DISERTACIÓN DEL PRESIDENTE NÉSTOR KIRCHNER EN EL FORO ARGENTINA, ORGANIZADO POR EL CONSEJO DE LAS AMERICAS, EN NUEVA YORK

DISERTACIÓN DEL PRESIDENTE NÉSTOR KIRCHNER EN EL FORO ARGENTINA, ORGANIZADO POR EL CONSEJO DE LAS AMERICAS, EN NUEVA YORK

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Señoras, señores, amigos empresarios, amigos en general: consideramos muy grata esta oportunidad de participar en este importante foro. Agradezco muy sinceramente a los organizadores por su iniciativa de analizar la situación de mi país, así como sus perspectivas. Que se reúnan para analizar la situación económica y política de la Argentina, para destacar las oportunidades de inversión y aumentar la difusión de nuestra recuperación entre el sector empresarial y bancario de los Estados Unidos, es un hecho que realmente nosotros valoramos mucho y lo consideramos muy auspicioso.

Luego de superar la peor parte de la crisis que nos ha afectado y atender las graves secuelas sociales y económicas más inmediatas, enfrentamos el esfuerzo de consolidar un programa económico que nos garantice el crecimiento sostenido, una mejora en la valorización internacional de nuestro país y su reinserción plena en el mundo.

Tratamos de direccionar correctamente los caminos de superación de la emergencia, para rediseñar políticas que apuntalen un crecimiento sustentable de nuestra economía, dotándola de mayor equidad.

La República Argentina es hoy un país previsible, que ha optado por sincerar situaciones, que cumple con sus obligaciones con los organismos multilaterales de crédito y encara con seriedad el problema de su deuda con particulares, incorporando explícita y claramente la inseparable relación entre sus posibilidades de pago, sus perspectivas de crecimiento y la solución de los graves problemas sociales que enfrenta.

Nuestra economía se encuentra en franca recuperación, estamos logrando reducir los dramáticos niveles de pobreza y desempleo profundizados en la década anterior; ofrece importantes oportunidades de negocios para quienes estén dispuestos a invertir en actividades productivas.

Esta recuperación interna no se ha reflejado todavía en un incremento de la reputación externa, por diversas razones. Debemos aclarar que no es ésta la única paradoja que nos ha tocado enfrentar. Cuando nuestro país transitaba una profunda y prolongada recesión, acumulaba déficit crecientes e incrementaba una deuda externa cada vez mayor y más cara; cuando coexistían con la moneda nacional convertible 11 quasi monedas provinciales y se evidenciaban crecientes desequilibrios sociales, el modelo gozaba de mejor reputación y lograba fondos frescos del Fondo Monetario Internacional y otras instituciones multilaterales. Paradójicamente, hasta 8 semanas antes del profundo colapso económico, social y político del 2001, el modelo económico era considerado un ejemplo para los países emergentes. Era el alumno destacado del llamado "Consenso de Washington" y recibía miles de millones de dólares de asistencia.

Cuando crecemos a muy altas tasas; alcanzamos un superávit fiscal consolidado sin precedentes en los últimos 40 años de nuestro país; tenemos una inflación anual que se ubicó en el 3,7 para el 2003; logramos la reunificación monetaria y cancelamos deuda neta por 7.000 millones con el Fondo Monetario Internacional y las instituciones financieras internacionales, encontramos que nuestra reputación como país no es la mejor.

Por ello puede decirse que estamos superando en soledad, sin apoyo internacional y a veces contrariando el asesoramiento de los organismos, la peor crisis económica, social y política de los últimos 150 años de nuestra joven historia. Pretendemos ahora lograr la comprensión y la mejora de la reputación internacional de la Argentina para la inserción en la comunidad internacional.

Por eso valoramos que se reflexione acerca de los motivos que hicieron que un país considerado estrella, que obtenía el apoyo de organismos, se derrumbara en una crisis profunda de enorme magnitud, puesto que si todo estaba tan bien como parecía, debemos explicarnos cómo pudo caerse de manera semejante.

Deben merituarse correctamente hoy las razones de la recuperación y su solidez, para terminar con la paradoja de la falta del apoyo actual.

Las importantes pérdidas que el derrumbe de la convertibilidad y el default han causado tanto a los ciudadanos argentinos como a los acreedores externos, la circunstancia que nos opongamos a los modelos de ajuste que consagraban los consejos de organismos multilaterales que durante años ignoraron las manifestaciones de lo que concluiría en aquella fenomenal crisis, deben dejar de ser un obstáculo para la comprensión internacional de la situación y la potencialidad económica de la Argentina. De otro modo sumaríamos otra paradoja: los que apoyaron mientras se generaba la gigantesca caída se estarían negando ahora a brindar apoyo o poniendo trabas a la recuperación. Esto no es bueno para la Argentina y no será bueno para nadie en el mundo.

Lo que apuntamos constituye un claro llamado de atención para quien se preocupe en ahondar sobre la situación venciendo preconceptos o prejuicios de carácter ideológico o de cualquier tipo, que impidan ver lo que la realidad está evidenciando. La realidad indica que la República Argentina, con mejora en su calidad institucional y mayor transparencia, tiene su economía en franca recuperación y constituye una importante oportunidad de negocios. No les pido que se dejen seducir por mis discursos, les pido que sigan lo que los indicadores están evidenciando.

Nuestro Producto Bruto Interno creció en el año 2003 un 8,7 y creemos que con los últimos números puede llegar cerca del 8,9; más que China, si bien venimos de una crisis muy profunda. Las estimaciones privadas esperan un crecimiento superior al 7% en el 2004; el Banco Central elevó su pronóstico de crecimiento del 6 al 8. Estamos profundamente preocupados porque en los primeros tres meses la Argentina creció a un nivel muy fuerte, del 10,4 casi, y si bien esperamos que el crecimiento va a ser menor durante todo el año, eso nos pone ante desafíos muy importantes de inversión, en infraestructura, y evidentemente esto va elevando la calificación del desafío que tiene Argentina. Esto en el marco de un nivel de inflación compatible con los estándares internacionales, que como dijimos fue del 3,7 el año pasado, ubicándose en el 2,3 interanual de marzo de este año.

Se aceleró el crecimiento del Producto Bruto Interno en el segundo semestre de 2003, acumulando 7 trimestres consecutivos de expansión, alcanzando un 10,4 interanual en el cuarto trimestre del año pasado.

Los precios de la canasta básica alimentaria utilizada para medir la línea de indigencia muestran una caída del 1,7 en marzo; se aceleró la recuperación de los salarios reales que en febrero subieron un 10,5 interanual sin presiones inflacionarias. El crecimiento está impulsado por la mejora del consumo privado y la inversión que crecieron un 12 y un 49 por ciento respectivamente.

La inversión en equipo durable de producción aumentó el 61 por ciento interanual en el último trimestre del año pasado y lleva ya cuatro trimestres creciendo por encima del total.

Por primera vez en más de cuatro décadas logramos dos años consecutivos de superávit fiscal primario del Gobierno central y existe superávit fiscal también en el conjunto de las provincias argentinas, algo imposible de pensar en la crisis que nos tocó vivir en la década del 90. El esfuerzo fiscal ha sido del 5 por ciento del Producto, mientras que había sido inferior al 2 por ciento en la década del 90. El fuerte crecimiento de la recaudación tributaria la ubica en niveles históricos récord, ya que subió un 33 por ciento interanual. El IVA creció el 53 por ciento en el primer trimestre, el gasto primario se mantiene dentro de las pautas presupuestarias, el programa monetario se ha venido cumpliendo durante 10 meses consecutivos. Se ha logrado la reunificación monetaria rescatando en un programa de financiamiento ordenado, las cuasimonedas provinciales.

Las reservas se recomponen hacia los niveles previos a la crisis, a pesar de que la Argentina ha sido el único de los grandes deudores del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y del BID. Estamos llegando casi a 16 mil millones de dólares de reserva. Cuando comenzamos el gobierno en mayo del año pasado teníamos 9 mil millones de reservas, es decir que también hemos tenido un crecimiento muy importante en el nivel de reservas en el programa que nosotros estamos llevando adelante.

El sector financiero se ha recapitalizado en 5.700 millones con aportes adicionales en curso de 1.500 millones. Desde mediados de 2002, las tasas de interés descendieron significativamente: 55,7 puntos porcentuales respecto de su máximo, alcanzando sus niveles mínimos históricos del 2,2 por ciento. En la tasa de interés estamos por debajo aún de los mejores momentos de la convertibilidad.

Los depósitos acumulan un crecimiento del 53 por ciento y alcanzaron 95.400 millones, nivel superior a los anteriores a la crisis de 2001. La liquidez del sistema financiero alcanza un 28 por ciento con niveles superiores promedio durante el período de la convertibilidad del 23 por ciento. Esto también es muy importante.

La banca, luego de registrar beneficios negativos por casi 9 por ciento de sus activos en 2002, obtuvo ganancias hacia el último trimestre de 2003. El tipo de cambio es flexible y sin restricciones significativas. Existe un superávit comercial externo equivalente al 12,2 de su Producto Bruto Interno.

La industria nacional creció un 16,2 y el crecimiento de la construcción ha sido del orden del 37,8 en 2003. En términos sectoriales, lideran el crecimiento junto al sector agrícola y con la construcción. En el primer trimestre de 2004, crecieron a un ritmo del 14 y 34 por ciento interanual respectivamente. El consumo global de servicios públicos alcanzó en febrero el récord histórico de la serie. El desempleo disminuyó del 24 por ciento al 14,5, pero tenemos datos recientes de que estaría en el 13,2. Acá hay algo muy importante: durante la convertibilidad, por cada punto del Producto el desempleo crecía el 0,2; en estos momentos, por cada punto del Producto estamos creciendo entre el 0,5 y el 0,8 en empleo, lo cual marca un récord de crecimiento muy fuerte y ustedes saben muy bien que crecer a este nivel en empleo es un crecimiento muy importante. No sabemos si se podrá sostener en el tiempo este nivel de crecimiento, pero ha sido vital para llegar a niveles de desempleo todavía altos, pero con una perspectiva a seguir decreciendo. La tasa del desempleo se redujo 6,5 puntos porcentuales en el último año, casi 10 puntos porcentuales desde el máximo alcanzado en mayo de 2002, que fue la mayor caída de la historia.

Esta conjunción de elevados niveles de crecimiento con estabilidad de precios dio como resultado una fuerte reducción de la pobreza: tenemos 2 millones y medio menos de pobres y 3 millones menos de indigentes. Cuando nos tocó tomar el Gobierno estábamos cerca del 60 por ciento de pobres y ahora estamos en el 48 por ciento. Es muy alto pero quebramos la lógica de crecimiento y entramos en un camino decreciente que es muy importante. La indigencia era del 27 por ciento y ahora estamos en el 20, es decir que ha bajado casi un 30 por ciento, lo cual nos alienta fuertemente en la tarea que estamos llevando adelante; agregando un tema muy importante: en la Argentina, al momento de asumir el Gobierno, la diferencia entre ricos y pobres era de 1 a 40; creo que en el mes de junio, cuando vengan los nuevos datos del INDEC, la diferencia entre ricos y pobres va a estar por lo menos de 1 a 30, es decir que ha entrado a cambiar la distribución del ingreso. Si bien en los mejores momentos de la Argentina fue de 1 a 7, siendo muy alta ha entrado a bajar y esto a nosotros nos alienta muchísimo porque el cambio en la distribución del ingreso también es un factor fundamental en el proceso que estamos llevando adelante en el país.

La inversión en maquinaria y equipos creció un 45,1 en 2003; en el primer trimestre de 2004 las importaciones de bienes de capital registran un incremento mayor al 100 por ciento en relación con el año anterior, lo que indica la favorable perspectiva de crecimiento futuro.

Como ustedes saben, acá hay otro tema muy importante: estamos en fuerte crecimiento de la demanda y fuerte crecimiento del consumo. Nuestra capacidad instalada se está empezando a cubrir totalmente; tenemos un fuerte crecimiento en nuestras exportaciones pero también un fuerte crecimiento en las importaciones, cerca del 90 por ciento en el primer trimestre de este año. El riesgo de que no aumente nuestra capacidad instalada nos podría poner en un problema de crecer con perspectivas de inflación porque la demanda puede superar a la oferta. Entonces, el crecimiento de la inversión en capacidad instalada lo consideramos fundamental para la consolidación del proyecto que estamos llevando adelante.

Los países que integran con la Argentina el MERCOSUR constituyen hoy un mercado ubicado entre las 10 economías más grandes del mundo. Las exportaciones de manufacturas de origen industrial crecieron el primer bimestre de 2004 un 6 por ciento en relación al cuarto trimestre del año pasado; el crecimiento de la actividad impulsa las importaciones mientras que se destacan los bienes de capital que aumentaron un 17 por ciento en ese período sin afectar el superávit de la balanza comercial.

En el escenario que describimos, en el que la economía argentina marcha hacia un nuevo equilibrio macroeconómico, impulsamos un conjunto de transformaciones integrales orientadas a consolidar un país con reales posibilidades de ofrecer respuestas a los problemas que debemos enfrentar y solucionar. Propiciamos un incremento acelerado de la calidad institucional para poder contar con un Estado eficiente, responsable, trasparente, sin corrupción y sin clientelismo.

El fortalecimiento de las instituciones ocupa un espacio central en nuestra agenda junto a la lucha contra la evasión para garantizar no sólo una mayor recaudación sino también un eficiente y responsable manejo de la inversión y el gasto público. El objetivo es crear condiciones de seguridad jurídica para todos al tiempo de impulsar políticas que apuntalen el crecimiento sustentable de nuestra economía.

En este punto, justo es reconocer el vínculo existente entre la posibilidad de sostener el crecimiento con el logro de una mayor inclusión social. No creemos que un modelo sustentado en la exclusión y la marginalidad de vastos sectores ciudadanos, tenga algún tipo de viabilidad en sociedades como la nuestra.

La magnitud de los logros alcanzados en materia económica, nos permite ser optimistas respecto del proceso de recuperación interna que experimenta nuestro país.

Contra las agoreras previsiones, Argentina está estabilizada, consolida un proceso de crecimiento que tiene perspectivas de sostenibilidad y en ese marco se amplía la oportunidad de negocios.

Si resolvemos correctamente el desafío de hacer que esa recuperación, basada fundamentalmente en el consumo interno, redunde en un mejoramiento general de las condiciones de vida del conjunto de nuestra población, erradicando el hambre, la pobreza, el desempleo y las situaciones de extrema desigualdad, habremos echado las bases firmes de un nuevo modelo.

El desafío es lograr la sustentabilidad interna y sobre ella construir una positiva integración con el mundo. Si la desigualdad gana la batalla no habrá desarrollo sustentable; sin ese desarrollo, las crisis institucionales y la subsiguiente caída de los gobiernos democráticos, seguirán azotando a nuestro continente. No hay democracia sostenible con exclusión social, así como no hay economía con equidad incluyente sin la presencia de un Estado que actúe como garante y promotor del bien común.

Pero ese Estado debe actuar con inteligencia para no ahogar la iniciativa privada ni aplastar con su peso exagerado la actividad de los particulares. Un Estado inteligente debe promover las inversiones productivas sin endeudarse por culpa de su déficit y por ello debe ser cuidadoso del equilibrio fiscal. El Estado debe recuperar su capacidad de regulación y control absolutamente disminuidos en la década precedente.

Por eso adjudicamos importancia a la sanción de un nuevo marco regulatorio de los servicios públicos, bajo pautas previsibles, fortaleciendo los mecanismos de control institucional, operacional y financiero, con atención a la dimensión de las equidad social y la ampliación de la participación ciudadana.

En ese orden, esperamos prontamente concluir la renegociación de los contratos de servicios públicos privatizados y avanzar en la consolidación fiscal, incluyendo reformas del régimen impositivo, mejora en la gestión y la eficiencia del gasto público.

En este resumen de la situación es preciso apuntar algo: sabemos que es mucho lo logrado, entendemos como muy importante la recuperación y por eso pusimos acento en los datos, pero sabemos que subsisten problemas. Por caso, valga el problema de la provisión de energía.

Sin controles por las características del proceso de privatización y por desidia estatal, en los últimos años las empresas del sector dejaron de producir el ritmo de las necesarias inversiones. Acelerado el crecimiento de la economía y con ello acrecentado el consumo de energía, los plazos se acortaron y ello puso en evidencia la posibilidad de problemas en la provisión de gas natural con impacto en la ecuación energética.

Argentina, si bien tiene petróleo y gas, no es un país petrolero o gasífero; debimos establecer restricciones hasta que se concreten las inversiones atrasadas y se asegure la provisión a los consumos internos. Se trata de una crisis de crecimiento. Es evidente que en la Argentina que vivió y que tuvo una explosión muy fuerte en el año 2001, las imprevisiones se dieron en todas las áreas, obviamente en esta área también se dio.

Nosotros creemos que en 2004 vamos a superar correctamente el problema del funcionamiento de toda nuestra economía y nuestra sociedad con el tema de la energía, en 2005 nos vamos a estabilizar y en 2006 vamos a volver a tener un horizonte estratégico de la ecuación energética. Ello no ha hecho más que mostrar la necesidad de la adopción de un plan energético previsor para que no se transforme este problema en un cuello de botella para nuestras perspectivas.

El próximo 11 de mayo estaremos anunciando nuestro plan estratégico en esta materia destinado a superar cualquier problema inmediato y asegurar que con bases sólidas y con inversiones en obras públicas y privadas se dé la respuesta adecuada de modo que nada obstaculice el crecimiento.

He allí un caso, no es que no existan ya los problemas, venimos de muy abajo, de una muy grave y crítica situación. Es lo que los argentinos nos disponemos hoy a detectarlos, asumimos la responsabilidad de la solución y procuramos los medios prácticos para solucionarlos. Queremos profundizar este cambio que es ante todo cultural.

Argentina necesita inversiones que se destinen a lo productivo antes que a lo especulativo. Queremos construir un capitalismo serio donde los monopolios no imperen y donde la concentración no ahogue la iniciativa de los pequeños y medianos empresarios; capitalismo serio donde el inversor se sienta respetado, al igual que el consumidor; un capitalismo con reglas de juego claras y explícitas donde los organismos de control cumplan su papel. Capitalismo que cuente con un Estado inteligente, que pueda estar presente para corregir males que el mercado no repara, capitalismo con inclusión social.

Sabemos que no somos los dueños de la verdad, escuchamos y valoramos los aportes. Estos son los números de nuestra recuperación, aquí están los resultados de nuestros esfuerzos.

Les doy las gracias por la oportunidad que me dieron de poder reflexionar ante ustedes, en definitiva se trata de que no se siga contribuyendo a la paradoja que mencionábamos al comienzo; queremos que nuestra reputación como país se cimente en los números de la economía, en la realidad de nuestros logros más allá de toda retórica.

Estamos haciendo de la Argentina un país en serio, sabemos que es muy difícil volver a construir la credibilidad; sabemos que cuando un país ha vivido la magnitud de la crisis que nosotros tuvimos en 2001, más allá de los contenidos, de los marcos y de las responsabilidades de esas crisis, donde saltaron las obligaciones, la previsiones, los contratos, no es fácil después reconstruir la credibilidad.

Nosotros estamos tratando, con extrema responsabilidad y seriedad, de volver a sembrar la semilla de esa credibilidad que la Argentina va a volver construir. Tenemos un país potencialmente muy fuerte. Ustedes saben que es muy difícil que en otros países que pasan la crisis de la Argentina, se tenga un crecimiento de estas características y naturaleza, que no es el 1 ó el 1,5 que preveían muchos consultores, muchos analistas financieros, sino que ustedes vieron en qué números estamos y cómo está creciendo la Argentina.

Es cierto, si nosotros como clase dirigencial de este tiempo contemporáneo de la historia que nos toca vivir estamos a la altura de las circunstancias, canalizamos esta potencialidad de la Argentina y la fundamentamos en credibilidad, en inserción y logramos volver a convertir a la Argentina en un país claro, cristalino, no corrupto, que recupere su justicia, que dé seguridad jurídica, las posibilidades de la Argentina se incrementan tremendamente, tanto en su crecimiento como en su calidad institucional.

En ese camino estamos, con políticas extremadamente serias en lo fiscal. Cuando yo me retiré del gobierno de mi provincia, lo hice con un 20 por ciento de superávit fiscal. Nosotros decimos que en todas las discusiones internacionales vamos a sostener el 3 por ciento –y lo vamos a hacer así- de superávit fiscal primario, pero eso no obsta a que queremos tener un alto superávit fiscal primario que nos permita tener el marco de inversiones, el marco de potencialidad fiscal, el marco de cumplir con nuestras responsabilidades para que la Argentina pueda crecer y salir de la situación rápidamente.

Con políticas monetarias absolutamente serias y responsables que eviten cualquier salto al vacío, con un sistema de cambio absolutamente libre y flexible que permita y dé seguridades al funcionamiento de la economía y con algo muy importante, que se dio mucho en las economía de los países de Latinoamérica: devolver la certeza en lo económico. Yo creo firmemente en las posibilidades de las economías abiertas y el movimiento de la oferta y la demanda, con un Estado chico pero que garantice la equidad y la inclusión social, para que haya previsibilidad en la inversión, que no se encuentren ustedes cuando vayan a invertir que hay un ministro de Economía que habla todos los días cambiando las reglas de juego. Que haya previsión en el horizonte es bueno para el país y para el que invierte. Este es el rumbo que nosotros queremos garantizar: políticas fiscales serias, responsables políticas monetarias, no alterar las reglas de juego, tener una previsión clara y concreta, darles la infraestructura y las ecuaciones estratégicas desde el punto de vista energético, de inversión, de infraestructura en general que el país necesita, para que la Argentina, juntamente con quienes tengan la voluntad de invertir en nuestro país, pueda recrear las posibilidades de ese país que, como ustedes saben, el mundo debe tener, América y América latina también deben tener porque en la Argentina ha sido un verdadero sacrilegio lo que se ha hecho.

Si ustedes me preguntan –para terminar- cuál considera usted que es la situación de Argentina en este momento, siempre digo: todavía estamos en el infierno porque no me gusta ser ni eufórico desmedido ni depresivo, sino absolutamente racional. Estamos en el segundo escalón. Y si me preguntan: “Hemos subido al segundo escalón, ¿qué espera para el final de su mandato?”. Dios quiera que estemos en la puerta del purgatorio para que Argentina definitivamente en su estabilidad pueda consolidarse como el país que merece ser.

Muchísimas gracias y a vuestras órdenes. (Aplausos)