Discurso del Presidente Javier Milei en la Conferencia de Latinoamérica de la Fundación Aliados de Israel
Buenas noches a todos. Quiero agradecer al señor Presidente de Israel Allies Foundation, Josh Reinstein, al señor Director para América Latina de Israel Allies Foundation, Leopoldo Martínez, y al señor Presidente del comité de selección de Génesis Prize Foundation, David Hatchwell, por haber convocado a este encuentro y muy especialmente por haberlo convocado aquí en Buenos Aires.
Este es un detalle no menor. Esta ciudad es hoy la sede de la presidencia del Isra, un verdadero hito para la región. Es la ciudad que alberga la comunidad judía más grande de América Latina. La que representa para nosotros tanto un orgullo como una gran responsabilidad. Lamentablemente también, es la ciudad que ha sufrido dos ataques por parte del terrorismo antisemita. En 1992 y 1994 se cobró un total de 114 vidas. Un acto cobarde y criminal que constituye una marca imborrable en nuestra historia y nos impulsa cada día a buscar justicia por las víctimas.
Por todo esto, no se me ocurre mejor lugar para que el continente se reúna a hablar de Israel, del flagelo del antisemitismo, del peligro al que se enfrentan a nuestros países y lo que nos toca hacer a los que creemos en la libertad y en los valores de Occidente.
Hace apenas cuatro semanas inauguré los trabajos del primer plenario del Isra en esta ciudad y dije algo que quiero repetir hoy ante ustedes, porque es el diagnóstico del que tenemos que partir. El antisemitismo global lejos de retroceder luego el holocausto se reorganizó. El espectro del odio sigue tan vivo como nunca, pasan las décadas, cambian las consignas, cambian los símbolos, cambia el vocabulario, pero la causa permanece intacta. Es una ideología que ama la muerte, desprecia la vida y que busca destruir los fundamentos mismos de la libertad.
El ejemplo más reciente es el ataque del 7 de octubre de 2023 donde fueron brutalmente asesinadas más de 2200 personas y más de 250 fueron tomadas como rehenes entre los cuales se encontraban 21 argentinos.
Este fenómeno de un odio que muta, pero no muere no es nuevo. Está en las Escrituras, en el libro de Shemot. apenas el pueblo de Israel sale de Egipto y camina hacia su libertad, aparece un enemigo: Amalek. La tradición guardó un detalle que lo define todo: Amalek no atacó de frente ni atacó a los fuertes; atacó por la retaguardia a los rezagados, a los cansados, a los más débiles. Esa es la firma eterna del terrorismo: golpear al indefenso, golpear por la espalda. La cobardía es su insignia, por lo que lo que reconocemos en todo tiempo y lugar. El final de ese episodio, el texto pronuncia una sentencia que atraviesa toda la historia. Hay una mano sobre el trono de Dios; habrá guerra del Señor contra Amalek de generación en generación. De generación en generación, eso es exactamente lo que les estoy diciendo. Amalek no es un personaje de una sola batalla; es una forma del mal que reaparece en cada generación con un rostro nuevo.
En el pasado fue el faraón y lo siguieron otras formas de antisemitismo con su pináculo en el holocausto, pero hoy son el régimen de Terán, Hamas, Hezbolá, la red de cómplices que lo sostienen. Puede cambiar el nombre, puede cambiar la bandera, puede cambiar la excusa, pero la estructura del odio es la misma. Por eso la respuesta también tiene que ser sostenida sin tregua a lo largo del tiempo.
De generación en generación como dicen las sagradas escrituras, eso implica sostener el coraje frente a la cobardía y sostener la moral y los valores civilizatorios frente a la barbarie del fanatismo. Tenemos que entender algo fundamental, el antisemitismo no es un problema exclusivo de las comunidades judías, es el canario de la mina de la degradación moral de occidente al cual le siguen las más grandes atrocidades para todo el resto de los individuos. Por eso, cuando el antisemitismo comienza a asomar la cabeza es porque algo más profundo está fallando, es porque el odio a los valores que hicieron grande occidente están ganando terreno y nunca se conforma con derribar tan solo un bastión, siempre va a ir por más, siempre va a ir por todo.
Por eso combatir el antisemitismo excede defender a un pueblo que ha sido víctima de persecuciones y muertes. Es defender la moral que está en la base de nuestra civilización. Ahora bien, ¿qué tiene que ver este diagnóstico con nosotros con América Latina? Tiene todo que ver. Porque el antisemitismo también ha echado raíces en nuestro continente. Durante décadas gran parte de nuestra región hizo causa común con los enemigos de Israel, como consecuencia de haber sido capturada por una ideología nefasta conocida como socialismo del siglo XXI. Una ideología que parece nueva pero que tiene sus raíces en una batalla de milenios, como le gusta decir al Presidente Trump.
Una batalla entre quien honra en el bien y quiénes idolatran el mal, entre Abel y entre Caín, por eso todos los gobiernos de izquierda y anticapitalistas pactaron con el terrorismo. Le abrieron la puerta en la influencia iraní y miraron para el costado cuando sus comunidades judías fueron atacadas. Cada uno atacaba nuestro modo de vida y nuestras costumbres desde su lugar y todo esto tiene sentido si consideramos que el epicentro de este movimiento fue ni más, ni menos que la dictadura cubana, donde entrenaban los agentes del terrorismo guerrillero para llevar el cáncer comunista a cada rincón de nuestro continente. Con todo esto, hoy sabemos algo que antes no queríamos aceptar, existe una alianza implícita entre la izquierda radical y el terrorismo islamita. Esta es una realidad que va más allá de una alianza transitoria, se trata de una hermandad maligna basada en el odio a la civilización occidental del cual el pueblo hebreo es un precursor.
Déjeme ser claro sobre algo más Israel es el bastión de Occidente es el muro de contención ante una escalada anti Occidente la pelea contra Israel No termina en Israel si Israel cayera luego vienen por todo occidente tenemos que defender Israel porque es una causa justa sobre todo porque es una causa justa, pero si alguno no lo entiende como una causa justa que lo entienda al menos como una cuestión de auto preservación, si se llevan puesto Israel se van a llevar puesto a todo Occidente.
No hay forma de separar las dos cosas no solo desde lo estrictamente estratégico tanto el oponente siempre quiere expandir su frontera sino también desde lo espiritual, Occidente es en su esencia el producto de los valores judeo- cristianos y esos valores tienen una partida de nacimiento, cuando el pueblo liberado llega al monte y recibe la ley, la primer palabra no es una prohibición sino una declaración de libertad, señala el primer mandamiento en el libro de Shemot “Yo soy el señor tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto de la casa de la esclavitud”.
La ley moral de Occidente se presenta antes que nada como liberadora de la casa de la esclavitud. Toda nuestra civilización, el valor de la persona, la igualdad ante la ley y el límite al poder brotar de ahí. Por eso, cuando atacan a Israel no atacan a un pedazo de tierra, atacan la raíz de lo que salimos todos los hombres libres de Occidente. Por eso, los gobiernos de la región tienen que entender que esto no es un debate abstracto, Irán tiene influencia activa en toda américa latina. El terrorismo que mató a 85 personas en la AMIA y a 29 en la embajada de Israel en Buenos Aires no vino de otro planeta. Demustra que organizaciones terroristas como el Hezbolá operan en nuestra región. Esa herida atraviesa la conciencia de nuestra nación y nos recuerda día a día el sentido de esta lucha. Por eso para Argentina esta causa no es abstracta, nos interpela desde nuestra propia historia.
En ese espíritu es que desde el primer día de mi gestión tomamos decisiones concretas: declaramos a Hamás, a la Guardia Revolucionaria Iraní y a las fuerzas Quds como organizaciones terroristas.
Además, expulsamos al encargado de negocios del régimen iraní. Firmamos el memorándum de libertad y democracia con Israel. Nos convertimos en el primer país sudamericano en presidir la IRA y fuimos los propulsores iniciales de los Acuerdos de Isaac.
El objetivo principal de estos acuerdos no es otro que el que defender los valores básicos de la vida, la libertad y la democracia y formar una alianza para combatir el terrorismo, el antisemitismo y sus fuentes de financiamiento en el narcotráfico y las dictaduras. Desde el minuto cero como Presidente tomé la firme determinación de ubicar a la Argentina del lado correcto de la historia.
Y creo que, a su vez, entre todos, podemos hacer lo mismo con la región. Somos responsables de unificar a Latinoamérica del lado correcto, hacia la vida, la libertad y la democracia. Estos acuerdos los lanzamos formalmente hace dos meses, en abril de 2026 en Jerusalén junto a mi queridísimo amigo el Primer Ministro Israel, Bibi Netanyahu y con el beneplácito del Presidente Donald Trump y con este primer paso invitamos al resto de los países de Latinoamérica a que se sumen y multipliquemos nuestras fuerzas. Así, mientras otros gobiernos pactaban con Irán para encubrir atentados en suelo argentino, nosotros pactamos con Israel para combatir el terrorismo, el narcotráfico, las dictaduras y el antisemitismo.
Hicimos todo esto porque es lo correcto, porque en esta administración tenemos un Norte claro: la moral como política de Estado. Es decir, la subordinación del cálculo político, de lo transitoriamente conveniente ante lo que es moralmente indicado. Y ahora llegamos al punto central de lo que quiero decirles hoy: Muchos de ustedes son legisladores y líderes parlamentarios, representan a sus países tienen poder real para cambiar las cosas en sus cámaras, en sus países, en sus regiones. Sin ir más lejos, el mundo es testigo de la transformación histórica que está atravesando la República Argentina desde el Congreso Nacional, aprobando leyes que marcarán el rumbo de las próximas décadas. Eso los pone en un lugar de responsabilidad que no pueden eludir. Los Acuerdos de Isaac son la extensión regional del espíritu de los Acuerdos de Abraham. Son una invitación a que América Latina construya una coalición moral, diplomática y cultural contra el antisemitismo, el terrorismo y el narcotráfico. Son una invitación abierta a todas las naciones que comparten esos valores y quieran sumarse.
Pero los acuerdos no se sostienen solos: una coalición de valores requiere que los estados actúen. Y los estados actúan cuando sus parlamentos los habilitan a actuar. Necesitamos leyes que expongan a todos esos grupos responsables de esparcir el odio y la violencia por el mundo, reconociéndolos como organizaciones terroristas; necesitamos marcos legales que combatan el financiamiento del terrorismo, cuyos responsables hoy se ocultan bajo entramado jurídicos que no están a la altura del mundo en el que vivimos. Como dije hace unas semanas: el IRA es tan fuerte como la voluntad política de sus miembros. Lo mismo vale para los Acuerdos de Isaac y lo mismo vale para cualquier coalición que queremos construir. Las palabras sin acciones son solo palabras y esta región ya tuvo demasiados discursos y demasiadas inacciones. Ya nos hemos puesto a rezar, ya hemos prendido velas, ya hemos cantado tomados de la mano. Todo eso mientras el terrorismo seguía actuando, inmutable ante nuestras expresiones de duelo, de las que efectivamente se alimenta.
Y aquí, el libro de Shemot nos deja una de sus enseñanzas más sorprendentes. Cuando el pueblo estaba atrapado entre el mar rojo y el ejército del faraón, no hay salida. Entonces ¿qué hace Moisés? reza, clama al cielo y la respuesta que recibe es inesperada. ¿Por qué clamas a mí? di a los hijos de Israel que avancen. Dejó de ser un texto contra la oración, es un texto que enseña que hay un momento para rezar y un momento para marchar. Frente al mar, Dios le dice a Moisés: este no es momento de seguir clamando, es momento de que el pueblo avance con fe. La tradición cuenta que el mar no se abrió hasta que un hombre, Najshon, se metió en el agua hasta el cuello. O sea, que fue este primer paso, este verdadero salto de fe al peligro de lo desconocido lo que dio lugar al milagro.
Lo que el mundo libre necesita hoy es lo que siempre necesitó cuando enfrentó sus mayores pruebas, que los que están del lado del bien se abroquelen y colaboren entre sí, porque el mal organizado solo se lo puede vencer con el bien organizado. Esa es la razón de ser de esta conferencia, es la razón de ser de los Acuerdos de Isaac y esa es la oportunidad histórica que tienen ustedes en sus manos. Los necesitamos en esta lucha. Creo firmemente que América Latina puede tomar partido de forma clara en esta disputa civilizatoria y que con eso puede elevarse en el gran concierto de las naciones, haciendo honor a su propia tradición.
Pero por fortuna hoy estamos viendo también un nuevo despertar en toda la región, donde la izquierda sigue replegándose. Primero perdieron en Chile, la semana pasada perdieron en Colombia y ya sabemos también que perdieron en Perú y espero que en octubre pierdan en Brasil.
Y además protege a los terroristas y narcotraficantes. También el huevo de la serpiente, el régimen cubano ha debido reconocer el fracaso de su ideología. Tras décadas de someter a su pueblo al hambre y a la persecución la tiranía está llegando a su fin. Y por supuesto, gracias a la audaz intervención de los Estados Unidos, se puso fin a la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela.
En definitiva, se está poniendo lindo el continente que está cada día más azul.
Lo que esta región decida en los próximos años va a determinar de qué lado de la historia vamos a quedar. No hay neutralidad posible, como no la hubo nunca en los conflictos existenciales de la humanidad. Que Dios los bendiga a todos, que las fuerzas del cielo nos acompañen y viva la libertad carajo. Muchas gracias.