Discurso del Presidente Javier Milei en la ceremonia de entrega de la Medalla de Honor de la Universidad CEU San Pablo

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Discurso del Presidente Javier Milei en la ceremonia de entrega de la Medalla de Honor de la Universidad CEU San Pablo.

Javier Milei, presidente de la Nación: Buenos días a todos. Quiero agradecer a la Universidad CEU San Pablo por la invitación a hablar aquí, entre ustedes, y por honrarme con la medalla al mérito; la máxima distinción entregada por esta institución. Es para mí un orgullo y espero estar a la altura de semejante honor.

Y decidí cambiar el discurso… En primer lugar, muchísimas gracias por este honor. Es un placer para mí estar aquí. Y la idea es contarles de qué se trata estar en la silla eléctrica, que, creo, es algo que puede resultar de mucha utilidad y cómo es el proceso de toma de decisiones, en especial en situaciones extremadamente complejas. Básicamente, es lo que vengo plasmando desde el discurso de Davos de este último año y en distintos trabajos y que es lo que da nombre a mi próximo libro, que estará publicado en pocos meses, que se llama La moral como política de Estado.

Pero antes quiero hacer una breve introducción de cosas que me han pasado en mi vínculo con el análisis económico y, en especial, con la política. En Argentina soy muy amigo de un gran y prestigioso profesor que se llama…, que es el profesor Juan Carlos de Pablo, que es una eminencia y que no hay autor que haya dejado de leer, y cuando tuve la oportunidad de que llegara a mis manos el artículo de Murray Newton Rothbard, Monopolio y competencia…, yo soy especialista en crecimiento económico con y sin dinero, llevaba más de 25 años dando clases de microeconomía y de equilibrio general, y me enfrentaba a la problemática de lo que en crecimiento se llama “El palo de hockey”, que es la evolución del PBI per cápita desde el inicio de la era cristiana donde es prácticamente constante hasta el año 1800 y después empieza a crecer fuertemente.

De hecho, desde el año 1800 a hoy, la población se multiplicó por más de 10 veces y el PBI per cápita lo hizo cerca de 15 veces. Es decir que un aumento más que proporcional. Es decir, los rendimientos crecientes. Y los rendimientos crecientes en la teoría económica está asociada a estructuras de mercados concentrados y esas estructuras de mercados concentrados señalan que no es óptimo de Pareto, que no es eficiente, que deberían ser regulados. Y la verdad es que parecía muy desafiante porque si miramos la contraparte el 95% de la población vivía en extrema pobreza, es decir, con menos de un dólar diario, y hoy ese número hay que estar cambiándolo para que no dé números ridículos.

Entonces, en ese criterio, la pregunta era cómo puede ser que algo que generó tanto bienestar en la humanidad, para la teoría económica no fuera no solo óptimo, sino que se pensara como algo malo y que había que controlar, regular, cercenar. Eso, claramente, me planteaba un problema fuerte. Es decir, cómo puede ser que los neoclásicos consideraran algo malo que ha sacado a tanta gente de la pobreza. Y en ese sentido, un exalumno, que además trabajaba conmigo, me acercó el artículo de Murray Newton Rothbard, Monopolio y competencia, que es parte del tomo II del libro El hombre, la economía y el Estado, y no olvido más la experiencia: 140 hojas el artículo, me puse frente al artículo, recuerdo que 3 horas después, cuando lo terminé, dije todo lo que enseñé de estructuras de mercado en los últimos 25 años está mal.

Obviamente, eso me llevó a comprar una gran cantidad de libros de escuela austríaca, y empecé a leer de manera intensa, y obviamente ¿qué me pasó? Lo que le pasa a todas las personas que leen a Rothbard: me convertí en anarcocapitalista. En ese contexto, obviamente cuando uno abraza esa visión siente un profundo desprecio por el Estado. Entonces, ey, qué estamos haciendo. Pero entonces una de las cosas que me pasaba, yo, regularmente, almorzaba por lo menos entre tres y cuatro veces por mes con el profesor De Pablo, y él había hablado y hecho reportajes y libros sobre política económica argentina y había hablado con todos los Presidentes de Banco Central y Ministros de Economía desde la mitad del siglo XX para adelante, con todos, y una de las cosas que siempre me pasaba es que estábamos chocando todo el tiempo porque él era como muy condescendiente con los policy makers, y, claro, yo terminaba de leer Rothbard y no quería ver un político pero ni a tres centímetros. Entonces, en ese contexto, es claro que tenía una posición profundamente en contra de la presencia del Estado, y una de las cosas que me di cuenta es que cuando uno está en la tribuna es bastante más fácil que cuando está en el campo de juego, y también, en línea con Rothbard, quien creó el Partido Liberal-Libertario, me di cuenta que las cosas no se cambian gritando desde la tribuna. Es decir, una de las cosas más lindas que tenemos en Argentina son nuestros espectáculos futbolísticos, probablemente si ven un partido de Argentina es una cosa maravillosa, además que le ganamos a casi todos, y espero que eso siga así, pero lo interesante es que ustedes ven el estadio lleno de banderas, de colores, de gente vestida para la ocasión, cánticos muy divertidos, pero ¿saben qué? Ustedes ponen el balón en el centro de la cancha y por más que griten, por más que digan cualquier cosa, no se mueve; el que hace los goles es Messi, y espero que siga haciendo más.

En este sentido, una de las cosas que me di cuenta es que esto no se cambiaba gritando desde la tribuna y que había que involucrarse y es así cómo, cuando festejé mi cumpleaños 50 en el año 2020, decidí ingresar a la política; en el 2021 logré ingresar como diputado nacional por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en el año 2023 llegué a la Presidencia de la Nación. Y en ese contexto, una de las cosas que me di cuenta es que no es que el profesor de Pablo era condescendiente con los policy makers, sino que tenía claro la cantidad de restricciones que enfrenta quien está en el poder, yo lo llamo la silla eléctrica, y es más, tengo una reflexión sobre la silla eléctrica, y es que, yo tengo un mandato con los argentinos por 4 años, con opción a 4 más, que lo determinarán los argentinos el año que viene, pero que una vez que termine yo me voy a retirar de la política totalmente y solamente me voy a ir a un campo alejado, con mis hijitos de cuatro patas, a leer, escribir y dar conferencias.

Y, sinceramente, creo que no debería opinar más de nada una vez que esté fuera de la silla eléctrica porque la silla eléctrica es muy idiosincrática. Es decir, no podría darle ninguna recomendación, o sea, sobre cuestiones concretas, concretas particulares de política a los dueños de otras sillas eléctricas, y es más, les voy a decir algo, hasta sería desatinado e impertinente hacerlo para con quien sea mi sucesor porque no sabemos la cantidad de restricciones que enfrenta quien está en ese momento en el poder, ya sea institucionales, ya sea políticas. Hay un conjunto de restricciones que uno ignora, motivo por el cual después yo le pedí públicamente disculpas al profesor de Pablo porque yo me enojaba porque era demasiado condescendiente, y él me contestó con algo, en su sabiduría, con algo muy interesante, porque nosotros somos amigos y nos juntamos todos los fines de semana a ver ópera en Olivos, y después hablamos, obviamente, de economía y demás, y una de las cosas que él me contó, dice que después de estar reporteando a los distintos Ministros de Economía y Presidentes del Banco Central él se preguntaba cómo esa gente no se infartaba al menos una vez por mes, y dijo que después de ver todas las cosas con las que yo tenía que lidiar, porque, claro, lo veía más de cerca, no entiende cómo no nos infartamos dos veces por día.

Así es que lo primero es que no es fácil estar en la silla eléctrica, suele haber muchas más restricciones que las que creemos que hay. Por lo tanto digamos uno tiene que entender la frase de Albert Armen Alchian que dice «Todo lo que es es óptimo, sino sería diferente». Es decir…, pero probablemente no lo hace porque debe tener algunas restricciones, y si fuera tonto tarde o temprano se va a enterar porque le va la vida en eso. Así es que…, eso como marco general.

Y otro es, que es lo que quiero transmitirles, que es cómo es la toma de decisiones y cómo en mi caso yo tomo decisiones. Es decir, y es mi caso y es cómo yo lo veo y cuáles son las cosas que a mí me ayudan. Por eso es tan importante para mí esto que yo llamo La moral como política de Estado. La moral como política de Estado básicamente son tres bloques. Hay un bloque que tiene que ver con los valores éticos y morales. Hay un segundo bloque que tiene que ver con la eficiencia económica. Y hay un tercer bloque que tiene que ver con el utilitarismo político entendido como políticos tratando de capturar votos para ganar una elección. Y la forma en la cual ustedes tomen decisiones tiene consecuencias. Es decir, tiene consecuencias sobre millones de seres humanos.

Para nosotros lo que está primero son los valores. Cuando nosotros hablamos de los valores éticos y morales lo primero que señalamos es que, desde nuestro punto de vista, no hay lugar al relativismo moral. Es decir, entendemos que distintas culturas puedan tener distintas apreciaciones, pero hay un conjunto de valores que, al menos desde nuestro punto de vista, no son negociables.

En ese sentido, los cuatro bloques que hacen a los valores éticos y morales es entender al hombre desde una perspectiva de la filosofía griega. Es decir, donde hay muchísimos elementos vinculados al pensamiento de los griegos. Por ejemplo, hay un caso muy interesante que es el de Filoctetes. Filoctetes, que participa en la guerra en la cual se toma Troya, por las características de Troya era muy importante los arqueros (¡vamos los arqueros todavía, mi Canciller también fue arquero), pero arqueros, o sea, tiradores de flecha, pero me valía el chiste para mi pasado futbolero. En ese contexto, Filoctetes había sido picado por una serpiente y sus pies generaban muchísimo, pero muchísimo olor. El olor era tan fuerte que Odiseo decide tirarlo en una isla y cuando van a Troya y van a avanzar y entonces le piden al oráculo, el oráculo le dice que sin Filoctetes no iban a poder ganar. Filoctetes solamente aceptaba volver si Odiseo le pedía perdón, y eso es interesante: Odiseo no quería pedir perdón delante de sus pares porque eso lo hacía sentir que era menos poderoso. Entonces, ¿cómo se resuelve esa situación? ¿Pide perdón, pierde poder frente a sus pares, pero gana, o no lo hace y pierde? Entonces, ¿qué es lo que busca? Engañarlo. Entonces, va con el sobrino de Aquiles, con Patroclo, lo engaña a Filoctetes, lo llevan, nunca le pide perdón y ganan Troya.

La pregunta es ¿eso es válido? La respuesta es no. No vale todo por ganar. Porque es una victoria pírrica eso. Eso es ganar haciendo trampa. Eso no sirve. Eso tarde o temprano se va a caer. Es decir, si efectivamente quería ganar, tenía que ir y pedir perdón por el error que había cometido. Es decir, no tratar de burlar al oráculo. Tendría que haberlo hecho pidiendo perdón, y si no estaba dispuesto a pedir perdón, que pierda con todas las de la ley. Porque piensen qué hubiera pasado si cuando lo dejó a Filoctetes, Filoctetes se hubiera muerto…, con lo cual no lo hubiera podido reparar. Por lo tanto, ganar es importante, pero la forma en la que uno gana no es trivial. Si yo tengo un corredor de cien metros llanos, es excelente, es maravilloso, no lo hago conmigo el ejemplo porque no me da el fisic du rol, tendría que bajar unos cuantos kilos y entrenar mucho y aún así a esta edad ya no lo podría hacer, y supongan que su par, uno de sus pares es Usain Bolt, si ustedes estuvieran focalizados solamente en la eficiencia y en querer ganar, y están perdiendo siempre contra un Usain Bolt, bueno, una solución es pegarle un tiro en la cabeza a Usain Bolt; querían ganar, van a ganar.

Pero eso no es ganar. El simple hecho de que le hayan disparado en la cabeza para sacarlo de la competencia significa que son unos perdedores y van a cargar con esa derrota ad eternum. Entonces, para ganar no vale todo, y ese caso es si Odiseo no quería pedir disculpas, que se la banque y pierda. Y si quería ganar, porque consideraba que ganar era más importante, debería haber pedido perdón porque Filoctetes podría haber muerto, y no tratar de burlar al oráculo para después tener una victoria pírrica porque en el fondo ¿ustedes creen que los pares no saben que es un traidor, un mentiroso, alguien no confiable?

Por eso la filosofía griega está llena de estos casos maravillosos para estar pensando cómo reflexionar. Otro tema muy importante es el derecho romano, la fuente claramente es Ulpiano. Y cuando hablamos del derecho básicamente hablamos del derecho natural, y que cuando el derecho positivo no coincide con el derecho natural, eso se vuelve ilegítimo. Es decir, ustedes pueden sancionar una ley, puede ser legal, pero eso no lo hace legítimo. De vuelta: ustedes sancionan una ley donde pueden matar personas, puede ser legal, pero es ilegítimo. Y cada cosa que ustedes hagan en contra del derecho natural va a ser ilegítimo.

Por lo tanto, cada vez que ustedes vayan contra la vida, la libertad y la propiedad, y además lo hacen desde el Estado, es decir, por definición violando el principio de no agresión, inexorablemente eso va a terminar mal. Por otra parte, el tercer elemento es la rectitud de los estoicos, pero más pensado desde lo Adam Smith, no tanto como una cuestión de autoflagelación, sino más bien en línea del capítulo VIII de La teoría de los sentimientos morales, que tiene que ver con la virtud. Y la virtud, lo que trataba Adam Smith en ese punto, no es muy distinto a lo que tuvo que enfrentar el rey Salomón, el rey sabio, que es cuando se encuentra frente al hecho de que va a ser emperador, era muy joven, entonces, le pide tres deseos al creador y le pide sabiduría para poder discernir entre el bien y el mal porque muchas veces el mal se enmascara. Entonces, ustedes, a veces, digo el mal no es tan obvio de venir pintado de malo, viene arropado de las mejores intenciones. En general…, pero siempre son rojos.

Entonces, básicamente, la segunda es, logrando distinguir el bien del mal, es el coraje para elegir el bien, y no solo ustedes tienen que discernir entre el bien y el mal y tener el coraje para elegir el bien, además tienen que tener la templanza de mantenerse en el camino del bien, y eso es una materia adicional. Obviamente que cuando ocupan una posición de poder hay una cuarta, un cuarto deseo, que es ser justo, y eso en la parte de eficiencia va a tomar todo un rol fundamental.

En el caso de Adam Smith tanto el coraje como la templanza lo agrupa en el autocontrol y adiciona una nueva virtud, que es la beneficencia, pero entendida como caridad, pero voluntaria, no impuesta a punta de pistola. Si la caridad es a punta de pistola como la hace el Estado, eso no es caridad, eso es robo disfrazado de altruismo. Hay una frase hermosa de Thomas Sowell que dice desde cuándo la envidia dejó de ser un pecado capital para convertirse en una virtud porque en el fondo, como también dice Thomas Sowell, la justicia social no es ni más ni menos que envidia más retórica.

Y en esta parte, el cuarto punto respecto a lo que son los valores éticos y morales juega un rol fundamental los valores judeocristianos. Y esos valores ya están escritos desde el libro de Shemot, es decir desde el libro del Éxodo, es decir el segundo libro del Pentateuco o la Torá. Cuando ustedes estudian la Torá, en el segundo libro, que es el de Shemot, es decir el Éxodo, en la Parashat Itró, que es esa porción de la semana que se estudia de la Torá es la que el creador le entrega las tablas de la ley a Moisés, que después la lleva al pueblo y se las presenta. Es Interesante cómo ya en el primer mandamiento de la versión hebrea está proclamada la libertad porque el primer mandamiento dice «Yo soy tu Dios, el que te sacó de la esclavitud de Egipto». Es decir, en el primer mandamiento está declarada la libertad abiertamente.

Entonces no solo se proclama la libertad, también se proclama el derecho a la vida. El sexto mandamiento dice «No matarás», siempre estoy hablando de la versión hebrea. El octavo mandamiento dice «No robarás». El noveno dice «No levantarás falso testimonio», o sea, no vas a mentir; se lo podríamos recordar todos los días a los periodistas, en lo que se dedican a vender las noticias según quien les pague con pauta oficial.

Y eso, si ustedes se fijan, guarda perfecta relación con lo que definimos como liberalismo. Yo suelo trabajar recurrentemente con una definición que ha dado nuestro máximo referente de las ideas de la libertad, el profesor Alberto Benegas Lynch hijo, que dice «El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo basado en el principio de no agresión, en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad». Es decir, es una exaltación de lo que tiene que ver con el derecho natural y de no estar interfiriendo en la vida de otras personas.

Entonces, dado este marco analítico de valores éticos y morales, pasamos al segundo bloque. El segundo bloque es el de la eficiencia económica. En lo que tiene que ver la eficiencia económica hay dos situaciones. Está la versión estática y está la versión dinámica. La versión estática está más emparentada con lo que en el formato neoclásico llamamos el óptimo de Pareto. La cuestión del óptimo de Pareto que parece bastante razonable en principio y que parecería como un intento en el formato neoclásico de poner en funcionamiento la idea de la mano invisible y demostrar su eficiencia, básicamente lo que ustedes tienen es que una situación donde si ustedes pueden mejorar a alguien sin empeorar a nadie, eso ustedes tendrían una ganancia paretiana. El óptimo de Pareto sería cuando todas esas posibilidades de ganancias se agotan. Es decir que no podrían mejorar a alguien sin estar empeorando al otro. Hasta ahí parece bastante inofensiva. El problema es cuando los economistas abordan el problema del estudio del equilibrio. El estudio del equilibrio básicamente tiene tres elementos, la prueba de que si existe, si es único y si es estable.

Hasta ahí también es bastante inocuo. El problema radica que cuando lo queremos definir en términos de óptimo de Pareto y lo queremos ligar con la mano invisible, queremos derivar esto de que cada uno guiado por su propio interés conduce al máximo bienestar general. El tema es cómo construimos la prueba. Se los dice un fanático de Adam Smith, no voy a estar cuestionando a Adam Smith, yo lo revalorizo infinitamente. De hecho, para mí Adam Smith es a la economía lo que Gauss a la matemática, alguien que se adelantó 200 años.

De hecho, su máximo discípulo decía que era el Newton de la filosofía. Así es que era un personaje de fuste y bien ganado tiene el nombre de padre de la economía. Pero al margen de eso, el problema radica en la instrumentación matemática de la cuestión de la optimalidad. Es decir, porque yo para probar la existencia, necesito aplicar un teorema de punto fijo. Para hacer más fácil, voy a usar directamente el teorema de punto fijo de Brouwer, para así lo hago con funciones y tengo una solución única. Entonces yo lo que necesito es que esa función…. ¿qué es el teorema de punto fijo? No es ni más ni menos que el teorema del valor medio, pero generalizado. Yo tengo una función que es continua en un conjunto y qué pasa de negativo a positivo, tiene que haber un punto donde eso es cero. Bueno ahora piense la función de exceso de demanda en función de los precios, que a un precio el exceso de demanda sea cero significa que oferta y demanda es igual. Es decir que están en equilibrio.

Por lo cual, en ese caso, existiría, además, como estamos hablando de funciones, son aplicaciones punto a punto, por ende el equilibrio además sería único. Y si aseguramos que los efectos directos, superan a los efectos cruzados, la matriz de la dinámica es definida negativa y, por ende, el sistema es estable. O sea con lo cual hasta ahí está todo inocuo, hasta ahí nadie tiene problema. ¿El problema cuando es? Cuando nosotros queremos meter la optimalidad. Y cuando queremos meter la optimalidad entonces le empezamos a pedir que las funciones de oferta y demanda fueran derivadas de ejercicios de optimización tal que sean máximos. Entonces, si las funciones de oferta y demanda son derivadas de ejercicios de optimización, donde ustedes tienen las respuestas óptimas. Entonces cada uno llevando a cabo su propia maximización conduce al máximo bienestar general.

Ahora, ¿qué es lo que sucede? Eso implica una estructura topológica, trabajar con una estructura topológica. El problema radica en que cuando en la vida real no coincide la realidad con el modelo que deriva de una estructura topológica, ¿qué es lo que hacemos? Bueno, alguien que toma decisiones y le va la vida en ello, deja de lado el modelo y trata de hacer algo que mapea con la realidad. Los economistas decidimos otra cosa, y es decir que es ineficiente y que es un fallo de mercado. Es decir, el modelo no está mal, lo que está equivocado es la realidad.

Bueno eso puede traer algunos problemas. Esa posición por ejemplo, respecto a los rendimientos crecientes, lo que haría es eso implicaría un problema para conseguir un máximo, consecuentemente no tendrían optimalidad de Pareto y consecuentemente, ¿qué es lo que hacen? Regulan asimilando a una empresa competitiva. Cuando hacen eso, matan los rendimientos crecientes y cuando matan los rendimientos crecientes, matan el crecimiento económico. Y crecer porque están atestados de regulaciones. Perdón que se los días tan violentamente pero vengo de un país que está repleto de regulaciones. Hemos quitado 16.000 regulaciones en dos años, a un ritmo de 17 por día.

Por lo tanto, entonces la pregunta es, ¿estás de acuerdo con la idea de Adam Smith? Sí, estoy de acuerdo con la idea de la mano invisible. Lo que no estoy de acuerdo es la estructura matemática con la que trabajamos los economistas y si ustedes toman el trabajo de Hans Hermann Hoppe, hacen la derivación de la optimalidad desde la lógica sin tener que ceñirse a una estructura matemática. Y, consecuentemente, si ustedes no violan el principio de no agresión, algo entendible y razonable, que no violemos el principio de no agresión, si respetamos la propiedad privada, obviamente que vamos a respetar el derecho a la vida, ¿qué es lo que ocurre? Y respetamos el principio de apropiación originaria de Locke, es decir, que si estamos respetando el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, el resultado emergente desde la construcción lógica que hace Hans Hermann Hoppe, deriva en un óptimo sin tener que ceñirnos a ninguna estructura matemática o a una estructura topológica que condiciona la forma en la cual miramos la realidad y, entonces, esa fantasmagórica visión de los fallos de mercado desaparece.

Es decir, los fallos de mercado es un problema donde la realidad no mapea con el modelo y tenemos esa arrogancia de decir que en lo equivocado está la realidad. Si van a tomar decisiones, no tomen decisiones pensando que la realidad está equivocada, les va a ir muy mal. Ese es el primer punto respecto a la eficiencia.

Por lo tanto, ustedes pueden seguir sosteniendo la idea de Adam Smith, pero desde una construcción alternativa que nos permite evitar estas atrocidades de los fallos de mercado. El segundo punto en términos de la eficiencia es el concepto brillante que desarrolló el profesor Huerta de Soto, que es el concepto de eficiencia dinámica. Claramente, digamos, muy ligado también a Schumpeter y la idea de la destrucción creativa.

Y lo primero que hay que entender es que si ustedes tuvieran un modelo, digamos, neoclásico, tipo perfectamente competitivo, ustedes no tendrían incentivos para invertir. Sería absolutamente ineficiente porque ustedes estarían hundiendo recursos, estarían estando en una situación de menos retorno respecto a sus pares, para ir sobre proyectos inciertos en el futuro, lo cual sería profundamente ineficiente, o sea, los conduciría a la quiebra. Es decir, salvo que ustedes puedan capturar hacia adelante, ¿qué? Retornos extraordinarios.

Es decir, la contracara de los procesos de crecimiento, vinculado a la destrucción creativa, inexorablemente implica tener que trabajar con estructuras concentradas o con rendimientos crecientes. Porque si no, de ninguna manera, podrían estar invirtiendo. Sería un acto suicida.

Y una de las cosas maravillosas que señala el profesor Huerta de Soto es que señala que ustedes no pueden, en el altar de la eficiencia, sacrificar la justicia. Es decir, algo eficiente no puede ser injusto. Es, de vuelta, el caso del corredor que le quiere ganar a Usain Bolt. Pegarle un tiro en la cabeza no vale, no es sostenible. De hecho, si las instituciones funcionaran bien, tiene que terminar preso. Con lo cual, no funciona. Entonces, eficiencia y justicia son dos caras de la misma moneda.

Y cuando ustedes respetan los valores que son las bases del capitalismo, de libre empresa, que son los valores judeocristianos y actúan de manera justa, esas sociedades prosperan. Es decir, es la hazaña civilizatoria de Occidente los que nos sacó del pozo, los que nos convirtió en tener un nivel de vida infinitamente mejor que el que tenían nuestros pares de hace 250 años. Ni siquiera necesito irme más atrás, porque la condición de vida, la condición normal de vida, yo a veces me causa gracia cuando dicen no, hay que, digamos, explicar la pobreza.

No, la condición natural del hombre a lo largo de la historia fue la pobreza. Lo que hay que explicar es cómo generar la riqueza. Y la forma de generar riqueza es con el capitalismo de libre empresa.

Y el capitalismo de libre empresa no sale de un repollo, surge de un conjunto de valores judeocristianos. Y esos valores judeocristianos están ya escritos en las tablas de la ley, en el libro del Éxodo, en el libro de Shemot de la Parashat Itró. Ustedes respetan esos valores judeocristianos, van a prosperar. De hecho, el epílogo de mi libro se llama Capitalismo, la divina maquinaria del paraíso.

Los seres humanos fuimos expulsados del paraíso. Por ende, no vamos a poder volver al paraíso. Eso nos fue negado. Ya está, nos expulsaron. ¿Qué era el paraíso? En el paraíso no es que no se trabajaba. El creador le había dicho al hombre que debía ocuparse de cuidar el jardín del Edén. O sea, que no es que no se trabajaba. El trabajo existía en el paraíso. Lo que caracteriza al paraíso es que las dotaciones, lo voy a decir en términos de equilibrio general, son infinitas. Es decir, no se agotan.

Y además, el conocimiento, la tecnología es infinita. Por lo tanto, ustedes podían en el jardín del Edén hacer de todo. Y trabajaban y no sudaban. Aprendían sin esfuerzo. Y eso es lo que perdimos cuando fuimos expulsados del paraíso. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente. Pero el trabajo ya existía antes. Nada más que ahora iban a tener que transpirar, iban a tener que padecerla al momento de trabajar. Y ahora no había más dotaciones infinitas. Y la tecnología la tenían que descubrir. Pero el Creador nos tira un centro y nos manda las tablas de la ley. Si respetamos la tabla de la ley, vamos a poder llevar la tierra, digamos, no consta de los rabinos y los distintos ministros religiosos. No tienen como misión llevar a los fieles al paraíso, sino que es traer el paraíso. Y si ustedes adhieren a las tablas de la ley, esos valores son la base del capitalismo de libre empresa y, consecuentemente, prospera. Y cuando ustedes se apartan de esos valores y abrazan al satánico, que era efectivamente el satánico, como el señor Carlos Marx, y cuyos valores son la envidia, el odio, el resentimiento, el trato desigual frente a la ley y si es necesario asesinar gente en función de una causa y así mataron a 150 millones de seres humanos, es el modelo opuesto.

Y si el modelo, digamos, de la maquinaria divina genera prosperidad, el modelo opuesto, ¿qué va a generar? Empobrecimiento. Por eso siempre fue un fracaso en lo económico, en lo social y en lo cultural, y mataron a 150 millones de seres humanos por una idea estúpida, por una idea satánica, porque el propio Marx tiene escritos satánicos. Por eso, ustedes van a encontrar a los terroristas alineados con la izquierda, porque tienen un enemigo común, que es el capitalismo de libre empresa que está basado en los valores judeocristianos. Por eso, la izquierda y los terroristas desprecian a Israel, e Israel es el bastión de occidente.

Y la última parte es el utilitarismo político. Cuando ustedes obran de manera justa, ustedes son eficientes, la economía prospera y ¿sabe qué? Los van a votar. Cuando ustedes obran buscando los votos por el mismo costo, eso va a terminar mal.

Ejemplo, la justicia social es aberrante, puede generar votos. Yo tengo una persona que gana 500 euros y tengo cuatro que ganan cero. Puede venir un político, supongamos que no tuviera las manos porosas o muy porosas, que se le escapan 24 millones por algún lado, o un millón y medio de joyas, no importa, esas filtraciones o las filtraciones en la mujer, no sé, son detalles. Digamos, es una elucubración teórica nada más. Bueno, dicho esto, supongamos que le saca al primero 400 y quedan todos iguales en 100. ¿Qué es lo que va a pasar? Si van a una votación ganan con el 80%. Pero ¿cuál es el problema? Que eso es injusto.

Y como es injusto porque fíjense que le están robando a uno, con lo cual eso es injusto, y además los tratan desigualmente frente a la ley, porque a uno lo hacen perder y a otros ganar, y lo hacen con un motivo de utilitarismo político. Van a ganar las elecciones, pero ¿cuál es la consecuencia? Van a destrozar la eficiencia, van a destrozar la asignación de capital y por ende se van a hundir. ¿Quieren un ejemplo de la justicia social? Argentina era de los países más ricos del mundo a inicio del siglo XX. Haber abrazado dosis crecientes de socialismo nos ha convertido en un país de la mitad de tabla para abajo.

Cuando nosotros llegamos al poder teníamos las características, todas juntas, de las tres peores crisis en la historia argentina. Teníamos un desequilibrio monetario, o sea, un money overhang, del doble del que había previo a la crisis del ‘75, conocida como Rodrigazo, que implicó multiplicar por seis la tasa de inflación de un día para el otro, con lo cual de un día para el otro nosotros podríamos haber multiplicado la inflación por doce veces. Además, teníamos un desequilibrio en el Banco Central peor que el que había en la previa de la hiperinflación de Alfonsín en el año ‘89.

Teníamos cuatro bases monetarias venciendo a un día. Por lo tanto, estaba la posibilidad de quintuplicar la cantidad de dinero en un día. Teníamos deuda venciendo en un lapso de menos de 30 días por el equivalente de 10 bases monetarias. Es decir, si ustedes se fijan podríamos haber estado multiplicando por 15 la cantidad de dinero en menos de 30 días.

La inflación viajaba al 1,5% diario. Íbamos camino a una hiperinflación que podría haber llegado al 15,000% cuando hacen los números monetarios, y a eso le tenemos que sumar que teníamos indicadores sociales peores que los que teníamos en el 2001. Es decir, teníamos la suma de todos los males.

Entonces, la pregunta es: ¿cómo hiciste? Bueno, la primera parte es rodearse de un buen equipo. Es decir, y sin lugar a dudas me rodee de gente muy talentosa. Por ejemplo, uno de los arquitectos de haber evitado la hiperinflación está acá, que es el Canciller Quirno que en el inicio del gobierno era Secretario de Finanzas trabajando con Toto Caputo, el Ministro de Economía y con el Presidente del Banco Central.

Porque, por ejemplo, ¿cómo uno hace para frenar toda esa monstruosidad de emisión que venía? Bueno, en otros periodos de la historia lo resolvieron con confiscaciones. Ejemplo, previo a la Convertibilidad, un supuesto plan exitoso, previo tuvo una confiscación, se llamó Plan Bonex. Es decir, los tenedores de depósitos perdieron el 90% del valor.

Y si yo hablo de la moral como política de Estado y yo hablo de que hay que respetar el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, ¿cómo voy a iniciar un proceso de estabilización basado en una expropiación? Es incoherente. Entonces, ¿cómo hacía para evitar la hiperinflación? Bueno, teníamos un déficit fiscal de 15 puntos del PBI, 5 en el Tesoro, 10 en el Banco Central. Estoy con las aplicaciones ya.

Entonces, yo había dicho que iba a poner, hacia campaña con una motosierra y decía que en el primer año iba a alcanzar el equilibrio fiscal. Me decían que estaba loco, que eso era imposible, que ni siquiera lo iba a poder lograr en los cuatro años de mandato, porque no se podía ajustar ni de casualidad más que un punto por año. Nosotros consideramos que el déficit fiscal es inmoral, porque si lo financio con emisión monetaria es una estafa, es una falsificación de dinero y además termina en un impuesto inflacionario que es profundamente regresivo y además genera ineficiencia en el funcionamiento del sistema de precios. Si lo financio con deuda es profundamente inmoral, porque quiere decir que entonces la fiesta de hoy la pagan las generaciones futuras, nuestros hijos, nuestros nietos, personas que aún no nacieron. Es profundamente inmoral. Es decir, que nos vayamos de fiesta nosotros y la paguen nuestros herederos.

Es un disparate. Es inmoral. Por lo tanto, la deuda no era una solución.

Es más, por primera vez en la historia argentina la deuda pasó de 550 mil millones de dólares a 500 mil millones de dólares. Es decir, pagamos cash 50 mil millones de dólares. Pero no solo eso.

Entonces, ¿qué hacemos? Hay que achicar el déficit. ¿Qué hubiera hecho cualquier político? Subir los impuestos. Pero eso es violentar el derecho de propiedad. Por ende, eso también es inmoral. Es aumentar las coerciones, es aumentar el tamaño del Estado, es robar, es quitar libertad. Por lo tanto, la única solución que nosotros veíamos viable era bajar el gasto público. ¿Y qué hicimos? Hicimos un ajuste fiscal de cinco puntos del PBI en un mes. Redujimos a casi un tercio la cantidad de ministerios. Bajamos el gasto público 30% en términos reales.

Y cuando hicimos eso, ¿qué dijeron? Que nos íbamos a hundir en una gran depresión. No solo que no caímos en una gran... haciendo explotar la pobreza y la indigencia. No solo que no caímos en una gran depresión.

Desde que asumimos a hoy en la versión del EMAE desestacionalizado, que es el PBI en frecuencia mensual, estamos 11% arriba. Quiere decir que la economía argentina crece en promedio al 5% anual, cuando en los 100 años anteriores lo hizo al 1. Es decir, quintuplicamos al ritmo al cual la economía argentina crece.

¿Qué pasó con los pobres? Tenemos aquí a la Ministra de Capital Humano. Cuando sinceramos, la pobreza era del 57% en la frecuencia mensual. Hoy es 28. Es decir, sacamos casi al 30% de los argentinos de la pobreza. Es decir, 14 millones de argentinos dejaron de ser pobres.

La indigencia, que estaba en torno al 20%, hoy está debajo del 7%. Es decir, cayó en dos tercios. Es decir, la gente que no alcanza para comer. Y los niños, que son el futuro, y estos ya no son números nuestros, son los de UNICEF. La pobreza infantil, que estaba en el 70%, hoy es del 42. Es decir, sacamos casi un tercio de los chicos de la pobreza. Hoy un tercio de los chicos dejaron de ser pobres. ¿Que falta mucho? No hay lugar a dudas.

Claro, ¿qué es lo que informan los medios? La pobreza en Argentina se ubicó en el 42%. Veníamos del 70.

Entonces, vean cómo, además, todo lo que tuvo que ver con la reestructuración del Banco Central se hizo todo a mercado. Toda la deuda se fue negociando a mercado. Nunca se violó un derecho de propiedad. Y la inflación, que estaba en torno al 211% en minoristas y al 300% en mayoristas, y que en dinámica se iba a 15.000, hoy oscila entre el 30% y el 25%.

¿Que queda mucho por hacer? Claro, no hay duda. Pero lo hicimos sin violar los derechos de propiedad, devolviéndole la libertad a los argentinos. Por lo tanto, cuando ustedes deciden abrazar los valores judeo-cristianos, que esta es una reflexión fundamental del trabajo de Huerta de Soto, ustedes se van a meter en un sendero eficiente y van a prosperar.
Y nosotros eso lo hacemos desde el primer día. Yo les fijo a mis Ministros el norte y les digo qué parte de la caja de herramientas no se pueden usar porque son inmorales. Y eso inexorablemente trae prosperidad y estamos haciendo grande a la Argentina nuevamente.

Que Dios los bendiga, que las fuerzas del cielo los acompañe y ¡viva la libertad, carajo! Muchas gracias.

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