A 209 años del inicio del Cruce de los Andes, conmemoramos la hazaña que cambió el rumbo de la historia de América del Sur. Bajo el liderazgo del General José de San Martín, el Ejército de los Andes avanzó unido con un solo objetivo: la libertad.
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El 17 de enero de 1817 marcó el inicio de una de las gestas más trascendentes de la historia militar y política de América Latina: el Cruce de los Andes, liderado por el General José de San Martín. A 209 años de aquel acontecimiento, se conmemora una hazaña que no solo aseguró la independencia de gran parte de América del Sur, sino que también consolidó al Ejército Argentino como símbolo de valor, coraje, sacrificio y compromiso con la libertad.
Con una estrategia brillante y una planificación rigurosa, San Martín y el Ejército de los Andes sentaron las bases para la independencia de Argentina, Chile y Perú, inscribiéndose definitivamente en la historia como ejemplo de liderazgo, visión política y determinación.
Considerada una de las mayores proezas militares a nivel mundial, la expedición movilizó cerca de 4.000 soldados de combate, acompañados por unos 1.400 hombres destinados a tareas de apoyo como transporte, abastecimiento y sanidad. La logística incluyó además 10.000 mulas, 1.600 caballos, alimentos, armamento y municiones, cuidadosamente organizados para enfrentar las extremas condiciones de la cordillera.
La operación se estructuró en seis columnas que avanzaron por distintos pasos cordilleranos con el objetivo de dispersar y confundir al enemigo. Las principales cruzaron por los pasos de Los Patos y Uspallata. Esta estrategia resultó decisiva para el éxito de la campaña. Los días 9 y 10 de febrero, el ejército se reunió en Curimón, en el valle del Aconcagua, y desde allí avanzó hacia el valle central chileno. La sorpresa lograda por la maniobra permitió la victoria en la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, un triunfo fundamental que abrió el camino para la liberación de Santiago de Chile.
El éxito del Cruce de los Andes no se explicó únicamente por la precisión táctica y logística, sino también por la fortaleza moral de sus protagonistas. A pesar del frío extremo, la escasez y las dificultades del terreno, los soldados sostuvieron la convicción de luchar por una causa justa y compartida, reafirmando el carácter colectivo de la gesta.
A 209 años de aquella hazaña, el Cruce de los Andes continúa siendo una fuente de inspiración para generaciones enteras. Representa el valor del trabajo en equipo, la planificación estratégica y la firme convicción de que la libertad y la justicia pueden alcanzarse incluso en los escenarios más adversos. Conmemorar esta gesta es también rendir homenaje a la Patria y a quienes, con su valentía y sacrificio, forjaron una América libre y soberana.