Discurso del Presidente Javier Milei en el Madrid Economic Forum 2026, en España
¡Viva la libertad, carajo! ¡Viva la libertad, carajo! ¡Viva la libertad, carajo! Me parece que entre las coimas y los saunas no los quiere mucho. Aparte, con esta recepción, el año que viene, si me dejan, hago un recital.
Bueno, en primer lugar, deseo dar las gracias a los organizadores del Madrid Economic Forum, no solo por invitarme, sino por permitirme el honor de tener esta posibilidad de cerrar el evento, que además, la verdad es que me hacen sentir como en casa. Así es que muchísimas gracias.
En la charla de hoy, la idea de lo que vamos a estar discutiendo, que de hecho va a ser el título de mi próximo libro, que se llama: “La moral como política de Estado”. Y el eje central tiene que ver con algo que leí, en su momento, en un libro maravilloso de Israel Kirzner, que se llama: “Capitalismo, creatividad y justicia distributiva”. Lo voy a mencionar en el discurso, pero quería darles la previa del motivo de por qué este formato de charla, por qué el libro y por qué este enfoque.
Porque una de las cosas maravillosas que dice Israel Kirzner, en ese libro, dice: “Hoy los socialistas no discuten que el sistema capitalista es más eficiente, que es más productivo. No discuten eso. Lo condenan al sistema porque consideran que es injusto.” Y, en ese sentido, lo que dice —con muy buen criterio— Israel Kirzner es: “Si efectivamente el sistema fuera injusto, no merece la pena ser defendido”. Y en esa idea, lo que voy a probar a lo largo de esta charla, es que no sólo que el sistema capitalista es más eficiente, sino que es además justo y como si esto fuera poco, es el único sistema que trae prosperidad a la tierra. Por lo tanto, es clave sobre cuáles son las bases a partir de las cuales determinamos que el sistema efectivamente es justo.
Y eso tiene que ver con nuestros valores éticos y morales. Y la realidad, y lo digo con orgullo, porque no es sólo mérito mío, sino que es mérito de los gigantes que me acompañan en el Gobierno. Nosotros no venimos a plantear un slogan, porque todo lo que digo hoy lo estoy soportando con hechos en la Argentina, que la estamos haciendo grande nuevamente.
Y en ese sentido, cuando nosotros tenemos que plantearnos una política, lo hacemos desde tres dimensiones. Primero, y no negociable de ninguna manera, están los valores éticos y morales que hicieron grande a Occidente. Y entonces la pregunta es, ¿de qué hablamos cuando hablamos de Occidente? Occidente es la filosofía griega. Occidente es el derecho romano. Occidente es la rectitud de los estoicos. Por eso también me gusta recordar aquellos deseos que le pidió el Rey Salomón cuando hereda el trono. Y lo que pide al creador es sabiduría para poder distinguir el bien del mal. Coraje para elegir el bien. Templanza para mantenerse en el camino recto y justicia para actuar de manera justa. Y obviamente, cuando uno habla de lo justo, asociado a ello también están lo que son nuestros valores. Y les guste o no, los valores de Occidente son los valores judeocristianos. En ese sentido, la realidad es que si cumpliéramos con los diez mandamientos, si entendiéramos cuáles son los pecados capitales, y el no hacer del judaísmo, tengo plena seguridad que la basura inmunda del socialismo saldría de la faz de la tierra para que todos podamos prosperar.
A su vez, la segunda línea de análisis, y es la que siempre estuvo en disputa con la política, pero que para nosotros representa algo de segundo orden. De vuelta, el primer orden de mérito lo tiene la ética y la moral. En el segundo lugar es donde aparece la eficiencia económica. Y ahí también es muy interesante la discusión en términos estáticos, la idea de la mano invisible y de la optimalidad, la eficiencia estática. Y es muy interesante, y yo aquí voy a reproducir tal cual una prueba que hace Hans-Hermann Hoppe, en un libro maravilloso, que se llama: “La ética de la propiedad privada”. Donde la forma en la cual se encara esa prueba es determinante para bloquearle a los socialistas de todo tipo y pelaje cuando quieren meter la mano adentro del mercado. Naturalmente, cuando entremos en el terreno de la dinámica, demás está decir que creo que voy a mencionar a uno de nuestros grandes líderes interplanetarios, la lucha por la libertad, el gran profesor Jesús Huerta de Soto.
Y por último, probablemente lo más rancio, lo más miserable, lo más despreciable. Es el utilitarismo político, pero… además, lo digo como político. Es un buen punto, pero al margen de eso. Cuando ustedes… la eficiencia y el utilitarismo político están alineados con los valores éticos y morales, el resultado que esa política va a tener es que es justa, que es eficiente y además va a rendir rédito político porque ustedes van a estar haciendo algo que mejora la calidad de vida de los seres humanos.
Sin embargo, cuando estos tres elementos entran en tensión, lo que significa es que esa política que ustedes están analizando es injusta y por ende dicha política tiene que ser descartada aún cuando le sirva políticamente. Y eso sí puedo dar cuenta porque díganme cuántos políticos en el mundo conocen que entren en un año electoral apretando la política fiscal, apretando la política monetaria y liberando las restricciones cambiarias. Eso lo hicimos sólo los liberales.
Sin embargo, durante años se nos deformó el pensamiento presentándonos un falso dilema al diseñar políticas públicas donde se debía optar entre la eficiencia política en contraposición al respeto de los valores éticos y morales de Occidente. Tal como señala el profesor Jesús Huerta de Soto, en su trabajo sobre eficiencia dinámica, desde dicho punto de vista, la eficiencia no es compatible con diversos esquemas de equidad o justicia, sino que surge única y exclusivamente de uno de ellos, el cual se basa en el respeto de la propiedad privada y la función empresarial en un contexto que vale el principio de no agresión. Por eso, la oposición entre las dimensiones de eficiencia y justicia es falsa y errónea. Esto es, lo justo no puede ser ineficiente, ni lo eficiente injusto. Y es que en la perspectiva del análisis dinámico, justicia y eficiencia son dos caras de la misma moneda.
Sin lugar a dudas, quien anticipó esta situación con mayor claridad fue uno de nuestros grandes héroes, Murray Newton Rothbard, al plantear la conexión que existe entre la concepción dinámica, la eficiencia económica y el ámbito de la ética. Rothbard consideraba imprescindible establecer previamente el marco ético que impulse la eficiencia dinámica, dado el desconocimiento que tenemos de los fines, medios, funciones de utilidad que existen en la realidad; o lo que, en términos neoclásicos, Robert Lucas Jr. llamaba parámetros profundos. En este sentido, dicho marco está constituido por un conjunto de normas que delimitan el derecho de propiedad y hacen posible el intercambio voluntario, en el que los diferentes individuos siempre dejan de manifiesto cuáles son sus preferencias.
Así, para Rothbard, a lo cual adscribo, aún desde mi posición de Presidente de la Nación Argentina, sólo los principios éticos subyacentes en la cultura occidental pueden servir como criterio de eficiencia a la hora de tomar decisiones en materia de políticas públicas. Va a haber una parte de la presentación que les va a resultar más divertida. Les voy a presentar seis políticas distintas, y ustedes eligen, y yo se las cuento. Para eso también vamos a darle un rol al azar. Vamos a poner un dado, y alguien va a venir, va a tirar el dado y el número que salga es la política que yo voy a describir. Vamos a ponerle una parte lúdica.
Puesto en términos crudos, al momento de diseñarse las políticas públicas, resulta inadmisible desde el punto de vista de la ética y la moral sacrificar la justicia en el altar de la eficiencia. Esta consigna en favor de los valores no solo está por encima de la eficiencia económica, sino que aún lo está, mucho más, por encima del utilitarismo político. Así, al dejar de lado los valores éticos y morales, ello deriva en políticas que no son solamente injustas, sino que además llevan al colapso, no solo en lo económico, sino también en el plano de lo social, a punto tal que podría terminar acabando con la propia civilización occidental.
Ustedes ya lo saben, ya lo hice de visitante. Allá en el año 2024, donde está la cuna de los woke, en el foro de Davos, señalé que Occidente estaba en peligro. A su vez, en ese mismo foro, durante el 2025, mostré que las agendas y políticas que se venían impulsando desde los distintos organismos y foros internacionales no eran ni más ni menos que todo un conjunto de políticas socialistas, las cuales ustedes padecen todos los días, arropadas de modo elegante para engañar a personas de almas nobles, llenas de buenas intenciones, pero con los mismos resultados catastróficos de siempre.
Por eso, nunca debemos olvidar las palabras de Thomas Sowell sobre el socialismo, al cual le reconocía un mérito, y es que suena muy lindo. El problema es que siempre termina mal, horrorosamente mal. Créanme que si ustedes no estuvieran, aún con todos los problemas de montañas regulatorias tremendas que imposibilitan el crecimiento en Europa, créanme que si tuvieran Banco Central de España, no con Banco Central Europeo, con el impresentable que tienen a cargo del poder, tendrían un desastre peor que el que tiene Argentina.
De hecho, son todas sucursales o franquicias de la misma basura inmunda en todos lados, que es el socialismo del siglo XXI, pero que afortunadamente, gracias al coraje y el valor de Donald Trump, se está cayendo a pedazos. Y como dijo recién mi querido gran amigo, hace minutos, Daniel Lacalle: no está lejos soñar con una Cuba libre. Por esto, y más allá de esto, hoy más que nunca, frente a la degradación ética y moral que atraviesa Occidente, fruto de haber abrazado la nueva agenda socialista, es necesario volver a impulsar las ideas de la libertad.
Sin embargo, a diferencia del modo en que se encaró en el pasado, basado en un enfoque utilitarista, hoy la defensa del sistema capitalista de libre empresa debe estar basado en su virtud ética y moral. Estos impresentables de los socialistas se arrogan ser superiores moralmente. Propongo que vayamos y les robemos la idea, porque los únicos que somos ética y moralmente justos somos nosotros.
Gracias. Por lo tanto, y tal como les había adelantado, hoy demostraré que el capitalismo de libre empresa no sólo es más productivo, sino que además el sistema es justo. A su vez, les demostraré que no existe dilema entre el utilitarismo político y la política basada en valores, ya que si las mismas estuvieran en conflicto, hechos implican que las bases del utilitarismo político deben descartarse por ser injustas. Por lo tanto, esto implicará que si queremos salir de nuestro oscuro presente, debemos volver a inspirarnos, como dije antes, en los valores de Occidente: la filosofía griega, el derecho romano, la rectitud de los estoicos y los valores judeo cristianos. Porque, de esa manera, estaremos salvando Occidente. Dada esta introducción, ahora llega el momento de trabajar, que es probar lo que dije que iba a probar.
Para probar que el sistema capitalista de libre empresa es justo, básicamente voy a trabajar con lo que es el concepto de ley natural, ley positiva, justicia, propiedad privada, principio de no agresión y liberalismo. Gran parte de los conflictos humanos surgen de una fallida interpretación entre el derecho natural y el derecho positivo. Así, el derecho natural es la ley que debe regir al ser humano porque se adecúa a su naturaleza y, por lo tanto, es justa en sentido universal. Es una ley común para todos los hombres porque es intrínseca a su esencia y, por lo tanto, inmodificable e inmutable. Por otra parte, el derecho positivo es el que redactan los hombres para regir su convivencia. De este modo, en coincidencia con la ley natural habrá justicia. En su defecto, la ley será legal pero no será legítima. Digo, muy simple, si ustedes hacen una ley en la cual dicen que van a matar a un grupo, miren, puede ser legal pero está claro que es ilegítima y esa ley debe ser combatida.
En función de eso se reconocen dos derechos naturales; los derechos a la vida y a la libertad. El hombre nace vivo y nace libre y tiene derecho a conservar esos atributos de la naturaleza. Además, tiene derecho que a sus semejantes se lo respete, en orden de buscar su propia felicidad que es el fin al que tiende todo hombre. En paralelo tenemos los derechos adquiridos. Los cuales no son naturales ni tampoco son inherentes al ser humano, sino que los mismos son ganados por merecimiento u obtenido por regalos. De este modo, el derecho fundamental a la libertad se deriva del derecho adquirido que es la propiedad privada. Y eso se manifiesta en que podamos adquirir un bien con el fruto de nuestro trabajo o podemos recibir un bien que libremente nos donen o nos hereden. No que los robe el Estado con la maldita justicia social. Hay algo que deberían entender las ratas socialistas, la caridad no es a punta de pistola, y además como decía Rothbard es increíble toda lo caritativo que se puede ser cuando el bolsillo no es el suyo sino es el bolsillo ajeno.
A su vez el derecho de propiedad, en especial por sus consecuencias dinámicas, se vincula con el principio de apropiación del locke, por lo que ahora la propiedad no sólo puede derivar de una ordenación, regalo, herencia o intercambio, sino que se suma la apropiación del excrudimiento y de una creación. Este tema no es una cuestión trivial porque —tal como señalaba Hayek— el mercado es un proceso de descubrimiento. Finalmente, estos derechos se complementan con el principio de no agresión, el cual establece que ningún ser humano tiene derecho a ejercer agresión de ningún tipo contra otro ser humano; lo cual no sólo incluye la agresión física, sino también todo tipo de coacción, coerción o imposición bajo amenaza del uso de la fuerza, es decir, el accionar del Estado.
De ahí que definimos liberalismo acorde a la definición del prócer del liberalismo en la Argentina que es el profesor Alberto Venegas Lynch (hijo), y que define al liberalismo… Aplausos para el profesor. La definición del profesor Alberto Venegas Lynch es muy iluminadora para cuando ustedes tienen que tomar decisiones porque fíjense la altura y la estatura moral que tiene la definición del liberalismo y las restricciones bien claras que impone al momento de diseñar una política porque dice: “El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad privada”. Donde de eso se derivan un conjunto de instituciones que son la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la competencia entendida como libre entrada y salida, la división del trabajo y la cooperación social. Naturalmente, asociado a este ordenamiento social surge la cuestión de si el mismo es justo. Por ende, para determinar si el sistema es justo la referencia obligada es Ulpiano, digo, aquel gran hombre romano, inventor del derecho prácticamente. Cuya premisa básica constituye la base del derecho romano y sin dudas es uno de los pilares de la civilización Occidental. Y esto es importante porque la definición tiene dos partes y siempre se menciona la primera y se omite la importante, la más importante, que es la segunda. La primera parte dice: “La justicia es la constante y persistente voluntad de otorgar a cada cual, cuál es su derecho”. Obviamente, eso deja una ventana abierta, porque esto es la intención de dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde.
Sin embargo, la sentencia de Ulpiano no se quedó ahí, sino que a continuación añadió: “Que los principios del derecho constan en vivir de modo honesto, sin causar daño a nadie y dando a cada cual lo que es suyo”. Por lo tanto, noten que la definición de liberalismo, el concepto del liberalismo, el capitalismo de libre empresa, satisface esa definición; mientras que el socialismo claramente al violentar el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad es una basura inmunda que nos hunde en la miseria.
Por lo tanto, acabamos de probar que el capitalismo de libre empresa es justo y ahora viene el momento en el cual tenemos que probar que es eficiente. Acá básicamente voy a hacer una intro de Adam Smith y voy a comparar la prueba que utilizan los neoclásicos versus la prueba de Hans-Hermann Hoppe, donde claramente la prueba de Hans-Hermann Hoppe basándose en el principio de apropiación de Locke, y en el principio de no agresión por la vía lógica, demuestra la eficiencia sin tener que caer en rígidas estructuras matemáticas, que después abren la ventana a lo que los neoclásicos llaman falla de mercado; donde después los socialistas aprovechan para intervenir y meternos las manos en el bolsillo, algo que les encanta.
Así, dado el entramado institucional emergente --el cual además hemos probado que el mismo es justo-- ahora es momento probar que, además, es eficiente. El primer planteo al respecto fue realizado por Adam Smith, quien utilizando el argumento de la mano invisible postulaba que cada individuo persiguiendo su propio interés llevaba al máximo bienestar social. Más tarde, los neoclásicos, guiados por una idea de la mano invisible basada en el óptimo de Pareto, lograron derivar el primer axioma de la economía del bienestar. Esto es, todo equilibrio competitivo es óptimo de Pareto. Sin embargo, esto implica abrazar una estructura matemática que deja abierta las puertas a la intervención estatal, bajo las buenas intenciones de corregir los fallos de mercado; los cuales, desde mi punto de vista, no existen.
Esencialmente, el problema de los neoclásicos es que construyen la derivación de la optimalidad utilizando toda una estructura topológica, y que cuando la vida real no mapea con el modelo cometen el error de decir que eso es un fallo de mercado. Cuando ustedes, en la vida real, el modelo no mapea con la realidad, tiran el modelo; no se enojan y revientan a patadas la realidad.
Por eso, la prueba que ha desarrollado Hans-Hermann Hoppe --a pesar de todo lo que me insulta y lo poco que me quiere--, basado en los derechos de propiedad, en línea con el principio de apropiación originaria de Locke, junto al principio de no agresión, no solo resulta satisfactoria en probar la optimalidad, sino que además no deja lugar a la intervención del Estado. Por eso, voy a reproducir tal cual las palabras de Hoppe; son tan brillantes que, si las tocara, las arruinaría. Es decir, hasta es eficiente la definición que utiliza, lo cual es el paroxismo de la eficiencia, y que vale la pena reconocerle el profesor Hans-Hermann Hoppe. Señala que cualquier desviación de este conjunto de reglas implica, por definición, una redistribución de títulos de propiedad, y por lo tanto de los ingresos, desde los usuarios productores y contratantes de bienes hacia los no usuarios productores y no contratantes. Es decir, hablando mal y pronto, desde los que producimos y nos ganamos el pan con el sudor de la frente, y los parásitos del Estado, que se ganan el pan con el sudor de la frente ajena.
Por lo tanto, cualquier desviación en tal sentido implica que habrá relativamente menos apropiación originaria de recursos cuya escasez sea conocida. Y por ende, habrá menos producción de nuevos bienes, menos mantenimiento de los bienes existentes, y menos contratos y comercios que sean mutuamente beneficiosos. Esto, naturalmente, implica un menor estándar de vida en relación con los bienes y servicios que pasan de mano en mano. Además, el postulado de que solo el primer usuario --no el último--, si el primer usuario es el que lo descubrió, el que lo encontró o el que lo heredó; y el último es el que suelen los políticos querer sacárselo a uno para dárselo a otro. Ustedes se imaginan la locura que eso implica, ¿no? Imagínense que ustedes llegan a la vida y tienen que alimentarse. Conforme ustedes van caminando, se van a ir encontrando bienes, y que ustedes los descubren; y como no son de otros, se lo apropian, con eso consumen y con eso viven. ¿Está claro eso? Bien ¿Qué pasa si esos bienes que descubren no se los pueden apropiar, y dependieran de que otro usuario que viene posterior se lo tenga que autorizar? En el fondo, eso los condenaría a la muerte. Porque si ustedes le tuvieran que pedir permiso para consumir algo para alimentarse al que viene atrás, y el que viene atrás se lo tiene que hacer al que viene después, y así sucesivamente, ustedes se van a morir. Y no solo se van a morir ustedes, si no que se van a morir todos los demás. Por lo tanto, esa idea del socialismo de que uno lo produce y otro se lo puede apropiar, inherentemente va a derivar en miseria.
En definitiva, el postulado de que solo el primer usuario --no el último-- adquiere el derecho de propiedad sobre el mismo nos asegura que los esfuerzos productivos serán tan altos como sea posible en todo momento. A su vez, la negación de que solo la integridad física de la propiedad --no el valor de la misma-- debe ser protegido, garantiza que todo propietario llevará a cabo los mayores esfuerzos productivos de valor. Esto es, esfuerzos para promover cambios favorables en el valor de la propiedad y para prevenir o contrarrestar cualquier cambio no favorable en el valor de la misma. Por lo tanto, cualquier desviación de estas reglas implica una reducción de los esfuerzos productivos en todo momento. Básicamente, el punto es: supongan ustedes que compran un conjunto de máquinas para hacer un negocio. Lo que va a proteger el derecho de propiedad, el principio de no agresión, son justamente esos fierros; no el valor. Por lo tanto, si ustedes tienen un negocio exitoso, lo que va a definir que sea exitoso es que el valor de mercado sea igual o mayor que el valor al que ustedes lo compraron; mientras que si es menor van a ir a la quiebra. No se protege el valor, se protege la propiedad; y esto no es menor, porque imaginen qué pasaría en el momento en el que estaban los fabricantes de velas y apareció el señor Edison con la lamparita. Es decir ¿Qué es lo que haría el socialista? Mandaría a la horca al inventor de la lamparita por mandar a la quiebra a los pobres fabricantes de vela; y haría que todos tuviéramos una vida miserable.
Por lo tanto, en caso de que exista el Estado, debe resguardar la propiedad, no el valor; porque cuando quiere resguardar el valor cuida ineficientes parásitos que fomentan la corrupción del Estado en contra de toda la población.
Nótese que al pivotear sobre la propiedad privada y no sobre funciones de demanda derivada de ejercicio optimización, esto permite alcanzar un óptimo sin la necesidad de utilizar supuestos cuasi esotéricos que luego brinden sustento a la intervención estatal. Ustedes recuerden que cuando van y estudian Teoría de los precios o Microeconomía, cuando aparecen los fallos de mercado, que ya dijimos que no existen, que son fruto de una construcción matemática y derivan de que la realidad no coincida con esa estructura matemática, el problema más grande de todo eso es que en lugar de tratar de solucionarlo por la vía de los intercambios voluntarios, el Estado los intenta utilizar por la vía de la fuerza. Por lo tanto, supuestamente, en la búsqueda de ese óptimo, termina sacrificando la justicia en el altar de la eficiencia. Por lo tanto esa política es injusta y su destino es que termine mal.
Como si todo esto fuera poco, tengo una crítica adicional al segundo teorema del bienestar. Esta es más divertida. El segundo teorema de la economía del bienestar, inspirado en la obra de John Stuart Mill, en un momento de debilidad del pobre John Stuart, bastante solterón, ya cansado de estar solo, y frente a querer quedar bien con la viuda de un señor, que vió una oportunidad de mercado, porque quedó viuda… Entonces, pobre mujer, no era perfecta, era socialista. Entonces el pobre John Stuart trató de quedar bien con ella y derivó algo que era que la eficiencia era independiente de la distribución. Es decir, que el derecho de propiedad no importaba nada, vendría a ser algo así; y la realidad, si la producción es independiente de la distribución, eso significaría, por ejemplo, que no habría diferencia entre capitalismo y comunismo. Y mal que les duela a los zurdos el muro se cayó en el año 89 y aplastó a los zurdos, y no al capitalismo.
¿O acaso nunca vieron la foto aérea de Corea del Norte y Corea del sur? En Corea del Sur hay luz; en Corea del Norte, oscuridad. ¿O acaso ustedes ven gente en Miami subiéndose a tiburones para irse a la isla-cárcel de Cuba?
Dicho esto, ya hemos probado que el sistema es justo, hemos probado que el sistema es eficiente y ahora vamos a probar que, además, es dinámicamente eficiente; que es aquel sistema que promueve el mayor crecimiento y bienestar de los individuos. Por eso, habiendo probado que las instituciones del capitalismo de libre empresa, sostenida por los derechos naturales, el principio de apropiación originaria de Locke, y el principio no agresión, no solo que son justas, sino que además son eficientes. Al menos en términos estáticos, es momento ahora de probar que el capitalismo de libre empresa cumple todas estas mismas propiedades en términos dinámicos. Jenofonte, ya 380 años antes de la era cristiana, señalaba que la economía es un saber que permite a los hombres acrecentar la hacienda, mientras postulaba que la propiedad privada resultaba el vehículo más provechoso para la vida de cada cual. Es decir, no es que esto viene de ahora, viene de larga data. O sea, la pelea es eterna. Esto es interesante, porque hay una frase maravillosa que dice que el costo de la libertad es su eterna vigilancia. ¿Y por qué esto es así? Porque del otro lado ustedes tienen parásitos; ustedes tienen vagos que yo no sé si odian más bañarse o trabajar.
Yo recuerdo el caso de un amigo que se fue de vacaciones a Cuba, y cuando llega a la playa viene una persona y le dice: ¿Me das un dólar? ¿Me das un dólar? ¿Me das un dólar? Y llega un momento en que ¿Qué hace? Le da el dólar. Y va y se pone al lado de otro ¿Me das un dólar? Cuando llega el otro día, pasa lo mismo. ¿Saben por qué? Porque de esa manera terminaba ganando más plata en un día que lo que juntaba en un mes, en la maravilla socialista. Por lo tanto, los zurdos roñosos están todo el tiempo generando retóricas y viendo cómo robarle y comerle el bolsillo a otros. ¿Por qué? Porque ellos no producen nada; y lo único que pueden producir son palabras para que el resto se sientan culposos, y meterle la mano en el bolsillo. Por lo tanto, les dejo una recomendación, que nosotros le decimos a la filial argentina del socialismo del siglo XXI, que es el kirchnerismo, o sea, los kukas: No se dejen psicopatear por los zurdos.
Sin embargo, Jenofonte se ocupa del concepto de eficiencia también. El cual aborda desde dos perspectivas: por un lado, desde una visión estática, define como eficiente a la gestión de los recursos disponibles tendiente a evitar el despilfarro; donde además se resalta el beneficio de la propiedad privada, al señalar que el ojo del amo es la mejor fórmula para engordar el ganado. Es decir, nadie respeta la propia mejor que uno mismo. Digo, nunca dejen su bolsillo cerca de un socialista.
Por otro lado, Jenofonte, en su segunda definición de eficiencia, se adentra en el terreno dinámico, señalando que, a su vez, la eficiencia implica incrementar la hacienda. Esto es, se trata de aumentar la cantidad disponible de bienes por la vía de la creatividad empresarial. Esto es, por la vía del comercio o de la especulación. Este último criterio de eficiencia es de importancia fundamental para el estudio del crecimiento de una economía, ya que a diferencia de un modelo estático, en el que solo se contempla lo que Robert Lucas Jr. definía como los parámetros profundos --esto es, preferencia, tecnología y dotación de recursos iniciales-- en la esfera dinámica tanto la tecnología como las dotaciones iniciales pueden variar; y de hecho lo hacen continuamente, como resultado de la creatividad empresarial. Es más, un capítulo aparte obedece a la institución de la propiedad privada y que pivotea sobre ella la Escuela austríaca de economía, desde Mises, Hayek, Rothbard, Hoppe, hasta Jesús Huerta de Soto, ha demostrado la imposibilidad del socialismo; y por ende, echando por tierra la fantasmagórica idea de John Stuart Mill que postula la independencia entre la producción y la distribución.
Y dicho sea de paso, una sordera académica que derivó en el socialismo y que le costó al mundo la vida de 150 millones de seres humanos; al tiempo que aquellos que lograron sobrevivir al terror lo hicieron en una absurda miseria.
Entrando ahora a la parte del crecimiento y la función empresarial, acorde a lo señalado y en línea con la segunda definición del análisis de Jenofonte, la teoría económica ha identificado cuatro fuentes de progreso económico: en primer lugar, tenemos la idea de la división del trabajo, lo cual fue ejemplificado brillantemente por Adam Smith en esa idea de la fábrica de alfileres, donde la división del trabajo genera incrementos de productividad; y que esos límites de eso están dados por el tamaño del mercado. Esto también es muy importante que lo internalicemos, porque no solo que los socialistas se caracterizan por lo que Hazlitt llamaba el odio a la máquina, o que también se llaman luditas, que son los tipos que le tienen fobia al progreso tecnológico y que nos asustan con un montón de utopías. Cuando ustedes entienden que el límite de la división del trabajo, es decir, los rendimientos crecientes, están limitados por el tamaño del mercado; y que el tamaño de mercado, en última instancia, está limitado por las dotaciones iniciales, entre otras, 24 horas por día, van a tener claro que esos escenarios distópicos no tienen sentido. Por lo tanto, no permitan que los intervencionistas nos trasladen sus miedos y nos arruinen nuestra vida: sigan adelante, sigan progresando, sigan generando progreso tecnológico por una humanidad mejor.
En segundo lugar, tenemos la acumulación de capital físico, donde es clara la interacción entre ahorro, inversión y el rol que ocupan los mercados de capitales. Por otro lado, tenemos el capital humano, donde el foco no debe limitarse al plano educativo, sino que también debe considerarse el desarrollo de capacidades cognitivas desde el nacimiento del ser humano, su alimentación y la salud; elementos fundamentales para poder acceder a la educación y al mercado de trabajo. En cualquier otro político, esto sonaría como simple retórica que trataría de estar endulzándole los oídos; sin embargo, nosotros, en honor a Gary Becker, tenemos un Ministerio de Capital Humano, cuya base fundamental es Niñez y Familia.
Donde, además, nos dedicamos a cuidar de la salud, para que esos niños puedan llegar a educarse y después poder integrarse dignamente al mercado de trabajo. Está claro que es una solución que no es del todo libertaria, pero cuando ustedes llegan a un país al borde de una hiperinflación y con 57% de pobres, la ética de la emergencia de Ayn Rand dice que ustedes deben velar por la vida humana. Y eso es lo que estamos haciendo desde el Capital Humano.
Sin embargo, a diferencia de los otros mecanismos de asistencia, que tanto le gustan a socialistas y fascistas --que son también socialistas, pero que descubrieron que la utopía comunista no funcionaba--, en lugar de estar regalándole el pescado a la gente y esclavizarlo, nosotros le estamos enseñando a pescar, para que en algún momento tengan una fábrica de pescados.
Luego, tenemos el progreso tecnológico, el cual significa poder producir una mayor cantidad de bienes con la misma cantidad de recursos; o producir lo mismo empleando una menor cantidad de insumos.
Finalmente --y esto es algo que a mí me interesa de sobremanera, porque ustedes pueden tener los rendimientos crecientes por división del trabajo, pueden tener capital físico, capital humano, pueden tener progreso tecnológico… pero sin creatividad empresarial, la producción sería cero: si ustedes no tienen empresarios, van a ser pobres.
Sin embargo, para que esta eficiencia dinámica pueda tomar sentido, ustedes van a necesitar de instituciones. En función de esto, lo verdaderamente importante es expandir al máximo la frontera de posibilidades de la producción. Así, la eficiencia dinámica puede verse como la capacidad de una economía para impulsar la creatividad y la coordinación empresarial de modo tal que maximice el crecimiento económico. A su vez, el criterio de eficiencia dinámica está indisolublemente unido al de función empresarial, siendo esta la capacidad típicamente humana para darse cuenta de las oportunidades de ganancia que surgen en el entorno, y actuando en consecuencia para aprovecharse de las mismas; haciendo que se vuelva fundamental la tarea de descubrir y crear nuevos fines y medios, impulsando una coordinación espontánea destinada a resolver los desequilibrios de mercado. Por otra parte, esta definición de eficiencia dinámica que propone Huerta de Soto combina adecuadamente y de modo coherente la idea de destrucción creativa de Schumpeter, con la eficiencia de North. Naturalmente, dado el rol de la función empresarial, es de vital importancia las instituciones bajo las cuales se desarrollan las mismas. En este sentido, tanto Douglass North como Jesús Huerta de Soto ven como una función clave de las instituciones la de reducir la incertidumbre. Dicho sea de paso, cuando nosotros fuimos a las elecciones presidenciales del 2023, el Riesgo País estaba en torno a los 3.000 puntos básicos --al margen que estábamos camino a una hiperinflación y a un default generalizado, comercial y de deuda--. Y en ese contexto, hoy hemos logrado bajar el Riesgo País a niveles de 500 puntos básicos. Y si además, en lugar de tomar el Riesgo País en los bonos que exceden más allá de lo que sería nuestro primer mandato… Si la gente quiere habrá otro… Pero, si ustedes toman nuestras últimas colocaciones al 2027, hoy el Riesgo País en Argentina, de la mano de un gobierno liberal-libertario, ha bajado a 200 puntos básicos. ¡Vaya que estamos trabajando para eliminar la incertidumbre!
Además, como señala Roy Cordato, el marco institucional adecuado es el que favorezca el descubrimiento empresarial y la coordinación. Por lo que, en este marco, la política económica debería orientarse a identificar y remover todas las trabas artificiales que dificultan el proceso empresarial y los intercambios voluntarios. De vuelta, podría sonar a lindas palabras, a lindos eslogan; pero nosotros, desde el Ministerio de Desregulación que maneja ‘El Coloso’ Federico Sturzenegger, en dos años hemos quitado 15.000 regulaciones. 15.000 reformas estructurales. ¡Vaya que sí se puede!
Entonces, en este sentido, dada la influencia determinante de las instituciones en el progreso económico, ello nos dirige la mirada hacia la importancia de la ética. Ya que aquellas sociedades que adhieran a valores y principios éticos más sólidos en el respaldo en las instituciones, serán dinámicamente más eficientes, y con eso disfrutarán de un mayor nivel de prosperidad. Así, en línea con la teoría de la función empresarial y el concepto de eficiencia dinámica, todo ser humano posee una innata capacidad creativa que le permite apreciar y descubrir las oportunidades de ganancias que surgen en su entorno, actuando en consecuencia para aprovechar de las mismas. De este modo, la empresarialidad es la capacidad típicamente humana para crear y descubrir nuevos medios y fines. De acuerdo a esta concepción, los recursos nunca están dados; sino que tanto los medios como los fines son continuamente ideados y concebidos ex novo por los empresarios, siempre deseosos de alcanzar nuevos objetivos que ellos descubren que tienen mayor valor. Como verán, soy un declarado discípulo del gigante Jesús Huerta de Soto, y no lo voy a negar.
Y la realidad es que la mejor forma de fomentar la coordinación y la creación empresarial se basa en poder apropiarse del fruto de su trabajo, en el fondo de los derechos naturales, de respetar el derecho a la libertad, el derecho a la vida, el derecho de propiedad, sin agredir a terceros. Cuando ustedes cumplen con los derechos naturales, el principio de apropiación de Locke y el principio de no agresión, que en el fondo no es más ni menos que lo que está subyacente en los valores judeocristianos, ustedes van a tener una sociedad que es dinámicamente eficiente y, por ende, prospera. Por eso Occidente ha sido testigo de la mayor hazaña civilizatoria de la historia de la humanidad.
Dicho esto, hemos llegado a la parte interactiva de la presentación. Básicamente, yo les voy a dar seis opciones para que se pueda elegir. Una es: ¿cómo se utiliza este marco analítico? Por ejemplo, para diseñar un ajuste fiscal.
El segundo caso es: ¿cómo se lleva a cabo el saneamiento del Banco Central? El manejo de la deuda para evitar una hiperinflación. Quiero, digamos, tomarme un segundo, porque el gran titán que ha llevado a cabo esta tarea, junto con el Presidente del Banco Central, es quien fuera mi secretario de Finanzas y hoy Canciller, el gigante de Pablo Quirno, por favor, de pie. Ese señor, junto a Bausili, evitaron la hiperinflación. El tercer elemento analítico es la salida del cepo. El cuarto es la desregulación. Cinco, la apertura. Y seis, la lucha contra la inflación. Son todas políticas que nosotros hemos llevado a cabo y que lo voy a dejar, como no le puedo estar preguntando a todos, no puedo estar haciéndolos gritar, porque puede ser que yo tenga un sesgo del cual quiero hablar. Pero mejor dejémoslo ahí.
Traje un dado. ¿Me alcanzan el dado, por favor? El señor que me trajo el dado es mi jefe de protocolo. Le decimos Messi, porque tratar de mantenerme en el protocolo a mí es una tarea titánica.
Dicen que un día lo vieron a Darío al trabajar y pasó Cíclope y dijo: “No, dejá, yo paso de largo”. Es demasiado interesante, digamos, mi mitología. ¿Alguien quiere venir a tirar el dado? Que pase el que quiera. Dale, dale, vení. Subí como puedas. Sí, claro. Claro, y lo que salga. Y sí, digo. ¿Cómo que no? ¿Si, cuántos dados? Sí que lo dije. ¿Cómo que no? Dije: ajuste fiscal, saneamiento del Banco Central, deuda e inflación, salida del cepo, desregulación, apertura y lucha contra la inflación. ¿Cómo no? Cinco. Cinco.
Vaya que el orden espontáneo trabaja y que la vida es caprichosa. Juro que el dado no está cargado, porque nos acaba de tocar apertura.
Hace por lo menos un par de semanas que en Argentina venimos discutiendo sobre la apertura. Y eso implica tener que enfrentar a toda la estructura corporativa argentina: desde empresarios, prebendarios, periodistas ensobrados y políticos corruptos. Entonces, no tengo duda: cuanto más socialismo, más corrupción tenés.
En primer lugar voy a ir sobre lo evidente, sobre los datos, que derraman los ojos a cualquiera, para que tomen claro que lo que se está defendiendo en Argentina, bajo la pátina de la industria nacional y el nacionalismo berreta de pacotilla, no es ni más ni menos la posibilidad que tienen los empresarios corruptos para seguir cazando en el zoológico.
Argentina, acorde a su nivel de ingreso, debería tener un coeficiente de apertura, es decir, exportaciones más importaciones en términos del PBI, del 93%. Argentina tiene un coeficiente de apertura del 28%. Es decir, que cuando toman esa distancia relativa, Argentina es el país más cerrado del mundo.
Por lo tanto, todas esas quejas de apertura indiscriminada son mentiras. A su vez, hay otro índice, uno que elabora el Banco Mundial, que considera 179 países. Argentina está en el lugar 178. Es decir, que no hay tal cosa como apertura indiscriminada, como industricidio y como todas esas mentiras que quieren instalar desde los medios de comunicación, dado el combustible que le ponen los empresarios prebendarios.
Y uno de los grandes debates que surgió, en Argentina, fue acerca de una empresa de neumáticos que se llama FATE y cuyo dueño es un señor que se llama Manuel…, no, Javier Madanes Quintanilla. Digo, así lo conocen. Digamos así, que vaya y defienda su vergüenza por todo el mundo… Básicamente, ustedes, un neumático cuesta 100 dólares. En Argentina, había que pagar 400 dólares. Es decir, había que pagarlo cuatro veces más caro.
Y además, este señor tiene una empresa de aluminio que se llama Aluard. Y cada vez que negociaba una protección, ya sea para el aluminio, o ya sea para los neumáticos, lo hacía extorsionando gobiernos desde hace más de 20 años, con que iba a tirar 920 trabajadores a la calle. Se imaginan que nosotros no hemos sido un gobierno que haya escapado a recibir esa presión. Pero se imaginarán cuál habrá sido nuestra respuesta, porque el día anterior a tratarse la ley de modernización laboral, este extorsionador prebendario tiró a la calle las 920 personas, familias, para generarnos un desastre en la calle el día que queríamos sacar la ley de modernización laboral. Porque claramente, no aceptamos. Entonces, esto es interesante.
Voy a empezar a analizar la política en el orden de mérito opuesto al que señalé. Ustedes recuerdan que yo hablé ética y moral, o sea, lo que es justo. Hablé de eficiencia económica y hablé de utilitarismo político.
SI yo abriera la economía, ahora los neumáticos no costarían 400 dólares, costarían 100 dólares. Consecuentemente, se beneficiarian 48 millones de seres humanos y se perjudicaría el señor Madanes Quintanilla y se perjudicaría los 920 trabajadores y familias de Fate. Si ustedes eso se lo dan a un político, hace calculo político y dice acá hay 48 millones, acá mil, por ende elige esa solución.
Sin embargo, eso no es un motivo para que ustedes justifiquen esa política en sí. Porque, si ustedes piensan en el populismo, digamos, es como que hay 5 personas: 4 no tienen nada, uno tiene 500. Entonces, al que tiene 500 le roban 400, supongamos que no están las porosas manos de los políticos, y le da 100 a cada uno de los que no tenían nada y ahora quedan los 5 con 100. Digamos, hay 4 ganando, 1 perdiendo, al político eso le encantaría. Sin embargo, ¿por qué es cuestionable eso? Porque es injusto. Porque es un robo. Porque es un trato desigual ante la ley. Entonces, sigamos en el análisis. Además, es ineficiente, porque castigaría al que produce y, por ende, en términos dinámicos, la producción se derrumbaría. Por lo tanto, tampoco es eficiente.
Entonces, ya vimos que esta política de abrir es cierto que beneficia a 48 millones y solamente perjudica a 1.000, pero eso no es motivo para avalarla, porque tenemos que determinar, la segunda etapa es si es eficiente. Y la realidad es que la apertura también es eficiente, porque es cierto que el día que ustedes abran la economía y puedan comprar los neumáticos a 100 dólares, esta empresa que lo hacía a 400 va a ir a la quiebra. Sin embargo, eso implica que la persona que estaba pagando 400 ahora paga 100 y le quedan 300 disponibles para gastar en el resto de la economía, en actividades que son más productivas. Por lo tanto, va a haber reasignación de trabajo de sectores menos productivos a más productivos. Por lo tanto, van a tener mayores salarios, van a tener precio más bajo, por ende van a tener más consumo presente, más consumo futuro, por ende más bienestar.
Es decir, que la política de apertura también supera el test de la eficiencia. Es más, favorece a los sectores más vulnerables, porque, mientras que aquellos que podían viajar hacia Uruguay o hacia Chile para traerse los neumáticos a precio de mercado, los que tenían que pagar los neumáticos más caros eran los que menos tenían. Por lo tanto, era regresivo. Y eso incrementaba la chance de que fueran ellos los que se mataran en la ruta por usar neumáticos viejos. Por lo tanto, esa política promovía además la muerte de los más vulnerables y castigaba a los más vulnerables. Entonces, la pregunta es: ¿cómo puede ser que, si a los políticos les encanta cosechar votos y abrir le hubiera generado más votos ganados que votos perdidos, por qué no lo hacen? Si es tan eficiente, ¿por qué no lo hacen? Porque se llama corrupción. La apertura también elimina la corrupción.
Porque cuando el burócrata levanta la pared para que no pueda competir, además, se da cuenta que puede negociar con el empresario para mantener esa restricción. No me vengan a llorar con que ya existían, porque si no, saquemos todas de golpe, a ver qué opinan. Entonces, y tampoco me vengan a decir que no tienen tiempo, porque está claro que desde hace más de 10 años estoy en los medios de comunicación diciendo qué hay que hacer, cómo se hace, y lo estoy haciendo.
Por lo tanto, si fuiste a las carreras y apostaste el caballo equivocado, lo siento mucho, pero además querés apostar y cuando errás querés que todos los argentinos paguemos tus errores por apostar a gobiernos corruptos. O el argumento de la industria infante. La industria infante en Argentina tiene 80 años. Me parece que ya está bastante grande.
Por lo tanto, aquellos que se enarbolan en la idea de la industria nacional, que se enarbolan en el nacionalismo barato, que se enarbolan en la defensa del empleo, les cuento que esta política que aplicamos nosotros genera mayores salarios, mayores puestos de trabajo, menores precios, mayor consumo presente, mayor consumo futuro y menos corrupción.
Sin embargo, aun cuando pasara todo esto, tenemos que probar que lo que estamos haciendo es justo, porque ya dijimos que, por más que sea eficiente, por más que sea utilitaristamente positivo, en lo político hay que probar que es justo. Y la pregunta es muy simple. ¿Alguien está en contra de la libertad? ¿Alguien está a favor de robar? Por lo tanto, déjenme decirles que esta política además es justa. Porque cuando a ustedes le construyen una barrera para no poder comercializar, no les están permitiendo tener la libertad de hacer fruto de su trabajo. Por lo tanto, le están cercenando la libertad. Y como además lo hacen con el aparato coactivo del Estado para cobrarle algo cuatro veces más caro, además es un robo. Por lo tanto, nuestra política no solo es utilitarista porque favorece a la gran mayoría de los argentinos, no solo es eficiente, sino que además defendemos esta política porque es justa.
(Fuera de micrófono) ¡Viva! Por lo tanto, estamos en condiciones…, ya vimos que el sistema capitalista de libre empresa es justo, eficiente y es el que genera la mayor prosperidad dada la eficiencia dinámica. Además, le he demostrado con hechos lo que se está haciendo. Igual Argentina es un país muy especial porque ustedes van y dejan en evidencia el entramado corrupto y salen los periodistas corruptos a defender corruptos.
(Fuera de micrófono) Exactamente. Ese es uno de ellos. Pero es interesante esto porque, por ejemplo, otro empresario al que yo cuestiono es al señor Paolo Rocca. Es interesante porque mientras que los Kirchner lo insultaban, después terminaban pagando la tonelada de tubo de acero cuatro mil dólares cuando hoy valen mil cuatrocientos. Ellos sí hacían eso, nosotros no lo hicimos. Por ende, me estoy bancando toda la carnicería mediática, que responden a esos empresaurios, por luchar por el bienestar de los argentinos. Es decir, aquel que no negocia con la corrupción es atacado y perseguido por los propios corruptos corporativistas del sistema. Ya sea empresaurios, periodistas y políticos ladrones.
Por lo tanto, a modo de reflexiones finales, voy a decir: que a pesar de las críticas populares el capitalismo de libre empresa no socava los valores morales. Después de todo, el progreso económico abría el mecanismo de la mano invisible, surgió de los sentimientos morales de Adam Smith y la era moderna, debe su existencia, a las virtudes burguesas de McCloskey. A su vez, gracias al gran trabajo de Jesús Huerta de Soto en el desarrollo del concepto de eficiencia dinámica y la puesta en práctica en Argentina, les guste o no les guste a los libertarados, esto nos permite estar seguros que el dilema entre eficiencia y justicia es falso. Esto es, los mercados no solo son superiores desde lo productivo, sino que también son justos y que por ende la políticas públicas deben estar guiadas por la ética y no el utilitarismo político, ya sea económico o político porque siempre derivan en soluciones populistas y empobrecedoras. Por lo tanto, reafirmo lo que he dicho en Davos este año con respecto a Maquiavelo. Maquiavelo ha muerto, por lo tanto, es momento de enterrarlo.
Es más, dado el vínculo profundo entre la moral y los mercados libres, estos últimos nos hacen mejores personas, o sea, que gracias a los mercados dinámicamente y eficiente podemos, al mismo tiempo, progresar económicamente, defender la propiedad privada, mantener la paz, alcanzar la armonía social y fortalecer que aquellas virtudes sociales que son indispensables para una sociedad próspera.
Por último, quiero darles una reflexión… digamos, voy a pasar porque prefiero… (Fuera de micrófono) ¡Gracias! lo que quiero señalar es que hace tiempo Occidente, por alguna extraña razón, comenzó a darle la espalda a las ideas de la libertad y es por ello que en fue en mi exposición en Davos, en 2024, había afirmado que Occidente está en peligro, fruto de haber abrazado dosis creciente de socialismo en su versión más hipócrita que es el “Wokismo”. Creo que la conocen y conocen la dinámica de camino de servidumbre que los pone cada vez más violentos.
A su vez, en aquel foro, como dije antes, en el 2025 expliqué los parásitos mentales que sembró la izquierda en la humanidad. Sin embargo, y lo dije en Davos y lo repito ahora, 2026 es el año en el que les traigo buenas noticias. El mundo ha comenzado a despertar. La mejor prueba de eso es lo que está pasando en América con el renacer de las ideas de la libertad. Por lo tanto, América será el faro de luz que vuelva a encender a todo Occidente y, con eso, pagará su deuda civilizatoria con nuestra muestra de gratitud hacia sus bases en la filosofía griega, en el derecho romano, en la rectitud de los estoicos y los valores judeocristianos. Tenemos por delante un futuro mejor, pero ese mejor futuro existe solo si volvemos a las raíces de Occidente, solo volviendo a las ideas de la libertad.
Que Dios los bendiga a todos, que las fuerzas del cielo nos acompañen. ¡Viva la libertad, carajo! ¡Viva la libertad, carajo! ¡Viva la libertad, carajo! ¡Muchas gracias!