Historia

Conquista y colonización

A la llegada de los españoles, habitaban en el noroeste del actual territorio argentino pueblos agricultores avanzados, influidos por la cultura incaica, como los diaguitas. En el nordeste, y en Paraguay, se encontraban los guaraníes, también agricultores. En el resto del territorio, había pueblos cazadores y pescadores, tales como, los charrúas, los querandíes o los tehuelches. En el siglo XVIII, se instalaron en el sur tribus mapuches, provenientes de Chile, que se organizaron en importantes confederaciones y resistieron el dominio de los blancos hasta fines del siglo XIX.

Los primeros españoles llegaron al Río de la Plata en 1536 y fundaron Buenos Aires. Despoblada enseguida, fue vuelta fundar de manera definitiva en 1580. Otros grupos vinieron desde el Alto Perú y se establecieron en el interior que mantuvo estrechas relaciones con el centro minero de Potosí. Un tercer grupo vino desde Chile y pobló las provincias cuyanas. A fines del siglo XVI, se había fundado la mayoría de las ciudades importantes de la actual Argentina. Inicialmente las diferentes gobernaciones –Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Cuyo– dependían del virreinato del Perú. En 1776, se creó el Virreinato del Río de la Plata. Buenos Aires era la capital de una región que incluía buena parte de los actuales territorios de la Argentina, de Uruguay, de Paraguay y de Bolivia, cuyas minas de plata alimentaban tanto el comercio como las finanzas virreinales.

 

La Independencia y la formación del estado-nación argentino

En 1790, comenzó la crisis del Imperio español que culminó en 1810. En 1806, los ingleses se adueñaron de Buenos Aires, pero fueron expulsados por tropas milicianas porteñas que, al año siguiente, repelieron una segunda invasión.  El 25 de mayo de 1810, los vecinos de Buenos Aires constituyeron la Primera Junta de Gobierno. Entre 1810 y 1820, diversos gobiernos instalados en Buenos Aires procuraron regir de manera centralizada el territorio del antiguo virreinato. Pronto surgieron gobiernos autónomos en la Banda Oriental, el Paraguay y el Alto Perú, centro del poder de los realistas y los españoles. En 1813, la Soberana Asamblea Constituyente avanzó en la organización de un estado independiente, y, en 1816, el Congreso de Tucumán declaró la Independencia de las Provincias Unidas de América del Sud. Mientras tanto, desde las provincias del Litoral, José Gervasio Artigas constituyó otro estado, los Pueblos Libres, y dirigió la oposición federal. En 1817, José de San Martín, al mando del Ejército de los Andes, atacó a los realistas en Chile, donde se constituyó un estado independiente; luego, San Martín invadió el Perú y proclamó su independencia en 1821. En 1825, Bolívar terminó de someter a los realistas en América del Sud, y concluyó el proceso de las guerras de Independencia.

En 1820, se derrumbó el poder central y cada provincia organizó su propio gobierno autónomo. La provincia de Buenos Aires tuvo un desempeño exitoso, debido a la nueva prosperidad de su campaña ganadera y a las reformas institucionales emprendidas por Bernardino Rivadavia. En 1825, las provincias se unieron para afrontar la guerra con el Brasil, y, en 1826, se sancionó una Constitución de carácter centralista que fue rechazada por las provincias. Comenzó una larga guerra civil; los distintos partidos se identificaron como unitarios y federales. Juan Manuel de Rosas, que encabezó a los federales, fue gobernador de Buenos Aires entre 1829 y 1832, y desde 1835 hasta 1852. Dispuso de la suma del poder público, estableció un férreo orden en la provincia y ejerció una dominación de hecho sobre el resto de la Confederación Argentina. Las luchas entre unitarios y federales se combinaron con conflictos con Uruguay, Paraguay y Brasil. Montevideo, centro de las resistencias a Rosas, fue sitiada por los federales entre 1843 y 1852. En 1852, Rosas fue derrotado por el gobernador de Entre Ríos Justo José de Urquiza en la batalla de Caseros.

 

Las presidencias “históricas”

Comenzó entonces el período de la Organización nacional. En 1853, se dictó la Constitución que, con modificaciones, rige hoy. Entre 1852 y 1862, la Confederación, gobernada por Urquiza y el partido federal, y el estado de Buenos Aires, gobernado por los liberales, estuvieron separados. Entre 1862 y 1880, durante las presidencias de Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda, cobró forma el orden institucional nacional y comenzó un rápido crecimiento económico. Las guerras civiles se prolongaron hasta 1880, alentadas además por la sangrienta Guerra del Paraguay que se desarrolló entre 1865 y 1870. En 1880, luego de la derrota de la provincia de Buenos Aires, el estado nacional sometió definitivamente a todos los gobiernos provinciales, se federalizó la ciudad de Buenos Aires, se sometieron las tribus indígenas del sur y se  definieron las fronteras con Chile.

 

 

La República liberal

Entre 1880 y 1916, el país consolidó el orden institucional y creció de manera espectacular. El general Roca, dos veces presidente (1880-86 y 1898-1904), articuló un acuerdo entre los distintos grupos dominantes en las provincias –el Partido Autonomista Nacional- que aseguró a la República un largo período de estabilidad. En las décadas siguientes, se terminó la organización de distintas instituciones del estado, como el sistema monetario, la justicia o la educación que, en su nivel básico, fue gratuita, obligatoria y laica. Simultáneamente, en la región pampeana, creció fuertemente la producción para la exportación de cereales y carnes; se construyeron los ferrocarriles y los puertos y se desarrollaron las ciudades. La inmigración masiva, que llegó atraída por las posibilidades de trabajo en el campo y en la ciudad, modificó sustancialmente el perfil de la sociedad. El progreso no excluyó los conflictos, en especial los protagonizados por los trabajadores, que fueron liderados por anarquistas y socialistas. También fue intensa la protesta política: en 1890, 1893 y 1905 hubo levantamientos cívico-militares, encabezados por la Unión Cívica Radical (UCR), un nuevo partido que reclamaba por la pureza del sufragio y la vigencia de la constitución.

 

La República de entreguerras

En 1912, la Ley Sáenz Peña estableció nuevas condiciones para el sufragio, que pasó a ser obligatorio y secreto. En 1916, fue electo presidente el radical Hipólito Yrigoyen (1916-22), de gran predicamento popular. La Primera Guerra Mundial desarticuló el comercio y las finanzas estatales, y se desató una oleada de descontento social y grandes huelgas que se prolongó hasta 1922. La división profunda entre yrigoyenistas y antiyrigoyenistas tensó la vida política y paralizó las iniciativas legislativas. La conflictividad se atenuó durante la presidencia de Marcelo de Alvear (1922-28), también radical. En 1928, Yrigoyen fue reelecto, por una amplia mayoría. Los conflictos entre sus partidarios y adversarios se agudizaron, mientras comenzaban a sentirse los primeros efectos de la crisis económica mundial de 1929. En 1930, Yrigoyen fue depuesto por un levantamiento militar que tuvo amplio apoyo en los sectores civiles opositores.

El golpe interrumpió un largo período de estabilidad institucional, y fue el primero de una cadena de intervenciones militares que se extendió hasta 1983. En 1931, se llamó a elecciones, y se impuso el candidato oficial, general Agustín P. Justo (1932-38). La UCR se abstuvo, luego de que el gobierno vetara la candidatura de Alvear, y mantuvo esa posición hasta 1935. A partir de ese momento, el gobierno practicó sistemáticamente el fraude electoral para impedir el triunfo radical. La crisis económica de 1930 fue superada de manera rápida; el estado instrumentó medidas para regular la economía, se redujeron las importaciones y, en torno de los grandes centros urbanos, comenzaron a crecer la industria y los obreros. Las circunstancias internacionales movilizaron la opinión y la dividieron en partidarios de los aliados y simpatizantes de los países fascistas.

 

La República peronista

En 1943, se produjo un nuevo golpe militar, sustentado por sectores nacionalistas, clericales y profascistas. Entre sus dirigentes, estaba el coronel Juan Domingo Perón, quien fue electo presidente en 1946 con el apoyo de los trabajadores y otros sectores populares. Fue reelecto en 1952, luego de la sanción de una nueva Constitución en 1949. Perón se convirtió en el líder del movimiento peronista. Eva Perón, su esposa, dirigió la Fundación Eva Perón y fundó el Partido Peronista femenino, luego de la extensión a las mujeres del derecho al sufragio. Durante la segunda posguerra, la situación económica fue muy favorable para el país y permitió al gobierno mejorar sustancialmente las condiciones de los trabajadores. Por otra parte, el gobierno restringió las libertades públicas, monopolizó los medios de información y limitó la acción de la oposición. La relación entre esta y el gobierno fue progresivamente conflictiva y violenta. En 1954, se sumó un fuerte enfrentamiento de Perón con la Iglesia. En 1955, toda la oposición se unió para apoyar el golpe militar que derribó a Perón. Poco después, se restableció la Constitución de 1853.

 

La República condicionada

Desde 1955, y hasta 1983, las fuerzas armadas intervinieron directa o indirectamente en el gobierno. Proscribieron a Perón y al peronismo, vigilaron a los presidentes electos y protagonizaron sucesivos golpes de estado. Desde el exilio, Perón siguió liderando a vastos sectores populares que reclamaron su retorno. Dos presidentes civiles, Arturo Frondizi (1958-62) y Arturo Illia (1963-66), fracasaron en sus proyectos de reconstitución del sistema democrático. Entre 1966 y 1973, hubo una dictadura militar, encabezada sucesivamente por los generales Onganía (1966-70), Levingston (1970-71) y Lanusse (1971-73).

La economía creció aceleradamente desde 1958, impulsada por las inversiones extranjeras en las ramas básicas y los automotores. El crecimiento generó nuevos conflictos. Desde 1969, se produjo una intensa movilización social y política, con grandes huelgas y levantamientos en ciudades, y se formaron organizaciones guerrilleras. El gobierno militar decidió llamar a elecciones, y aceptó la concurrencia peronista. En 1973, Perón fue electo presidente, junto con su esposa, María Estela Martínez, Isabel, quien a su muerte, en julio de 1974, lo sucedió en el cargo.

En esos años, las disputas por el liderazgo peronista agudizaron la violencia política y la conflictividad social. En 1976, un nuevo golpe inició la última y más sangrienta dictadura militar, que se prolongó hasta 1983. Contra opositores y disidentes, el estado utilizó la represión clandestina que incluyó la masiva desaparición forzada de personas. La liberalización de los controles estatales en la economía acarreó la concentración de la riqueza, la ruina del sector industrial y un fuerte endeudamiento externo. En 1982, el gobierno invadió las Islas Malvinas, y Gran Bretaña le infligió una catastrófica derrota militar. Su consecuencia fue el rápido llamado a elecciones y la restauración de la democracia en 1983.

 

La República democrática

Desde entonces, aunque hubo alternativas importantes y dramáticas,  no ha habido interrupciones en el orden constitucional. Al radical Raúl Alfonsín (1983-89) lo sucedió el peronista Carlos Menem (1989-99). En 1989, hubo una fuerte crisis económica. En 1994, una reforma constitucional posibilitó la reelección presidencial. El gobierno de Fernando de la Rúa (1999-2001), candidato de una Alianza, terminó en medio de una nueva y más profunda crisis económica y social. A la superación de la crisis, contribuyeron Eduardo Duhalde (2001-2003) y Néstor Kirchner (2003-2007), a quien sucedió Cristina Fernández de Kirchner (2007-2011).

 

Autores: Luis Alberto Romero y Luciano de Privitellio