Palabras del Presidente Javier Milei en el Congreso Americano de la Federación Internacional del Automóvil (FIA)

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Palabras del Presidente Javier Milei en el Congreso Americano de la Federación Internacional del Automóvil (FIA)

Buenos días a todos. Quisiera comenzar agradeciendo a todos los concurrentes en esta fecha tan importante para la Argentina, a todos los dirigentes de los clubes miembros de la FIA y a su Presidente Ben Sulayem. Para quienes no saben es la primera vez que viene a visitarnos en carácter de Presidente de la institución, después de haber venido dos veces en carácter de piloto de rally.

Lo que hace tan especial a esta fecha es que Argentina vuelve a ser sede del Congreso Americano de la FIA después de 15 años, un hito histórico para el automovilismo de nuestro país, y si de historia se trata, esta distinción también es un reconocimiento al Automóvil Club Argentino por su gran aporte al automovilismo nacional, entreteniendo millones de personas cada año a través de diferentes competencias.

La Argentina le pudo dar al mundo referentes del deporte como el cinco veces campeón del mundo Juan Manuel Fangio, José Froilán González, El Toro de las Pampas, que le dio a Ferrari su primera victoria en un gran premio en 1951 en Silverstone. Otro gran referente de Ferrari, como Carlos Reutemann ‘El Lole’, o una gran promesa como hoy lo es Franco Colapinto, y a tantos grandes campeones de categorías nacionales. Si todo esto fuera posible es porque antes vino el ACA, un baluarte institucional que empezó hace 122 años, en 1904, cuando 20 pioneros se juntaron en Buenos Aires y fundaron el Automóvil Club Argentino.

Y lo que hizo esta institución en sus primeras décadas es un caso de manual de algo que en este país solemos olvidar: que el privado, cuando se organiza, resuelve por su cuenta lo que el Estado no puede resolver o resuelve ineficientemente. Desde su creación, el ACA entendió su lugar dentro del automovilismo argentino. En 1923 fundó su propia oficina técnica topográfica para trazar rutas y compró las primeras máquinas viales de la Argentina para mantenerlas transitables, antes de que existiera un organismo estatal dedicado a los caminos. Luego, en 1936, empezó a levantar estaciones de servicio a lo largo de las nuevas rutas.

Y todo eso lo logró con una lógica de mercado, a través de afiliaciones que pasó de 20 socios en sus inicios a más de 300.000 socios en el presente. Así de lejos se puede llegar cuando la sociedad civil se organiza y nadie le pone la bota del Estado encima.

Y esta es la misma lógica que estamos aplicando hoy desde el Gobierno, con nuestra visita puesta en la libertad económica y sus beneficios. Gracias a eliminar el Impuesto País y a bajarle los aranceles a los autos importados, hoy un gran porcentaje de los autos 0 kilómetros que entran al país no pagan aranceles, lo que implica caídas de precios que llegan hasta casi el 30 % en algunos segmentos.

Pero esta reducción de precios no solo es positiva desde el punto de vista del ticket que paga el consumidor, también tiene efectos positivos en materia de seguridad vial. Hoy, el parque automotor argentino tiene en promedio casi 15 años de antigüedad; es uno de los más envejecidos de la región, después de décadas de un Estado que encareció artificialmente cada auto nuevo.

Y un auto de 15 o 20 años no tiene el mismo airbag ni el mismo sistema antibloqueo de frenos ni la misma estructura que uno nuevo. Autos más baratos significan autos más nuevos, y autos más nuevos significan lisa y llanamente menos argentinos sufriendo accidentes en las rutas. En la misma línea, nosotros estamos impulsando un cambio de modelo en la gestión y el desarrollo de la infraestructura vial. Tenemos la certeza de que la fórmula para lograr más y mejores obras a mejor precio está en concederle la mayor participación posible al sector privado.

Por eso, al día de hoy, ya hemos licitado concesiones para la operación y mantenimiento de más de 9000 km de corredores viales, que estarán absolutamente todas en obra desde el mes de octubre. Y, además de estos 9000, próximamente vamos a licitar entre 6000 y 12000 km más, porque una ruta en buen estado, bien señalizada y con banquinas adecuadas salva tantas vidas como un auto seguro. Es la misma idea que describí del pasado aplicada en el presente: cuando el Estado se corre, aparece quien construye, y cuando se construye bien, se salvan vidas.

Como les digo: se trata de dos modelos opuestos. Nuestro modelo pone el centro en el incentivo al privado, asegura inversiones y no le cuesta un peso a la gente ni en impuestos ni en inflación futura. El modelo anterior, por el contrario, se financiaba o con impuestos o con emisión, y era una fuente de corrupción grosera, cuestión que está ampliamente documentada y que le valió condenas a una veintena de funcionarios de gobiernos anteriores, incluido una ex presidente.
Y como si fuera poco, el resultado final, además de ser caro, era pésimo, y dejó un tendal de rutas arrasadas que se cobraron cientos de vidas cada año. Por eso es vital entender que el sector privado puede tener un rol central de desarrollo de las obras de infraestructura, tal como sucede en cualquier país próspero.

No estamos buscando inventar la pólvora. Simplemente venimos a devolverle a la Argentina una cordura extraviada por mucho tiempo y lo mismo que menciono de las rutas, puede observarse en los temas de carga, de la infraestructura energética, en el desarrollo de puertos y en tantos otros sectores.

Y, por todo esto, la recepción de este Congreso significa tanto un logro para el Automóvil Club como también un reconocimiento a un país que está cambiando, al cual el mundo empezó a observar nuevamente. Es la demostración de que Argentina está volviendo a inspirar confianza y de que éste es, otra vez, un país serio, donde vale la pena invertir tiempo, prestigio y capital.

Porque Argentina es un país amante de los autos y esa pasión argentina por las carreras es atemporal. Durante tres épocas distintas —en los años 50, en los 70 y en los 90— la Fórmula 1 corrió en el autódromo Oscar y Juan Gálvez, acá en Buenos Aires, con las tribunas repletas cada domingo. La última vez fue en 1998, hace ya 28 años.

Y, sin embargo, en todo ese tiempo, la pasión de los argentinos por las carreras nunca se apagó, nunca dejamos de amar este deporte. Lo único que faltó durante 28 años fue que el mundo volviera a mirarnos como sede de la máxima categoría del automovilismo, es decir, que en Argentina volviera a existir el mercado para una competición de semejante calibre.

Por eso, me animo a invitarlos a soñar conmigo: la Argentina que vuelve a ser sede de la FIA es la misma Argentina que tiene todas las condiciones para volver a recibir a la Fórmula 1 y al Rally Mundial en su calendario.

Tenemos la tradición, tenemos los pilotos y ahora estamos volviendo a tener la seriedad institucional que estas categorías exigen antes de elegir un país. Tenemos absolutamente todo. Es momento de acelerar a toda máquina en esta dirección, y los invito a que este Congreso sea el primer paso para ese regreso. Porque al final del día la libertad de moverse, de elegir el auto que uno maneja, la ruta que uno toma y el destino al que uno quiere llegar es una de las formas más concretas y cotidianas de la libertad.

Este país entendió eso hace 122 años, cuando 20 visionarios salieron a abrirse camino sin pedirle permiso a nadie. Hoy los recibimos con esas mismas rutas más abiertas que nunca y con la misma vocación de que quien quiera moverse, competir o construir la Argentina lo pueda hacer en libertad.

Avancemos juntos a toda velocidad para convertir este sueño en realidad. Queremos ver a Colapinto en el país. Muchas gracias a todos. Que Dios los bendiga, que las fuerzas del cielo los acompañen y ¡viva la libertad, carajo!

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