Discurso del Presidente Javier Milei en el primer plenario de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA)

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Discurso del Presidente Javier Milei en el primer plenario de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA)

Buenos días a todos. Señor Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Pablo Quirno. Señor Presidente de la IHRA, Marcelo Mindlin. Señora Secretaria General de la IHRA, Micaela Küchler. Autoridades nacionales, cuerpo diplomático acreditado en la República, delegaciones de los países miembros y observadores, sobrevivientes, familiares y amigos de la comunidad judía. Bienvenidos a la República Argentina.

Para mí es un verdadero honor recibirlos en Buenos Aires e inaugurar formalmente los trabajos de la Presidencia Argentina de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, la IHRA.

Para nuestro país, esta presidencia representa la materialización de una decisión histórica. En enero de este año, durante la conmemoración del Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, anuncié que la Argentina asumiría un papel de liderazgo en la IHRA.

Hoy, ese mandato toma forma en esta sala, en delegaciones reunidas de todo el mundo y en una agenda de trabajo ambiciosa que busca fortalecer la memoria, enfrentar al antisemitismo y expandir esta causa en toda nuestra región.

Que Argentina sea el primer país latinoamericano en presidir la IHRA nos enorgullece profundamente. El compromiso con la lucha contra el antisemitismo es una muestra del claro compromiso con los principios morales que tiene nuestro Gobierno y el resultado de decisiones tomadas desde el primer día de gestión.

Nuestro país tiene una relación histórica especial con el Holocausto. Recibió a miles de sobrevivientes que reconstruyeron sus vidas en nuestra tierra y que enriquecieron nuestra identidad nacional con trabajo, cultura, fe, talento y amor por la libertad. La comunidad judía, que escapó del horror europeo, supo sobreponerse a este evento cataclísmico y recomponer sus vidas en libertad. Crearon escuelas, hospitales, empresas y contribuyeron a hacer de este un país mejor, concretamente muchísimo mejor.

Pero, si bien acogimos refugiados y víctimas de la Shoah, también debemos mirar de frente el hecho de que al mismo tiempo le abrimos la puerta a criminales de guerra nazis y colaboradores que buscaban refugio en nuestro territorio después de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, la Cancillería impulsa una iniciativa para resguardar y facilitar el acceso a los archivos vinculados con el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial.

Cada documento recuperado, cada expediente abierto y cada nombre preservado constituye una victoria de la verdad sobre el silencio. Por esto, debemos reconocer el peso de la responsabilidad que tenemos como país frente a las delegaciones miembro, especialmente dado que Argentina alberga la comunidad judía más grande de América Latina.

Esa es la razón por la cual la Argentina se involucró con tanta determinación en esta causa. El Canciller Pablo Quirno y la Cancillería han asumido un papel central en la articulación institucional de esta presidencia. Marcelo Mindlin ejerce esta responsabilidad con una trayectoria reconocida, un involucramiento personal profundo y el respaldo de su labor al frente del Museo del Holocausto de Buenos Aires.

También acompaña en esta tarea el Ministerio de Capital Humano, a través de la Secretaría de Educación, y el Ministerio de Justicia a través de la Subsecretaría de Derechos Humanos. Esta articulación demuestra lo que un Estado puede lograr cuando existe decisión política, claridad moral y objetivos comunes.

Bajo el lema “Expandiendo las fronteras de la memoria”, la presidencia argentina busca proyectar el trabajo de la IHRA hacia América Latina. Nuestra región no está inmunizada frente al odio. Por eso, esta presidencia busca construir conciencia antes de que la indiferencia vuelva a abrirle espacio a la intolerancia.

Y para esto debemos entender el fenómeno del antisemitismo en toda su profundidad. El Talmud afirma que el odio al judío nace en el propio monte Sinaí, allí donde se recibieron los diez mandamientos. Lo expresa mediante un juego de palabras. Odio en hebreo se dice Sina, y afirma en que aquel monte Sinaí comenzó la Sina, el odio como resistencia a los valores morales.

Por eso, combatir el antisemitismo no es solo defender a un pueblo, es defender la moral que está en la base de nuestra civilización, porque es el rechazo a estos valores el que a lo largo de la historia ha alimentado el odio al judío.

En todo tiempo y lugar en el que ha surgido el antisemitismo ha estado acompañado de sentimientos hostiles a Occidente, y de esa hostilidad es que saca su fuerza. Así, a tan solo 81 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, hoy tenemos que aceptar que el antisemitismo global no retrocedió, tan solo se reorganizó.

El ataque terrorista de Hamas el 7 de octubre fue un punto de inflexión que hizo innegable lo que muchos preferían ignorar. El espectro del odio sigue tan vivo como nunca, y no se va a detener en su misión de destruir al judaísmo y a Occidente todo. Tengamos presente esto: Israel es el bastión de Occidente. La pelea contra Israel, si Israel cayera, luego viene Occidente.

Debemos defender la posición de Israel desde un lugar moral porque es una causa justa. Pero si no quieren entenderlo como una causa justa, habría que entenderlo como una cuestión utilitaria.

Si se llevaran puesto Israel, se van a llevar puesto a Occidente. Por ende, no solo tenemos que defender a Israel por una cuestión utilitarista, la tenemos que defender por sobre todas las cosas, porque es una causa noble, y no podemos bajar los brazos porque en esa batalla se van a llevar puesto a Occidente.

Por este motivo, no tenemos reparo alguno en sostener que hoy existe una alianza implícita entre la izquierda radical y el terrorismo islamita. Esta alianza funciona como vector contemporáneo del antisemitismo, y el hilo secreto que los une no es otro que el odio a la civilización occidental.

Por eso, la proliferación del antisemitismo es el canario en la mina de la decadencia, es lo primero que nos indica el sendero de destrucción por el que nos quieren conducir.

Por eso, debemos tener algo en claro, la IHRA es tan fuerte como la voluntad política de sus miembros. El organismo no puede suplir lo que los Estados no están dispuestos a hacer solos, y quedar reducido a tan solo otro foro en donde se emiten discursos altisonantes, llenos de buenas intenciones, sin resultados concretos. Las palabras deben ser llevadas a la práctica con acciones, con voluntad política y compromiso real, así como lo hacemos nosotros en cada foro en el cual nos presentamos.

Por eso, para combatir el antisemitismo contemporáneo, y a la vista de todos los acontecimientos que hemos vivido estos últimos años, queda claro que debemos vincular la lucha contra el antisemitismo con la lucha contra el terrorismo de forma explícita.

Hoy, el odio a Occidente es también el odio antijudío. La separación de los dos temas es un lujo que ya no existe. En este sentido, Argentina predica con el ejemplo y ya tomó amplias cartas en el asunto. Declaramos a Hamas, a la Guardia Revolucionaria iraní, y a las Fuerzas Quds como organizaciones terroristas, e incorporamos sus estructuras al registro público de personas y entidades vinculadas a actos de terrorismo y su financiamiento.

También expulsamos al encargado de negocios del régimen iraní de nuestro país. A su vez, abonamos a los acuerdos de Isaac, porque queremos que América Latina fortalezca una coalición moral, diplomática y cultural contra el antisemitismo, el terrorismo y toda forma de fanatismo que ataque a la vida, la libertad y la dignidad humana.

Estos acuerdos constituyen la extensión regional del espíritu de los acuerdos de Abraham, una política insignia en la normalización de Medio Oriente y que esperamos sea cada vez más sólida y abarcativa en el tiempo.

Tomamos todas estas medidas porque son moralmente correctas, pero también porque la Argentina no es ajena al dolor causado por el antisemitismo. Sufrimos los atentados terroristas contra la Embajada de Israel y contra la AMIA, heridas que todavía atraviesan nuestra conciencia nacional y continúa reclamando justicia.

Esta causa no nos resulta ajena, nos interpela desde nuestra historia, desde nuestras heridas y desde el corazón mismo de nuestra Nación. Por eso, nuestro reclamo permanente de justicia por estos atentados es una forma concreta de memoria y un compromiso nacional con la lucha contra el antisemitismo.

Por todo esto, quiero hacer un llamado a los miembros de IHRA y a las delegaciones aquí presentes. En todo momento y en todo lugar en la historia, el silencio de los justos es lo que permite la barbarie y las atrocidades de los injustos. Cuando el bien calla, la maldad habla. El silencio frente al crecimiento del antisemitismo no es una opción.

En los próximos días, las delegaciones tendrán una agenda intensa, habrá reuniones de grupos de trabajo, comités, talleres sobre nazis en la Argentina, sobrevivientes de nuestro país, educación, antisemitismo, negacionismo y crímenes contra la humanidad. Esa agenda refleja la amplitud de la tarea y la profundidad de la responsabilidad.

Concebimos la presidencia argentina del IHRA más allá de un mandato de 12 meses. Creemos firmemente que es una oportunidad histórica para que América Latina tome partido de forma clara en esta disputa civilizatoria, y que con esto logre elevarse en el gran concierto de las naciones haciendo honor a su tradición de lucha por los derechos humanos y su compromiso con la civilización occidental.

Que Dios los bendiga a todos, que las fuerzas del cielo nos acompañen y muchísimas gracias a todos por estar aquí.

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