hará que la economía argentina converja a gran velocidad a los niveles económicos de nuestros pares. Y esto significa un crecimiento sostenido de varios años.

También quisiera dedicar unas palabras al gran tema del momento que es la inteligencia artificial. Argentina tomó una postura muy clara al respecto. Frente a la inteligencia artificial no vamos a regular. No vamos a matar una semilla que aún no termina de florecer por miedo a sus frutos. Tenemos todo para competir en la mayoría de los eslabones de la cadena de valor de esta industria y lo vamos a hacer. La razón es simple. Cada vez que la humanidad se acerca a un salto tecnológico, aparecen los que prometen protegernos de él a cambio de una parte de nuestra libertad.

En su discurso del Premio Nobel de 1974, Hayek advirtió contra la pretensión del conocimiento contra la idea de que alguien pueda saber por adelantado lo que solo el proceso de descubrimiento puede revelar. Regular una tecnología que todavía se está inventando es decidir por adelantado cuál es el futuro permitido. Nosotros preferimos que el futuro lo descubran los que lo construyen. Y preferimos que ese futuro sea construido en países con valores occidentales en democracias liberales con un respeto profundo por la vida, la libertad y la propiedad privada.

Y los eslabones en los que podemos competir se ven a simple vista. La inteligencia artificial consume energía en cantidades enormes y Argentina tiene Vaca Muerta. Necesita cobre, litio y otros minerales críticos y Argentina los tiene.  Necesita centro de datos y Argentina tiene tierras inhóspitas a baja temperatura para construirlos. Y necesita talento y el talento argentino es sobresaliente. Desde Silicon Valley y Houston hasta Zurich y Abu Dhabi en todas las empresas de primer nivel hay siempre argentinos en cargos jerárquicos. No es una casualidad o un caso de excepcionalidad argentina, sino que es el resultado de décadas de gobiernos que sometieron a los argentinos a un infierno fiscal que los forzó a recurrir a una inventiva singular para poder sacarle agua a las piedras. Igual no recomiendo esa metodología de estar persiguiendo gente para que saquen lo mejor que tienen. Mejor que lo hagan por las propias.

Es más, ese talento que durante décadas miró hacia afuera empieza a mirar hacia adentro. En 2023 el 70% de los jóvenes argentinos quería irse al país. En 2025 me enorgullece decir que ese número cayó al 27%. Para una empresa que se instale en Argentina eso significa un talento de primer nivel que quiere quedarse a construir su futuro en el país. Pero, como sabemos que no somos el único jugador global que puede presentar todas estas ventajas, también vamos a desarrollar un marco jurídico de vanguardia para que las empresas tengan más incentivos a instalarse en nuestro país.

Este marco jurídico consiste en el compromiso de no regular de manera preventiva, en un esquema de responsabilidad limitada para las empresas que operen con agentes de inteligencia artificial y en beneficios fiscales. A eso se suma la ley de sociedades que estamos impulsando, que le da al capital la misma protección que tiene en cualquier país serio: Responsabilidad limitada al patrimonio de la sociedad sin comprometer el patrimonio personal de quien invierte. Quien invierte en un centro de datos compromete capital por muchos años y necesita saber que la economía es estable y que las reglas de hoy van a ser iguales que las de mañana.

Por eso, cada reforma que le quita discrecionalidad al Estado forma parte de esta estrategia. Queremos que las empresas y los talentos de la inteligencia artificial encuentren en la Argentina el lugar más competitivo del mundo para instalarse.

Con todo lo dicho anteriormente, también corresponde dedicar unas palabras al contexto político en el cual nos encontramos. La historia argentina ha dado sobradas muestras que cuando gobierna cualquier otro partido, el peronismo hace lo imposible para derrocarlo, llevándose puesta la economía en el medio. Un ejemplo claro es el año 2001 y el golpe de Estado que sirvió como hito fundacional del kirchnerismo, nuestra propia variante del socialismo del siglo XXI. O sea, los socios del ladrón de Pedro Sánchez. Padecimos esta ideología por más de dos décadas y aún seguimos pagando sus consecuencias devastadoras. Ahora bien, cuando no logran derrocar a un presidente no peronista, se encargan primero de impedir que lleve a cabo cambios permanentes y luego, mediante campañas sostenidas de desgaste, se aseguran de que no reelija. Y si llanamente se creen dueños del país y de los argentinos y todo lo que gobierne por fuera de su esquema, es percibido como un intruso al que hay que eliminar a toda costa.

Por eso, les quiero decir que para el año que viene tenemos estabilidad asegurada. Hemos construido una bazooka de reservas por el equivalente a 75.000 millones de dólares, o sea, los 20.000 millones de dólares que compramos desde el Banco Central, desde después de las elecciones; 15.000 millones de dólares que tenemos para la posición de futuros; 20.000 millones de dólares del swap con Estados Unidos; 20.000 millones de dólares del swap con China. Y a eso tendríamos que sumarle la balanza comercial y el flujo de capitales que tengamos el año que viene. Estamos preparados para enfrentarlos. Así es que cualquier maniobra desestabilizadora que intenten le vamos a dar oposición. Ya se las ganamos el año pasado, este año se las vamos a ganar más fácilmente.

En otras palabras, estamos armados hasta los dientes para enfrentar el riesgo kuka, como llamamos al riesgo político que induce el kirchnerismo. El año que viene nos convertiremos en el primer gobierno no peronista que logre la reelección desde el retorno de la democracia a nuestro país. Estamos convencidos de que, si logramos cruzar el Rubicón, la Argentina tendrá su despegue definitivo. Por eso el momento de apostar por Argentina es ahora, y los invito a todos a formar parte de la grandeza que nos espera.

Que Dios los bendiga a todos, que las fuerzas del cielo nos acompañen, ¡y viva la libertad, carajo!

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