Discurso del Presidente Javier Milei en el acto por el Día del Maestro en la Biblioteca Nacional de Maestros del Palacio Sarmiento
Buenos días a todos. Quisiera comenzar agradeciendo a la Ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, a las autoridades del Ministerio presentes y a las de la Biblioteca Nacional de maestros y del Palacio Pizzurno por organizar este reconocimiento para alumnos del primer ciclo. También quisiera saludar y desearle un muy feliz día a todos los maestros que acompañan hoy a los alumnos en este acto, y a todos los maestros del país. Gracias por mantener vivo el legado de Sarmiento, el gran maestro argentino. Hoy estamos reunidos en un lugar que no fue elegido al azar, sino que estamos aquí en honor a Sarmiento, que fundó la Biblioteca Nacional de Maestros, y estamos reunidos por algo que nos llena a todos de orgullo.
Ustedes, como alumnos, tienen el mérito de ser alumnos ejemplares tanto en sus notas como en su buena conducta. Los maestros que los acompañan tienen la noble tarea de estar formando una nueva generación de niños que serán los líderes del mañana y que ellos les demuestran cada día que enseñar vale la pena. Gracias por estar y gracias por el trabajo que hacen todos los días. Y también a mí, como Presidente y como ciudadano, me honra que me hayan invitado a compartirles unas palabras en este acto tan importante. Ustedes están en este lugar porque se ganaron este reconocimiento. Nadie los eligió por sorteo ni por casualidad. Cada uno de ustedes fue elegido por sus maestros porque durante todo el año se destacaron por estudiar, por esforzarse y por portarse bien con sus compañeros.
Esto tiene mucho mérito y quiero que lo tengan bien en claro: lo que lograron, lo lograron ustedes, y ustedes saben todo el empeño que tuvieron que dedicarle a ser buenos alumnos y buenos compañeros. Ser un buen alumno significa levantar la mano para pedir la palabra, significa hacer la tarea aunque tengan ganas de jugar, significa intentarlo de nuevo cuando una cuenta no sale o cuando una palabra cuesta leerla. Y por todo esto, tan importante como la inteligencia es la constancia, el que se sienta día a día a intentarlo otra vez tarde o temprano aprende, y el que le pierde el miedo a aprender, que no es otra cosa que perder el miedo a equivocarse, sigue creciendo y mejorando toda su vida. Pero hoy también están acá por ser buenos compañeros, y eso también es muy importante para la vida porque eso es lo que el día de mañana va a hacer que se conviertan en buenos ciudadanos.
Ser un buen ciudadano empieza mucho antes de votar. Empieza en el aula, en el recreo, en la vereda de la escuela o en la propia casa. Es ayudar a un compañero que se cayó en el recreo, es hacer la fila sin colarse aunque tengan apuro y también es no tirar el papel del alfajor al piso cuando no hay nadie mirando. Es devolver el libro que les prestaron y devolverlo entero y en buena condiciones, es jugar en equipo y respetar las reglas de juego aunque el equipo de enfrente les esté ganando. Es tratar bien al compañero nuevo, al que es distinto y al que le cuesta un poco más que a ustedes. Y esto importa muchísimo porque un país funciona igual que un aula: si todos hacen su parte, aunque sea pequeña, entre todos hacemos que salga bien. Si uno tira un papel al piso parece que no pasa nada, pero si todos piensan que algo así no cambia nada y hacen lo que quieren, las plazas se llenan de basura y nadie puede disfrutarlas. O la fila se convierte en un desorden, o el juego deja de tener sentido.
Ser un buen ciudadano es entender qué es lo que uno hace por más chico que parezca también afecta a los demás. Todo eso que hacen en el colegio es un entrenamiento para la vida en sociedad, y ustedes ya lo vienen haciendo bien y vaya que lo vienen haciendo bien. Porque el carácter es como una casa y en una casa todas las piezas son igual de importante hasta las que no se ven. Todas las cosas que dije así como llegar a horario, pedir perdón cuando se equivocan, guardar las cosas en su lugar o esperar el turno para hablar son cosas pequeñas que parece que no importa que nadie festeja pero son esas piezas escondidas las que con el tiempo forman una gran persona. Ustedes ya empezaron a poner esos ladrillos y por eso estamos hoy acá celebrándolo.
Y hay algo más que me gustaría decirles, que quizás nadie les dijo: ustedes también son un ejemplo. Cuando un compañero los vea portarse bien o esforzarse va a pensar que él también puede. Ser un ejemplo no requiere ser grande ni famoso ni tener un cargo importante. Alcanza con hacer las cosas bien incansablemente y los demás van a empezar a mirar para ese lado y a buscar actuar como ustedes. Y también me gustaría transmitirles la importancia de ser agradecidos, que probablemente ya lo sepan, pero nunca está de más recordarlo. Detrás de cada uno de ustedes hay una maestra o un maestro que los vio crecer, que corrigió cuadernos hasta tarde, que se acordó del cumpleaños de cada uno. Así que a las maestras y maestros que hoy acompañan a estos chicos, muchas gracias. La Argentina que queremos se construye en gran parte en las aulas, y ustedes son los que están ahí todos los días haciéndolo posible.
Y lo mismo aplica a cada uno de sus familias. Seguro que en cada casa hubo alguien —una madre, un padre, un abuelo, un hermano mayor— que los ayudó con la tarea, que los acompañó cuando estaban cansados, que confió en ustedes. Esa dedicación también está hoy acá, aunque no todos lo podamos ver. Por eso, se van a llevar hoy un diploma en reconocimiento a su labor escolar y buena conducta. Es un papel, pero es un papel con mucho peso. Es la prueba de que lo que hicieron durante el año fue visto, fue valorado y quedó escrito. Así que guárdenlo, y el día que se sientan que algo les cuesta, podrán sacarlo y mirarlo para acordarse de que ya demostraron que pueden, y también se van a llevar un kit de lectura y una membresía honoraria a la Biblioteca Nacional de Maestros, y de esto también me gustaría hablarles un poco más.
Leer es una de las herramientas más poderosas que van a tener en toda su vida. Un libro los puede llevar a un país que no conocen, a una época que ya pasó o a un mundo que ni siquiera existe. Cuantos más libros leen, más grande se hace el mundo en el que viven. Si pensar es como pescar; leer es como agrandar el tamaño de la laguna en la que pescan. Es un ejercicio que nunca deben dejar de cultivar, porque los acompañará toda la vida. La Argentina que viene la van a construir personas como ustedes, esforzadas, honestas y responsables. No hace falta que decidan hoy qué quieren ser cuando crezcan; alcanza con que sigan siendo cada día un poco mejores de lo que fueron el día anterior, y la vida se les va a ir abriendo camino. Así es que, estudiantes, felicitaciones a todos ustedes, felicitaciones a sus familias, y gracias a sus maestros por acompañarlos hasta acá. Sigan estudiando, sigan siendo grandes compañeros y sigan siendo el orgullo de sus colegios. Que Dios los bendiga, que las fuerzas del cielo los acompañen. Sean parte de la Argentina que renace y vuelve a ser grande nuevamente. Muchísimas gracias a todos.