Palabras del Presidente de la Nación, Alberto Fernández, durante la firma del Acuerdo Federal de la Hidrovía Paraguay-Paraná, desde el Puerto General San Martín, provincia de Santa Fe

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Palabras del Presidente de la Nación, Alberto Fernández, durante la firma del Acuerdo Federal de la Hidrovía Paraguay-Paraná, desde el Puerto General San Martín, provincia de Santa Fe.

 

Muy buenas tardes a todos y a todas, gracias querido Gobernador Omar Perotti por tus palabras, gracias a cada Gobernador aquí presente, gracias a las Diputadas y Diputados, de Santa Fe, al compañero Smitti, que veo allá lejos, gracias a los legisladores de la provincia, gracias a los ministros que me acompañaron: yo me siento muy feliz de ser – lo que siempre digo que soy –el más federal de los porteños y lo digo porque nací y crecí en una ciudad opulenta, que tiene el ingreso per cápita de las capitales más importantes de Europa, que se ha desarrollado a merced del esfuerzo de toda la Argentina, que trasladaba allí, a la ciudad donde nací y que tanto quiero, deseo aclarar, riqueza para poder salir de los puertos de Buenos Aires al mundo.

Y la verdad que esa maravillosa ciudad, que es Buenos Aires, que me enorgullece, que enorgullece a todos, que todos la disfrutamos, es al mismo tiempo una ciudad, que nos llena de culpas, de verla tan opulenta, de verla tan bella, tan desigual y tan injusta con el resto del país, tan injusta, porque en realidad nadie se puede sentir plenamente satisfecho, viviendo en un país, donde en una ciudad el ingreso per cápita puede ser equiparable a la de la mejor capital, de Europa, y en tantos lugares del resto de nuestra Patria, el ingreso per cápita se puede comparar con los pueblos más pobres del mundo. Porque eso sólo demuestra lo que fuimos capaces de construir: desigualdad y desequilibrio.

Y la verdad es que siempre soñé con el momento, en que alguna vez Buenos Aires le devuelva al resto del país todo lo que el resto del país le dio a Buenos Aires. Y tal vez deba hacerlo con un presidente porteño. No lo sé, pero ha llegado la hora de que la Argentina crezca con otra lógica; crezca con otro equilibrio, que el desarrollo no sólo esté concentrado allí, en el Puerto de Buenos Aires, sino que el desarrollo se distribuya en cada lugar de este país tan querido que llamamos Argentina.

Eso que siempre cuento con un sueño, ver la posibilidad de cada uno encuentre su destino en el mismo lugar, donde ha nacido, es – tal vez – la mayor aspiración que yo tengo, que el que ha nacido en Jujuy encuentre en Jujuy, o en Salta, o en Formosa, o en Santa Cruz, o en Tierra del Fuego, o en Mendoza, en San Juan, en Entre Ríos, o en Corriente, cualquiera sea la latitud del territorio que elijan, que allá donde hayan nacido encuentren la posibilidad de crecer, de educarse, de encontrar un trabajo, de formar una familia, de divertirse y que un día puedan morir felices – allí en el mismo lugar donde nacieron – felices de haber vivido en el lugar donde nacieron. Y no seguir construyendo esta Patria, donde algunos se escapan de la pobreza y se concentran en las grandes ciudades para sólo disputar más pobreza, entre los desesperados que escapan del mundo de los pobres. Ahora ¿cómo poder construir esa Argentina más igual? De este modo, haciendo lo necesario para que cada rincón, de la Argentina, pueda desarrollarse del mejor modo.

Lo que tenemos a la izquierda no es un maravilloso río, que lo es, es una canal de desarrollo para muchas provincias, es el canal de desarrollo para muchos productores norteños, de la Patria; ese norte que sistemáticamente fue olvidado, en un país que se construyó de tal modo que tiene un centro y tiene dos periferias al norte y al sur. ¿Y quién puede vivir en paz sabiendo que hay un país central y que hay países periféricos? Nadie, absolutamente nadie.

Por eso, lo que vemos aquí es un canal de progreso para Formosa, para el Chaco, para Corrientes, para Entre Ríos, para Santa Fe, para Buenos Aires, provincias a cuyo litoral nacen puertos, que permiten sacar producción de las provincias del norte, y también del centro del país, como bien decía el Gobernador Perotti. Acá cerca, en Timbúes, sale mucha producción cordobesa y allí llegó el tren. Y ese tren - ministro Meoni – tiene que llegar a cada puerto, de las laderas de este río para favorecer el traslado de la producción y que ya no lleguen sólo un millón de camiones, que lleguen camiones y trenes, cargados de producción, que por este río remonten y salgan al Atlántico y vayan al mundo a llenar de producción argentina el mundo, que lo requiere.

Además, de asignarle la importancia que tiene este río para la producción de todas estas provincias yo quiero también que en la Argentina, que dice ser un país federal, pero que es profundamente unitario, empiece a funcionar como un país federal y que ese poder central empiece a descentralizarse.

Y por eso en Rosario, cuna de tantos artistas allí vamos a poner la sede de este Consejo Federal de la Hidrovía. Y lo que pase en esa hidrovía dejará de resolverse en una perdida oficina del centro de Buenos Aires, por la decisión de un funcionario del Gobierno Nacional; lo que allí se decida será el consenso de las provincias litoraleñas, de este río magnifico, y ellos dirán de qué modo y a manos de quién entregamos el cuidado del río para que el río rinda, del mejor modo, como canal de transporte y como canal de crecimiento.

Esto que hacemos hoy con la hidrovía espero hacerlo en pocos días más con la energía, llevando una sede de la Secretaria de Energía a Neuquén, donde la riqueza energética se concentra hoy en día.

¿Qué estoy queriendo hacer con esto? Acercar el poder al interior del país, que Dios no atienda solo en Buenos Aires, que Dios esté en todas partes y atienda allí donde lo están necesitando tantos comprovincianos que quieren, como nosotros, hacer crecer el país y poner el país de pie y ponerlo en marcha nuevamente.

Y esta es una decisión que hemos tomado entre todos, porque el día que asumí lo dije, lo dije antes de asumir, el Gobierno argentino no tiene un Presidente, el Gobierno argentino tiene un Presidente y 24 gobernadores, que unidos, codo a codo, trabajamos día a día para llevar adelante el país, para hacerlo crecer; para darle salud a nuestra gente cuando hay un virus que la enferma; para garantizar que esa enfermedad no nos postergue. Y estoy muy feliz que la historia me haya permitido llegar a esta instancia a acompañado por estos 24 gobernadores, 24 hombres y mujeres de bien, que quieren exactamente lo mismo que yo y que la inmensa mayoría de los argentinos, que trabajemos unidos para hacer progresar la Patria. Y estamos camino en eso, en momentos muy difíciles.

Durante estas últimas semanas con Axel y con Horacio Rodríguez Larreta, allá en la Ciudad de Buenos Aires, pusimos mucho empeño para controlar la pandemia, hoy seguimos trabajando juntos, a la mañana, para ver cómo seguir adelante. Y logramos que el virus deje de crecer tanto, logramos, como dicen los epidemiólogos, amesetarnos, y llevamos ya varias semanas en el área metropolitana de Buenos Aires donde los casos se sostienen. Y cuando sentimos que empezábamos a dominar el virus allá en el área metropolitana de Buenos Aires, nos dimos cuenta que el virus, seguramente también por esa concentración que tiene la Argentina, se había diseminado en todo el país, y ahora el problema ya no era solo de los porteños y de los vecinos y hermanos del Gran Buenos Aires, ahora el problema empezaba a ser de los rosarinos, de los mendocinos, de los jujeños, de los salteños, de los riojanos, de los rionegrinos, de los fueguinos. Y este tiempo nos exige ahora volcar nuestra mirada al interior del país, cuando ya creíamos dominado el problema en el área metropolitana de Buenos Aires, el problema se trasladó al interior del país, y no vamos a dejarlos solos, vamos a estar al lado de cada lugar, de cada habitante, de cada argentino, de cada argentina que nos esté necesitando.

Como lo hicimos con Chaco días atrás, cuando mi querido amigo el Coqui Capitanich, Gobernador de Chaco, observó que en el Chaco estaba avanzando más de lo debido el problema del virus, me llamó un sábado, hablamos un rato largo, escuché y dispusimos qué podíamos hacer entre los dos para parar eso; mandamos un grupo de gente donde además recurrimos a otras provincias, me acuerdo que Entre Ríos nos ayudó don terapistas, me acuerdo que Córdoba nos ayudó con terapistas; me acuerdo que la provincia de Buenos Aires nos ayudó con terapistas, y fuimos ordenando las cosas poco a poco y ya hace varias semanas que allí en el Chaco la meseta se sostiene en un ritmo de contagio tolerable y el sistema sanitario no corre riesgo.

Yo creo que por algún motivo el destino ha decidido que nos toque vivir en este tiempo esta pandemia, porque tal vez los argentinos necesitamos que aparezca un virus que nos una; que aparezca un virus que nos demuestre que todos finalmente corremos la misma suerte en la desunión, que nos ponga por delante un virus que nos demuestre que si unimos los esfuerzos las posibilidades de salir adelante son mucho más grandes, son mucho más ciertas.

Pues entonces que sirva esta trágica experiencia que nos toca vivir, ninguno de nosotros, nadie de los que está acá calculó el día en que fue electo que iba a soportar una pandemia. Lo que aprendimos en la pandemia es que tenemos que estar más unidos que nunca, y que nada debe dividirnos. Y como San Martín le dijo a Estanislao López, “unidos nadie podrá vencernos”.

Bienvenida hidrovía, bienvenido que la hidrovía queden en manos de las provincias, que disfrutan de la hidrovía, e invitemos a que la producción argentina siga creciendo y mientras tanto cuidémonoslo la salud, nada hay más importante que la salud de los argentinos.

Gracias a todos y a todas.